18 de julio 2005 - 00:00

Comentarios políticos

(Categorización: Imprescindible, Bueno, Regular, Prescindible)

Néstor Kirchner y Eduardo Duhalde
Néstor Kirchner y Eduardo Duhalde
Son más extensos que profundos los de este fin de semana, lamentablemente algo bastante habitual, pero perdido en los textos densos Horacio Verbitsky adelanta que el gobierno buscará aclarar el más grande desfalco de la historia del país, el de la provincia de Buenos Aires y su banco en los '90. Grondona enseña que desde hace 400 años se sabe que el herederopolítico lo normal es que se rebele contra el padrino que le dio el Poder. Hay fuerte defensa de Roberto Lavagna e impiadosos subalternismos hacia el gobierno. Poco lo bueno para tener que leer tanto pero se lo acotamos con opinión.

VERBITSKY, HORACIO.
«Página/12».

Bueno. Raro que este panegirista exacerbado del gobierno actual llegue a tan alta calificación de 4 dedos en el análisis de comentarios del fin de semana. El de este domingo no abandona esa característica propia del que logró bienestar económico inesperado y goza del poder de decidir sobre cargos, bienes y personas dentro del kirchnerismo. Pero incluye una verdad hasta ahora casi virgen en un periodismo muchas veces infantilmente simple (o comprado): le adjudica a Eduardo Duhalde (como también lo dijo el Presidente la semana pasada) «conductas que llevaron al país a la postración y el colapso económico, institucional y político».

Verbitsky lo hace para atacar al rival bonaerense justicialista que amenaza hoy a Kirchner y, por tanto, a su propio bienestar, sin duda. Pero usa una verdad casi oculta en la Argentina -aunque siempre la denunció este diario-: al provocar un déficit en 2001 de 4.100 millones de dólares en la provincia de Buenos Aires ( sumando al dispendio por gobernar pésimamente un decreto de traspaso al déficit de la gobernación la deuda incobrable en el Banco Provincia que también había generado por demagogia y negociados) Eduardo Duhalde es el principal culpable histórico -no Fernando de la Rúa ni Domingo Cavallo- del estallido financiero del país en diciembre de ese año. Tremendo déficit en una sola provincia (casi la mitad del déficit de las 24 restantes que, además, no tenían « fondo de reparación histórica» de 2 millones de dólares de libre uso por día) más fuertes vencimientos de préstamos externos, sobre todo al Fondo, hizo que los tenedores de montos financieros, grandes empresas y pequeños ahorristas, imaginaran lo obvio: que serían sacrificados con «empréstitos patrióticos», «ahorros forzosos», impuestos aun más elevados o pesificados sus dólares como en 1964. Y comenzaron a sacar fondos al exterior o a sus colchones en 2001. Los bancos se licuaban y el banquero Manuel Sacerdote le pidió al ministro Domingo Cavallo la inmovilización de los depósitos o quebraban.

Así vino el «corralito», el golpe contra el gobierno electo, luego la devaluación, el «corralón» y el derrumbe brutal de la Argentina. En 1997 Chiche Duhalde perdió en «su» provincia ante alguien poco relevante como Graciela Fernández Meijide. Los Duhalde entendieron que sin plata, o sea sin «cajas», no podrían mantener vigencia en la política porque carecían de carisma, por un lado, y de planes de gobierno que atrajeran, por otro. Fue el principal motivo lejos del derrumbe aunque, para desgracia del país, se sumó otro político que sí tenía carisma pero luchaba contra paredones de constitucionalidad, Carlos Menem que también terminó duplicando el gasto público para su reelección.

Este proceso lo enfocó bien Verbitsky e incluyepárrafos insólitos en periodismo como éstos: «El Poder Ejecutivo (Kirchner) tiene indicios suficientes de que el duhaldismo desencadenó la estampida del último trimestre de 2001 para acabar con el gobierno de la Alianza (de la Rúa) ante la amenazante acumulación de evidencias sobre el manejo de redescuentos recibidos del Banco Central. Profundizar las investigaciones aun cuando comprometa al gobernador (Felipe Solá) y a algunos intendentes pasados de campo (parte de los 61 hoy kirchneristas) es una de las asignaturas pendientes para la segunda mitad del mandato de Kirchner. Un primer paso será el relevo como superintendente de Entidades Financieras del Banco Central de la rama negocios de Jorge Levy por el patagónico Waldo José María Farías que se producirá en plena campaña electoral al concluir el mandato del contador duhaldista».

Cualquier lector sabe que Horacio Verbitsky cae continuamente en escritos desvariantes, como sería inevitable en cualquiera que tenga que perseguir militares para cobrar fondos de fundaciones norteamericanas ingenuas que mantienen hoy las obsesiones de hace 40 años con los uniformados latinoamericanos que entrenaban para dictadores en Panamá; también debe irse al otro lado y hacer izquierdismo interno para reivindicarse de las traiciones que cometió en los años '70; súmele eso a hacer falsificar hace meses la firma de Estela de Carlotto para cobrar fondos bonaerenses; aprovecharse de Kirchner para designarle ayudantes suyos para que pague el Estado; vigilar la Justicia porque es su área de responsabilidad.

Pero lo que esta vez escribió, por el fin que sea, es importante y coherente. Traduzcamos su párrafo: 1) Es lógico que el gobierno tenga « indicios suficientes» de las malversaciones de caudales públicos de Duhalde y también cuando lo hizo con el restante culpable el ex gobernador Carlos Ruckauf a quien designó a dedo.

Esos antecedentes están políticamente adormecidos por lo menos en 3 juzgados de la provincia de Buenos Aires. Verbitsky, que maneja hoy la Justicia, los obtiene con un llamado telefónico. 2) Aunque lo incluya a Felipe Solá no es éste culpable sino heredero del gran desfalco bonaerense. Lo recibió de Duhalde y Ruckauf, lo padeció y padece hasta ahora. Lo que sucede es que Verbitsky tiene otros traumas: odia a Solá (lo llama «Felipe Solo») se supone porque no le deja manejar fondos públicos sin rendir cuentas en una « comisión de la memoria» de donde se abastece Verbitsky y donde fue denunciado por falsificar firmas. También es desvariante su odio al cardenal primado de la Argentina Jorge Bergoglio (ayer hasta le inventa haber ayudado al golpe civil de Eduardo Duhalde y radicales clientistas contra De la Rúa en ese 2001). 3) Difícil decir sí o no a que Duhalde acabó, como dice Verbitsky, con el gobierno De la Rúa para tapar los redescuentos del Banco Central para salvar al Banco Provincia quebrado por los préstamos obligados políticamente por el duhaldismo. Es bueno que Verbitsky sepa que con redescuentos Duhalde se salvó. Pedro Pou, cuando presidía el Banco Central, inclusive con De la Rúa intimó al Banco Provincia por el desastre y lo obligó a encuadrarse en un inicio de recuperación. Cesaron los préstamos a los empresarios amigos de Duhalde y Ruckauf y se traspasó el terrible quebranto bancario a responsabilidad de la provincia.

El «golpe civil» que el 20 de diciembre volteó a De la Rúa se basó en no contener a los activistas pagos de los intendentes bonaerenses, la suma de la izquierda al ver que había «piedra libre» y en frenar a la Policía permitiendo los saqueos. Duhalde quería la Casa Rosada tras comprobar en 1999 que nunca la ganaría por urnas limpias. Podría ser como dice Verbitsky -aunque sería de rango menor- el motivo del golpe el tapar su juzgamiento por desfalco grave en provincia y banco. Si es cierto que evitar ese juzgamiento, junto a recuperar alguna «caja» y supervivencia en la política sin carisma (en definitiva tampoco ninguno de los Kirchner lo tiene, debe pensar el bonaerense) son los reales motivos de su enfrentamiento al kirchnerismo. 4) Por eso la cuarta afirmación del columnista de «Página/12» sería muy importante en un país realmente en serio. Dice que juzgar el desfalco bonaerense de Duhalde-Ruckauf es «una asignatura pendiente para la segunda mitad del período» del actual presidente de la Nación. Seamos sinceros al interpretar a este columnista: será «pendiente» y posiblemente ejecutada la amenaza en la medida en que cualquiera sea el número de cargos legislativos que logre el duhaldismo bonaerense no los ponga luego al servicio incondicional del gobierno. También seamos sinceros en esto: Duhalde si logra una elección en octubre regular o aun mediocre en cantidad de cargos, nadie duda de que los pondrá al servicio de Kirchner si le satisfacen sus aspiraciones actuales de inmunidad judicial en lo personal, no archivarlo sino dejarle alguna vigencia política y alguna pequeña «caja» para sustentar esa vigencia. Esto es así porque no vayamos a creer que la próxima elección -más en las condiciones de «voto pago fácil» desde el gobierno en que se va a realizar- va a normalizar moralmente el país. Verbitsky lo que hizo ayer, entonces, fue lastimar a Duhalde para quedar bien con Kirchner en el actual proselitismo y para eso usó hechos semiocultos pero reales y esto es lo importante.

MORALES SOLA, JOAQUIN.
«La Nación».

Regular.
Dedica su columna dominical a su habitual defensa de Roberto Lavagna, algo que no está mal porque el ministro agregó embestidas nuevas, por ejemplo del unicato que domina la CGT desde el martes en la persona del alarmante sindicalista Hugo Moyano. Estamos proyectados a más de 11% de inflación anual y Moyano sigue defendiendo aumentos salariales totalmente desorbitados como dijo el titular de la UIA, Héctor Méndez. Claro, si el gobierno reparte a manos llenas dineros con subsidios para las elecciones los sindicalistas tipo Moyano se sienten respaldados para desquiciar el país.

Morales Solá arremetió en defensa de Lavagna con inusitada dureza contra el secretario de Comunicaciones, Guillermo Moreno, a quien adjudica ser «un subalterno con módico talento» e ironiza con que no hay relación entre «comunicaciones y agua». Claro, Moreno responde al ministro Julio De Vido, de Planeamiento, enemigo de Lavagna, y habló con los franceses en el tema Aguas Argentinas (con el tan poco feliz resultado para Moreno que los franceses se van y sobrevendría algo terrible como que el manejo empresario pasara a un sector gremial cercano a Moyano).

Morales Solá interpreta a Lavagna pero no a todo Lavagna. Entre irse o no irse el actual titular de Economía sabe que ahora tiene que afrontar el riesgo inflacionario por los desbordes del gobierno y se hace odiar por gremialistas demagogos. Pero después de los comicios de octubre también tendrá que hacerse odiar porque Kirchner le derivará la necesidad de volver a madre todo el actual desvío económico (o sea sacar los tapones de las tarifas, de los precios, pagarles a los no ingresados al canje, acordar seriedad administrativa con el Fondo Monetario o desperdiciar dinero del Estado pagándole anticipado, limitar subsidios y traspasos a provincias). Implicará ajuste y protestas serias de sindicalistas agrandados hoy por el gobierno. Por eso la nota de Morales Solá trasluce un deseo de Lavagna de permanecer en el gobierno pero sin tanta trinchera, por caso como canciller.

GRONDONA, MARIANO.
«La Nación».

Prescindible.
En su columna tiene una acotación fundamental y muy útil para periodistas argentinos que tienen poca cultura y una profundidad de análisis que no va más allá de los dedos a la muñeca. Dice ayer: « Según Maquiavelo la primera tarea del príncipe nuevo es quitarle todo el poder a quien lo puso en el poder». Es una lección para quienes desde la prensa -sobre todo desde el alarmante bajo nivel de «programas políticos» de nuestra televisión- se rasgan las vestiduras porque Kirchner y Duhalde se peleen y no entienden en qué se diferencian. Hace 400 años Maquiavelo lo explicó. Eso es cultura. Aparte hay que saber razonar. El Príncipe de Maquiavelo no enfrentaba elecciones cada dos años. El periodismo «progre» sabe que Kirchner es de izquierda con antecedentes en Marx y Duhalde es populismo con antecedentes en Mussolini. Por eso piensan que son injuntables, por lo menos en un país serio. Pero los «progre» aquí también saben que son muy pocos y necesitan disimularse en otras variantes, para las cuales el duhaldismo ideológicamente vació y sólo basado en « cajas» no les viene mal.

Fuera de eso Grondona homenajea el esforzado documento de la AMIA que reunió 85 firmas diseminadas en la sociedad por igual número de muertos de esa barbarie que hoy cumple 11 años sin esclarecerse. Tiene dos acotaciones discutibles el columnista sobre este documento. No hay políticos ni funcionarios entre las firmas recolectadas porque, precisamente, el reclamo va inteligentemente dirigido a quienes son legisladores o funcionarios. Por otro lado, no hay tanta integración de «derechas a izquierdas» entre las 85 firmas como dice Grondona. No están conocidos «progres» que han justificado los ataques terroristas a las Torres Gemelas, los trenes de Madrid y ahora los subtes de Londres.

VAN DER KOOY, EDUARDO.
«Clarín».

Prescindible.
Pobrísima columna dominical de un columnista otrora destacado que, cobijado en un medio oficialista por intereses, como «Clarín», debe disfrazar hechos permanentemente a favor del gobierno. Más en esta época preelectoral. Van der Kooy piensa que los que saben y analizan en profundidad no leen «Clarín», algo mayoritariamente cierto. Pero resulta que los otros no leen columnas políticas.

Dice que «los mayores logros del gobierno son económicos». Los que analizan saben que no hay Plan y sí un fabuloso reparto de subsidios por una excepcional circunstancia externa para el país que, si hubiera sobrevenido antes, todavía Fernando de la Rúa quizá estaría gobernando con reelección. Limita la oposición de Duhalde al «estilo confrontativo» de Kirchner cuando lo que más le interesa es que el actual presidente no lo mande al ostracismo político que pronosticó

Maquiavelo (ver Grondona) con el riesgo, además, de ir preso por haber desfaulteado la provincia de Buenos Aires y su banco (ver Verbitsky). Admira que Kirchner puede ingresar en la provincia de Buenos Aires «como nunca pudo hacerlo Menem». Al riojano no le interesaba hacerlo porque Duhalde no era su padrino sino al revés. Tenía sector externo favorable a su modo (vendiendo deficitarias empresas públicas) y gobernaba con carisma propio que le permitía ir a actos populares en cualquier lugar sin tener que enviar a la hermana previamente con dinero para anunciar obras que convoquen agradecidos. Además Menem tenía inflación anual negativa y lo afectaba menos la subsistencia de un Duhalde dadivoso. Por tanto error grueso, casi elemental de comparación. Compra eso de que «Kirchner aboga por nuevas formas en la política». ¿Acaso suprimió las «listas sábana» para mejorar la representatividad legislativa? ¿Democratizó los partidos obligando a elecciones internas abiertas acorde a la ley vigente? ¿Redujo el déficit del Estado o lo disimuló, aprovechando el caudaloso ingreso de divisas desde que el mundo cambió, durante su mandato, al llegar 400 millones de chinos al alto consumo de alimentos (los 900 restantes siguen en extrema pobreza)?

Lo único rescatable de la columna de Van der Kooy es esto: se hace eco de lo que muchos comentan sobre que si logran apropiarse de los dos senadores por la mayoría de la provincia de Buenos Aires y el de la minoría luego Duhalde y Kirchner arreglan diferencias. Duhalde desde ya porque su única mira es la supervivencia.

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