Otra vez, para justificar quizá su presencia al frente del Ejército, el general Roberto Bendini ayer pidió perdón por lo que hizo su fuerza -y, tal vez, él mismoen la desgraciada década del 70. Siguió el modelo que en su momento ya expresó Martín Balza y que los militares como el actual jefe reiteran todos los años sin saberse aún cuando cerrarán con esa repetición. Quedó bien con Néstor Kirchner, su jefe militar, insistiendo con autocríticas sobre el pasado y, como no había cuadros para descolgar, también aludió a otros temas que nadie sabe si le incumben. Fue en el aniversario de Granaderos, anticipando quizás otras decisiones que podría tomar el Presidente la semana próxima, como el traslado de militares detenidos a cárceles presuntamente más comunes o participar en ceremonias para arrancar placas en las unidades militares que tengan referencias a los jefes castrenses de aquella cuestionada década. ¿ También quitarán los homenajes de bronce a quienes fueron víctimas del terrorismo?
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Nadie podía confirmar o desmentir esta versión en Granaderos -acto al que no asistió el Presidente-, el cuerpo que lo acompaña y protege, pero que tuvo otras palabras poco frecuentes en un jefe militar. Por ejemplo, no sólo se refirió a sus colegas y jefes del pasado, también -para denunciar a la década- se expresó contra el modelo económico de entonces, casi como si fuera un científico de Economía. No parecía el lugar más apropiado, un tanto pretenciosa su mención, sobre todo porque nadie imagina a un general (Colin Powell, por caso) criticando la política económica de Bill Clinton. Hay que admitirle a Bendini que es un precursor en esta materia.
Pero lo que más sorprendió, sin embargo, fue otra incursión de Bendini: comprometió su jefatura y, por lo tanto, a la fuerza, en el respaldo al actual gobierno, como si ésta fuera la misión o responsabilidad del cuerpo que preside. Más bien podría decirse que confunde valores de la República y la democracia. Pero, justo también es decir que en esto no innova: ya en el pasado hubo cuestionamientos y confrontaciones en el propio Ejército por aquellos militares que pretendían defender a un gobierno, como si fuera el sistema, y otros que se pronunciaban por un profesionalismo neutro. Su mensaje oficialista, política y partidariamente, quizá no refleje la mejor posición en un esquema republicano. Sobre todo cuando involucra al Ejército integralmente, una fuerza en la que -como se sabe- al resto de los oficiales se les prohíbe hablar de esos temas. Y, si lo hacen, van presos.
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