5 de octubre 2005 - 00:00

Como Lula, Vázquez descubre ahora virtudes de Duhalde

Tabaré Vázquez, peleado con Kirchner por las papeleras delrío Uruguay, visitó a Duhalde en Montevideo y elogió su gestiónen el Mercosur. El brasileño Lula ya había metido cizañael viernes pasado.
Tabaré Vázquez, peleado con Kirchner por las papeleras del río Uruguay, visitó a Duhalde en Montevideo y elogió su gestión en el Mercosur. El brasileño Lula ya había metido cizaña el viernes pasado.
Será inevitable, de nuevo, que cada halago que Eduardo Duhalde reciba en la región, en su despedida como secretario del Mercosur, sea interpretado como un pasable desaire a Néstor Kirchner. A tal punto llegó la enemistad entre ambos y, también, el provincianismo de quienes piensan que todo lo que sucede en el planeta se debe a la interna bonaerense.

Como Luiz Inácio Lula da Silva el viernes pasado, el presidente del Uruguay, Tabaré Vázquez, elogió ayer al caudillo de Lomas de Zamora, a quien visitó en la sede del Mercosur de Montevideo. Duhalde fue el encargado de definir el encuentro, circunscripto según él a las formalidades de la diplomacia. ¿También estuvo motivado en el entredicho que Vázquez tiene con Kirchner por la instalación de papeleras cerca de Fray Bentos, que el gobierno argentino quiso boicotear de manera expresa? El ex presidente fue enfático para decir que de ese tema no se habló. Pero en Montevideo más de un acompañante de Vázquez quiso ver en la visita a Duhalde una jugada en el tablero de ese conflicto. Del mismo modo que en la invitación especial que le cursó Lula al bonaerense para la Cumbre Sudamericana de Brasilia se quiso ver la venganza por tantos desaires de Kirchner al líder del PT.

El duhaldismo utilizará estos obsequios internacionales como los insumos de su campaña en los próximos días, en los que el propio Eduardo Duhalde pretende aparecer un poco más. Nada de actos multitudinarios ni presentaciones callejeras: apenas una declaración en alguna radio o medio escrito, para definir los límites de su sector antes del 23 de octubre.

Su esposa, la candidata a senadora, dejará por su parte la tribuna para recluirse en reportajes y manifestaciones más controladas. Sucede que Chiche Duhalde produjo el fin de semana pasado una definición que parecía imaginada a pedido de Ricardo López Murphy. El candidato de PRO, enredado en «quilombos» y en detectar quién se la puso a quién, apenas aprovechó este regalo de su contrincante. La señora de Duhalde dijo que «si Kirchner hace las cosas bien yo lo apoyaré para la reelección».

Si alguien quiere sustentar la tesis según la cual el peronismo se divide por razones episódicas para soldarse después con el pegamento del poder, la declaración de Chiche no podría ser más oportuna. ¿También sincera? Si se desentraña la reacción de su esposo al conocer los dichos, habría que pensar que no: Duhalde cree que lo de su esposa fue un error y por eso ahora prefiere que no se exponga en tribunas sin red y, en cambio, vaya a los programas de cable, mucho más seguros. Eso sí, sin conceder reportajes de larga duración, en los que es más fácil percibir cierta inconsistencia argumental de la ex primera dama.

• Aforismo

Juan Carlos Mazzón, pragmático como siempre, acuñó el aforismo según el cual «para un peronista hay siempre algo peor que la traición: el llano». La frase de Chiche sería un síntoma de esa forma de entender el mundo. Sin embargo, para ocultar la tendencia natural a plegarse al poder de turno que gobierna a los herederos de Juan Perón, Duhalde necesitará algo más que reprimir verbalmente a su esposa. En plena campaña, envuelto el duhaldismo en la sospecha de llevar adelante una guerra falsa, no sólo la principal candidata del sector habló a favor de la reelección de Kirchner. Otros encumbrados amigos de su esposo se pasearon por despachos oficiales para negociar un proyecto conjunto con el gobierno, el de suspensión de ejecuciones a los deudores hipotecarios.

En efecto, entre el lunes y martes de la semana pasada, el secretario de Coordinación del Ministerio de Economía,
Leonardo Madcur, presidió una serie de reuniones de las que participaron el jefe de economistas de la Jefatura de Gabinete, Juan Carlos Pessoa, el «cuarteto imperial» compuesto por Jorge Argüello, Osvaldo Nemirovsci, Juan Urtubey y Carlos Caserio y un grupo de diputados duhaldistas encabezados por Rodolfo Frigeri y Graciela Camaño. Es obvio, estas tratativas se llevaron adelante después de los contactos entre Roberto Lavagna y Eduardo Camaño, el presidente de la Cámara y principal operador parlamentario del Ministerio de Economía.

Es lógico que la conducta de Camaño haya desatado una ola de disconformidad en el duhaldismo ortodoxo, que se expuso a la befa de López Murphy y también de
Luis Brandoni, otro que se burla de la incontinencia peronista para pactar cuando hay poder de por medio. Por eso el presidente de la Cámara anoche encontraba menos eco que la semana pasada para que haya una sesión de Diputados.

En el otro frente, el del gobierno,
el propio Kirchner fue quien más se indignó por ver a sus gerentes políticos y económicos discutir con el duhaldismo como si todos fueran parte del mismo equipo, cuando a los bonaerenses se les reclama el voto para «terminar con la mafia». Habrá que esperar al 24 de octubre para descubrir si estas aproximaciones y gentilezas fueron errores de campaña o atisbos de lo que ocurrirá con los peronistas bonaerenses una vez que termine la guerra, con el escrutinio de los comicios ya concluido.

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