Con gabinete, Kirchner muda poder a provincia
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Daniel
Scioli
Desde trincheras distintas, Randazzo, Aníbal Fernández, Graciela Ocaña -discípula de Chacho Alvarez que tributa a Alberto F.- y Martín Lousteau -que sugirió a Solá patrocinar el kirchnerismo crítico- serán poderes paralelos a Scioli.
Algunos actuarán por algo más que lealtad a la causa K: no lo expresarán en público porque se trata de gente civilizada, pero Lousteau y Scioli no simpatizan: Randazzo tampoco vindica al vice (es mutuo). Aníbal F. es, quizás, el más confiable -para Scioli- de ese pelotón.
Es cierto que en el diseño del gabinete cristinista, Kirchner delegó la definición última en su esposa, pero también lo es que Alberto Fernández no se movió un segundo del lado de la electa. El porteño sintoniza en la misma frecuencia que Kirchner.
Fernández, como el Presidente, entiende que cualquier aventura obliga a hacer base en la provincia. Por esa razón, pactó semanas atrás con Randazzo y activa, por otras vías -Víctor Santa María, Juan Carlos Lorges- operaciones propias en Buenos Aires.
El razonamiento respecto de la entronización de Randazzo en un ministerio que, sin fuerzas de seguridad, volverá -o debería volver- a ser puramente político, es una de las pistas de la apuesta kirchnerista, según la decodificación que hacen en el kirchnerismo.
Hay otras. Luego de resistir ser el dos de Scioli, Alberto Balestrini aceptó, pero puso una serie de condiciones: que no le perforen La Matanza con listas bis -lo padecieron Rubén Ledesma y Jorge «Huevo» Ceballos- y correr con ventaja para presidir el PJ bonaerense.
Ese cargo, que ahora ocupa José María Díaz Bancalari, se renueva este año. «Yo me voy a presentar para presidente del PJ... de La Matanza», suele bromear Balestrini. Es una humorada para salir del paso: el diputado quiere ser el jefe del peronismo de Buenos Aires.
Empujó para que Agustín Rossi renueve al frente del bloque y para que Eduardo Fellner aterrice como jefe de la cámara. A uno y otro cargo aspiraban, con chances diferentes, Bancalari y Solá. De lograrlo, hubiesen sido rivales más duros en la lucha por el PJ.
Pero el régimen de pagos de Kirchner es curioso. A veces, es contrarreembolso. Si Balestrini se imaginaba el poder en las sombras -le atribuyen el haber dicho que sería «el Calabró de Scioli»-, los movimientos en el gabinete le advierten que no será el único.
En el planeta Kirchner, todo vigilador tiene quien lo vigile.




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