Compensa Kirchner a Macri y le traspasa la Policía y los fondos
Entre Néstor Kirchner y algunos de sus contradictores -Mauricio Macri, por ejemplo-hay menos inquina de la que se muestra hacia afuera, o de la que creen algunos de los entornistas de ambos. Lo prueba la negociación que navega sin luces hacia la firma final de un traspaso de la Policía Federal a la Ciudad de Buenos Aires con eso que se le ha negado a Macri hasta ahora: los fondos para que funcione. La Nación le cedería por un año los dineros para que asuma el control de la Superintendencia de Seguridad Metropolitana, una fuerza de 17 mil hombres. En ese año se discutirá si el dinero es de la Capital o no, o cómo la Nación se lo compensará con modificaciones a la Ley de Coparticipación (la Ciudad aporta 24% de la masa fiscal y recibe sólo 1,4%). Los gerentes del acuerdo son Aníbal Fernández y el futuro ministro de Seguridad y Justicia porteño, el ex juez Guillermo Montenegro, quien antes falló por el envío de una causa por enriquecimiento de Néstor Kirchner a Río Gallegos, donde se archivó. También, al renunciar al cargo para irse con Macri, dejó sin juez la caliente causa Skanska, que le costó ya dos funcionarios al gobierno que termina.
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Mauricio Macri
podrá ejercer
el mando sobre
los 17 mil
policías
destinados por
la Federal en la
Ciudad de
Buenos Aires
si prospera el
acuerdo
negociado por
su futuro
ministro
Guillermo
Montenegro y
el titular de
Interior Aníbal
Fernández. Le
darán plata por
un año.
La firma de este convenio le permitirá al gobierno nacional hacer un gesto de acercamiento a Macri, quien prospera en la opinión pública de la Capital Federal cuando se queja de la intransigencia kirchnerista en acceder al pedido. Esos reclamos sin respuesta no ayudan a la imagen del gobierno que viene, que busca mostrar un rostro menos áspero ante el público que no lo votó mayoritariamente.
El argumento de Macri es que no se puede gobernar sin la Policía, que la estrategia contra el delito está equivocada y que los costos los terminará pagando él como gobernante electo. Si no le dan la Policía, argumenta, el gobierno nacional atenta contra la gobernabilidad en el distrito.
Los argumentos del gobierno Kirchner, expresados por los presidentes Néstor y Cristina, son que el dinero para pagar la Policía Federal lo aportan las provincias y si se lo dan a Macri, tendrían derecho a reclamar que les pague su Policía. Desde el macrismo responden que los gastos de la Federal surgen de la asignación primaria de fondos de coparticipación a la Nación y no les restarían nada a las provincias si se los afectase a Capital.
En la decisión del gobierno pesó también la idea de que no es sostenible que se vuelquen subsidios a tarifas de servicios públicos y de transportes de manera concentrada sobre la Capital Federal y el Gran Buenos Aires por varios miles de millones de pesos al año y que se le niegue el pago de la Policía en medio de una ola imparable de inseguridad. Que Macri tuviera la Policía, entienden en Casa de Gobierno, liberaría a la administración nacional del costo político de las quejas por inseguridad. Macri se compraría un problema que no tiene. Del lado de macrismo -en donde tampoco hay criterio unánime sobre que deba asumir la seguridad- responden que al final siempre el intendente termina pagando en votos los costos de estas responsabilidades ajenas.
Este traspaso con dinero para un año le da algo más sentido al ministerio de Montenegro, que junta Justicia, Seguridad y Emergencias, pero que no tiene Policía, no tiene más que una Justicia de menor cuantía y encima no maneja el poderosísimo sector de control comunal y habilitaciones. Macri se lo sacó para dárselo a una agencia descentralizada que manejará Federico Young.
Y están además los intangibles que se manejan cuando se habla de Policía y que no figuran en ningún acuerdo. Primero, el rubro de las infracciones de tránsito que cobra la ciudad con el auxilio de la Policía y que genera fondos millonarios que se coparticipan sin discusiones entre Nación y Capital. Ni qué decir de otros intangibles e inconfesables que acompañan a la noble tarea de vigilar al prójimo pero que hacen girar la rueda, aquí y en todos lados, que deberán ser también materia de acuerdo para que nadie se quede afuera.




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