Comunistas acusados de clericalismo
El poder que tiene el Presidente para complicar lo que toca les llega a todos; hasta al trotskismo, que denuncia ahora que el debate clerical ha golpeado en el corazón de la izquierda criolla que busca alguna forma de unidad para las próximas elecciones. En un ocurrente escrito, el número uno del Partido Obrero, Jorge Altamira, denuncia que el antiguo Partido Comunista y el PCR intentan admitir en sus filas a candidatos como Mario Cafiero -que pasó del PJ duhaldista al ARI y siguió de largo hasta que alguien lo frene-, identificados con el clericalismo argentino. Altamira, en la nota que reproducimos del periódico partidario «Prensa Obrera», denuncia a sus primos del comunismo de ponerse a la derecha de Duhalde con sus críticas antiabortistas. De paso, Altamira señala el entrismo de grupos clericales en las empresas recuperadas en la misma línea en que el Vaticano trabajó por la destrucción del campo socialista. Veamos esos argumentos.
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Debería ser claro para cualquiera que no estamos ante problemas que pudieran encarpetarse como asuntos reservados a la conciencia personal, pues son objeto de debate y enfrentamiento en el plano político. El tema de si la procreación debe ser una cuestión reservada a la decisión de la mujer o si debe caer bajo la calificación del Código Penal es, por una parte, una cuestión política central y, por la otra, una cuestión social aún más fundamental.
La cuestión clerical tampoco se limita a la cuestión de la mujer. La privatización de la educación ha marchado a pasos acelerados y, dentro de ella, el control de la Iglesia. Sólo por esta razón es válido caracterizar que el clero cogobierna en la Argentina; una educación clerical significa, a término, un Estado clerical, o sea, moldeado por el código canónico, las encíclicas y los obispos.
¡El aparato de la Pastoral Social ha pasado a copar en forma creciente las empresas recuperadas! Si prospera el frente que se está incubando, los izquierdistas que lo impulsan deberán entregar, programáticamente, algo más que el derecho a usar preservativos.
Es decir, que la cuestión del derecho al aborto plantea la cuestión clerical. Precisamente, el concordato que faculta al Vaticano a designar los capellanes militares demuestra, simultáneamente, que el Estado argentino es clerical y que para ello ha renunciado parcialmente a la soberanía política. Es un escándalo que se niegue la cuestión clerical en la izquierda luego de lo ocurrido con las exposiciones de León Ferrari en Córdoba o luego de la reivindicación de los métodos de la dictadura por parte de Baseotto y de su defensa por el Vaticano. Está en carpeta el juicio político a Boggiano, quien goza del apoyo personal del nuevo Papa.
• Desatino
No es cierto que el planteo anticlerical se encuentre perimido ni, peor, que juegue un papel distraccionista con relación a otros, supuestamente más importantes en las prioridades, como la lucha contra el imperialismo, por la independencia nacional o el no pago de la deuda externa. Sostener esto luego del papel jugado por la Iglesia en la restauración del capitalismo en la ex Unión Soviética y sus naciones satélite es sencillamente un desatino. El cardenal Sodano, como nuncio de Juan Pablo II en Chile, fue un sostenedor de Pinochet, en tanto que en la Argentina la Iglesia fue pilar de la dictadura.
Es naturalmente necesario distinguir la cuestión clerical de la religiosa y al clero opresor del clero oprimido. Defendemos, por eso, a los clérigos musulmanes que luchan contra las tropas yanquis en Irak, o a los jeques palestinos que luchan por poner fin a la dominación sionista, o a los curas católicos que luchan por una Irlanda republicana unida e independiente. Pero no lo hacemos, ni siquiera en estos casos, con indiferencia o neutralidad hacia el clericalismo. En la Argentina, la lucha por la separación de la Iglesia del Estado, por una educación estatal única, laica y anticonfesional bajo la dirección de los trabajadores; por la gratuidad de la salud pública, incluida la atención del aborto, forma parte de la lucha por la democracia y la independencia nacional.




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