Con un pie afuera, le ponen un vigilante

Política

Aislada por parte del gobierno -Néstor Kirchner autorizó el salvataje de Alberto Fernández- y cuestionada por organismos ambientales, Romina Picolotti dejó hilachas para atravesar, a los tumbos, la crisis por el presunto desmadre en la Secretaría de Medio Ambiente.

Ganó, por ahora, un poco de tiempo. Pero, a más tardar cuando Cristina Fernández asuma -si gana en octubre, claro- la presidencia, Picolotti dejará el gobierno. Algo más: estuvo a punto de hacerlo, por las suyas, el fin de semana, pero Fernández la atajó.

El deterioro de la funcionaria, que en la Casa Rosada consideran irreversible, tendría una expresión típica de las coberturas desganadas: Kirchner designaría a alguien de su confianza como número dos, cargo que está vacante tras la salida de Bruno Carpinetti.

Carpinetti fue el segundo de Picolotti en la Secretaría de Medio Ambiente, a quien la funcionaria desplazó en medio de una interna cruzada. Los defensores de Picolotti apuntan a Carpinetti cuando señalan la supuesta usina de las irregularidades.

A la funcionaria herida Kirchner le ubicaría como escolta a alguien propio. Eso revela un dato obvio que, sin embargo, se trató de camuflar: la Casa Rosada sabía de las denuncias contra Picolotti desde tiempo atrás, motivo por el cual más de una vez Fernández había «advertido» -ése fue el término usado- a la secretaria.

Sin embargo, el propio jefe de Gabinete evitó el fin de semana que la funcionaria presente su renuncia. Son misteriosos, a veces, los comportamientos del kirchnerismo.

Perdura, de todos modos, un concepto: Picolotti comenzó una retirada en cámara lenta.

En rigor, las casi diez horas que Picolotti agotó en la Casa de Gobierno -a veces reunida con el jefe de Gabinete; a veces pasilleando- la sometieron a un desgaste que luego la defensa de Alberto Fernández no alcanzó a subsanar.

Hay que rastrear otro factor recurrente. Quienes más explícitamente señalaban en las últimas horas que la Picolotti estaba condenada eran sectores del kirchnerismo extremo, de la vertiente pingüina. La historia de siempre: se recrea la pulseada Alberto vs. santacruceños.

«Es como Juan Duarte», decían, anoche, frecuentadores de Balcarce 50 y volcaban todas las sospechas sobre Juan Picolotti, hermano y jefe de Gabinete de la secretaria de Medio Ambiente. La analogía, excesiva por los rangos, no deja de ser divertida.

  • Responsabilidad

    A Juan Picolotti se lo sindica -siempre según la mirada que desgajan en el kirchnerismo- como el principal, sino el único, responsable de los desaguisados en Medio Ambiente que ayer, en una larga conferencia de prensa, el Fernández porteño intentó justificar.

    ¿Mejoró Picolotti porque empeoró Miceli? La teoría que abrazaban en el gobierno era que Kirchner no podía dejar prosperar dos escándalos sin gatillar a alguno de los responsables. En ese esquema, para cuidar a la ministra de Economía, Kirchner se desprendía de Picolotti.

    Finalmente, el patagónico prefirió, al menos por ahora, correr para adelante y dedicarse a cuestionar a la prensa que difunde las denuncias y retrucar con que hay operaciones en contra del gobierno.
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