6 de mayo 2002 - 00:00

Con Camaño, Duhalde lanza la guerra contra los gremios

La discusión entre el gobierno y el sindicalismo acerca de la política salarial es sólo la superficie prolija de un conflicto más convulsionado. La llegada de Graciela Camaño al Ministerio de Trabajo no supone que Eduardo Duhalde haya sellado un acuerdo con la CGT oficialista y menos aún con la disidente, de Hugo Moyano. Pero tampoco implica que en el campo sindical los alineamientos serán los mismos de antes: en los próximos 15 días se advertirán operaciones de todo tipo tendientes a darle a Duhalde un oficialismo sindical del que siempre careció. Del éxito de este trámite depende que se lance o no una carrera de precios y salarios que acelere el estallido inflacionario. El Presidente trata de despistar a su entorno, al que por lo visto subestima intelectualmente: «¿No vieron cómo 'la Negra' salió a cruzarlo a Barrionuevo? Ellos no son lo mismo», les dijo a sus íntimos el sábado a la noche, en Olivos, mientras jugaban al póquer.

Sin embargo, la construcción de ese frente sindical oficialista es la principal tarea de Camaño.

Los sindicalistas tardaron poco en hacerle notar a Duhalde que con el pase de los Barrionuevo al gobierno no había comprado llave en mano la paz obrera. El primero en hacerlo fue Hugo Moyano, al declarar la huelga de su central sindical para el 14 de mayo a partir de las 12. El camionero no actuó aislado: los estimularon desde la CGT oficialista, donde Armando Cavalieri puso el grito en el cielo por el ascenso de Camaño. Las relaciones de Cavalieri con Luis Barrionuevo son pésimas desde que entre mercantiles y gastronómicos se disputaron, con éxito para estos últimos, el encuadre laboral de los viajantes.

El viernes, en la sede de los empleados de comercio, los «gordos» almorzaron antes de ir a la jura de los nuevos ministros. Allí aparecieron las primeras chispas: «Tenemos que estar juntos, ser responsables, porque ahora que está Graciela estamos nosotros en el gobierno». No fue Barrionuevo el que sostuvo este argumento. Fue Cavalieri. El esposo de la ministra contestó: «Armando, no te hagás el gracioso. Yo sé lo que pensás y el terrorismo que estás haciendo. Siempre di las peleas solo y esta vez va a ser igual. Eso sí, yo sé dónde le aprieta el zapato a cada uno de ustedes». Hubo tensión en el aire, que se alivió cuando le cruzaron a Barrionuevo un par de bromas, que él festejó y continuó: «¿Vieron? Hace una semana decía que Duhalde era Pinochet en el día del amigo, pero ahora que designó a 'la Negra' soy recontralcahuete de él». Cuando se marchó, los demás sindicalistas intentaron ir hacia la Casa Rosada. Tuvieron suerte: no había forma de entrar sin conflicto con los caceroleros que protestaban en la puerta y eso les dio la excusa justa para hacer lo que querían, es decir, no aparecer por el Salón Blanco para demostrarle a Duhalde que con Camaño no acercará a toda la CGT. Para esas horas, Cavalieri intentaba convencer a Daer y a Carlos West Ocampo para que los gremios se pronuncien a favor de la elección anticipada.

•Peleas

Todas las peleas están planteadas ya en el tablero. La primera será la que Moyano abrió frente a la nueva ministra. Pidió el aumento de salarios y tanto Camaño como Alfredo Atanasof, el nuevo jefe de Gabinete, le contestaron con el mismo razonamiento, sorprendentemente liberal: «El Estado no debe intervenir en la fijación de los salarios porque para eso están las paritarias en cada sector de la actividad económica». El verdadero conflicto, sin embargo, aparecerá hoy, cuando la ministra negocie con Moyano la incorporación de su sector al oficialismo (tal vez con la designación de algún técnico). Si no se produjera la conciliación, es posible que «se pase a los hechos». Nadie sabe todavía si la nueva ministra adoptará la estrategia que utilizó su esposo cuando debió ofrecerle a Carlos Menem, en 1989, un arco sindical oficialista. En aquel entonces, Barrionuevo no se sirvió de la política laboral sino de la sanitaria: tomó el control de los subsidios a las obras sociales y disciplinó desde allí a los gremios, que se fueron volcando rápidamente hacia el menemismo. ¿Hará lo mismo Duhalde a través de Camaño, otorgándole el control indirecto de la Superintendencia de Salud?

Esta pregunta todavía no se la hizo Moyano pero sí Omar Viviani (taxistas), José Rodríguez (SMATA, con enormes problemas en la administración hospitalaria, que involucra inclusive a personas de su familia), Jorge «Momo» Benegas, etcétera. Todos ellos dependen del buen trato del superintendente. ¿Estarían dispuestos a dejar a Moyano e ir con Duhalde a cambio de conseguirlo? Tal vez el Presidente se anime a hacer la prueba.

La estrategia podría extenderse después a los «gordos». Allí Barrionuevo tiene algunos dirigentes afines: West Ocampo, Oscar Lescano, Juan José Zanola. Pero el rigor podría hacerse sentir sobre Cavalieri, complicado hoy extraordinariamente en su sindicato y en su obra social por algunas «inversiones» en las que participó el médico de Quilmes Julio Fraumeni (aquel que mencionó la Bullrich cuando amenazó con investigar al dirigente mercantil). Como se ve, es cierto que Duhalde no compró la tranquilidad sindical cuando acercó a los Barrionuevo. Con el paso de las horas, se hace evidente que decidió lanzar la guerra.

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