Con un pie afuera, le ponen un vigilante
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Cristina Kirchner
Perdura, de todos modos, un concepto: Picolotti comenzó una retirada en cámara lenta.
En rigor, las casi diez horas que Picolotti agotó en la Casa de Gobierno -a veces reunida con el jefe de Gabinete; a veces pasilleando- la sometieron a un desgaste que luego la defensa de Alberto Fernández no alcanzó a subsanar.
Hay que rastrear otro factor recurrente. Quienes más explícitamente señalaban en las últimas horas que la Picolotti estaba condenada eran sectores del kirchnerismo extremo, de la vertiente pingüina. La historia de siempre: se recrea la pulseada Alberto vs. santacruceños.
«Es como Juan Duarte», decían, anoche, frecuentadores de Balcarce 50 y volcaban todas las sospechas sobre Juan Picolotti, hermano y jefe de Gabinete de la secretaria de Medio Ambiente. La analogía, excesiva por los rangos, no deja de ser divertida.
A Juan Picolotti se lo sindica -siempre según la mirada que desgajan en el kirchnerismo- como el principal, sino el único, responsable de los desaguisados en Medio Ambiente que ayer, en una larga conferencia de prensa, el Fernández porteño intentó justificar.
¿Mejoró Picolotti porque empeoró Miceli? La teoría que abrazaban en el gobierno era que Kirchner no podía dejar prosperar dos escándalos sin gatillar a alguno de los responsables. En ese esquema, para cuidar a la ministra de Economía, Kirchner se desprendía de Picolotti.
Finalmente, el patagónico prefirió, al menos por ahora, correr para adelante y dedicarse a cuestionar a la prensa que difunde las denuncias y retrucar con que hay operaciones en contra del gobierno.




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