Comentarios políticos de este fin de semana
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Martín Lousteau
«La Nación».
«Clarín».
En el mismo tono de Morales Solá, el columnista del monopolio aporta más reflexiones que abonan la hipótesis de la declinación del kirchnerismo (titula la entrega de ayer «La crisis, ¿ya terminó o empieza?»). Según Van der Kooy, la causa de la crisis es el envanecimiento de los Kirchner por la «rotunda victoria» de Cristina en las elecciones de octubre. Debería explicárselo a los Kirchner que creen -aunque no lo admiten en público- que fue claro pero rodeado de acechanzas hacia al futuro. Perdió las elecciones en Capital Federal y Córdoba, pasó raspando en Santa Fe y en Buenos Aires ganó Daniel Scioli destrozando al peronismo con la dispersión que significan las listas colectoras y las listas «espejo»; en Mendoza el kirchnerismo perdió frente al justicialismo no concertador. Con ese panorama nadie puede envanecerse si además Mauricio Macri se quedó con el gobierno porteño con 60% de los votos y Elisa Carrió triunfó en ese distrito en todas las categorías (además de presidente, diputado y senador nacional).
No es tan dramático como Morales Solá cuando dice que «no hay ahora derrumbes posibles porque Cristina, al margen del deterioro, conserva legitimidad y una dosis de expectativa», lo cual dicho así no debe ser muy consolador para un gobierno que se arrulló durante varios años en los mensajes cariñosos del monopolio.
Para colmo, el columnista la pone a Cristina de Kirchner en el rol de viuda de Martín Lousteau y su salida sería, desde este ángulo, una pérdida para la Presidente que lo quería por «la imagen de modernidad que transmite» (el ex ministro, se entiende). Con la salida del ministro quedarían dinamitados los proyectos de la Presidente de darle un aire distinto a su gestión respecto de la de su marido. Tampoco le vaticina algo mejor el analista al resto del gabinete, cuando dice que Alberto Fernández y la mitad de los ministros han ofrecido su renuncia para que haya una renovación de elencos que refresque al gobierno. Decir esto y llamarlo derrotados es lo mismo. Si fuera cierto, la Presidente debería despedirlos a todos por trabajar a desgano.
Lo mejor del panorama es el ingenio de una frase que remite el columnista a un funcionario cuyo nombre omite (debería hacerlo para darle un premio) y que dice que «Guillermo Moreno es para Kirchner como la morfina. Le calma los dolores pero no sirve para combatir la enfermedad», Se apenará sin embargo Moreno que cree tener, por lo menos, los efectos de la crotoxina, que según algunos curaba ciertas enfermedades.
GRONDONA, MARIANO.
«La Nación».
Con menos frenos que sus colegas, el profesor sanciona lisa y llanamente que estamos ante el final del modelo kirchnerista. Una pena, si fuera así, para quienes creyeron que 2008 significaría el comienzo del cambio dentro del cambio (o algo así).
Según Grondona, Néstor Kirchner fue bueno hasta que se le fue Roberto Lavagna. Hasta ese momento parecía aprovechar acertadamente el rebote de salida de la crisis -omite el profesor un juicio sobre el canje de la deuda que hicieron el ex presidente y su ex ministro que, por ahora, parece un negocio ruinoso para el país.
Desde ese momento desencadenó lo que el propio Lavagna llamó «capitalismo de amigos» y separó el universo político entre réprobos y elegidos. Como si se dejase llevar por una patología política, el ex presidente se encastilló en la caja enriquecida por las retenciones y se dedicaría a juntar gobernadores adictos que reforzasen su poder. Eso le hizo olvidar, cree Grondona, el alerta sobre problemas como la inflación, de la cual se daría cuenta ya tarde.
Esta etapa final del kirchnerismo, dice Grondona, es la del asalto a los medios para que no cuenten lo que pasa de malo en la Argentina. Esta maniobra de ocultamiento sólo alimenta en el público la incredulidad: «Este, el más oscuro de todos, es el tercer callejón», remata el profesor.




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