Congreso nacional, campo de batalla entre Caracas y Bogotá

Política

Si el encuentro no hubiera sido para reflexionar sobreel derecho internacional humanitario, se diría que la cita en el Congreso de la Nación formó parte de otro capítulo del enfrentamiento entre Colombia y Venezuela a raíz de las FARC, en suelo criollo. Y para el semblanteo de adherentes y opositores a la causa. En dos jornadas de trabajo que comenzaron el jueves y finalizaron el viernes pasado al mediodía, la senadora Sonia Escudero, en su rol de secretaria del Parlamento Latinoamericano (Parlatino), reunió en el hemiciclo del Senado a más de 70 legisladores de Sudamérica y el Caribe, provenientes de: Antillas, Bolivia, Brasil, Chile, Colombia, Costa Rica, Guatemala, Haití, México, Panamá, Paraguay, Perú, República Dominicana, Uruguay, Venezuela y la Argentina.

Con ese tono mendocino de pausada picardía, el vicepresidente Julio Cobos, abrió la Conferencia Interparlamentaria sobre Derecho Internacional Humanitario en el Senado. Mechó en el discurso de apertura dos objetivos políticos actuales del gobierno nacional: el 30 aniversario de la firma del Tratado de Paz y Amistad con Chile (se cumple a fin de año) y la cuestión Malvinas. Nuestro país dijo, «supo aprender de sus errores del pasado» -en alusión al conato de guerra con Chile en 1978- y agregó «estuvimos a punto de un conflicto bélico que se pudo evitar, gracias a la intervención de Juan Pablo II y que luego, en un proceso de paz y en un referendo, las naciones supieron encontrar la solución a este conflicto». Lo seguía atento el senador chileno Jorge Pizarro Soto, presidente del Parlatino, quien se enteró allí que en la agenda del homenaje por los 30 años de la mediación del Vaticano, habrá una sesión simbólica conjunta y una declaración legislativa especial de las comisiones de Relaciones Exteriores y de Defensa de los Congresos de ambos países. Se abordaron los principales conflictos armados y la situación del derecho humanitario en la región, entre otros, el narcoterrorismo en Colombia, la Misión de Estabilización de las Naciones Unidas en Haití (Minustah), -la Argentina, Brasil y Chile tienen desplegado allí un contingente de Cascos Azules-, la cárcel de Guantánamo, el muro que los Estados Unidos construyen en la frontera con México y el trabajo de Cruz Roja Internacional. La agenda daba para cebar espíritus sanguíneos y ocurrió. La mecha se encendió en el panel dedicado a analizar la situaciónen Colombia. Disertaron: el representante del Alto Comisionado para la Paz de la República de Colombia, Eduardo González Mora, el diputado venezolano Amílcar Figueroa (presidente alterno del Parlatino), y el vicepresidente del Parlatino por Colombia, Roy Barreras.

Figueroa, diputado chavistaque está bajo investigación de la fiscalía de Colombia por su presunta vinculación con las FARC, arremetió duro: «Colombia responde a un plan imperialista de los Estados Unidos», y «no ha hecho más que poblar de bases militaresla frontera con Venezuela, -«las fuerzas paramilitares son una extensión del gobierno de Uribe», dijo el venezolano. Ni la experiencia del senador salteño Juan Carlos Romero, moderador del panel, alcanzó para sofrenar el entredicho. Le contestó el colombiano Roy Barreras, autor de un proyecto para castigar el secuestro exprés con penas de 30 a 40 años de cárcel: «El crimen, el narcotráfico y el terrorismo no son un problema de Colombia sino de las democracias del mundo y la región», «todavía se habla en algunos países de la burguesíaenfrentando a la izquierda revolucionaria», en clara elipsis a los postulados que se escuchan en boca de Hugo Chávez.

La senadora Escudero hurgó en los datos y dio con cifras que arrimaron fuego a dos puntas: el marco regional y las carencias del desabastecimiento por el conflicto del campo, señaló: «Con 13% de lo que se destina al gasto militar mundial -que asciende a 1,2 billones de dólares por añotendríamos hambre cero; alimentaríamos a los más de 800 millones de personas con hambre en el mundo». Sin decirlo,todos los presentes interpretaron que el país destinatario no era otro que Venezuela. Mientras debatían por mejoras en el derecho humanitario, se conoció la demostración de poderío militar de Chávez. Las fuerzas armadas venezolanas lanzaron dos misiles desde aviones Sukhoi 30 y uno desde una fragata en el mar Caribe, imágenes trasmitidas en directo a todos los venezolanos y al mundo el viernes último. Y desde su asunción a la presidencia, Venezuela trepó del puesto 56 al número 24 en el ranking de los países compradores de armas, según auditorías de entidades como el SIPRI, el instituto con base en Estocolmo que se ocupa del control de armas y desarme.

Al término de la Conferencia se emitió una declaración con recomendaciones entre ellas: «Que el terrorismo transnacional, con independencia del unánime rechazo que provoca, no puede justificar acciones de terrorismo de Estado, ni la violación de los derechos fundamentales de las personas», que el Parlamento latinoamericano se dirija al gobierno de los Estados Unidos de América y manifieste la necesidad de cerrar el centro de detención erigido en la base de Guantánamo y respecto de Colombia, la necesidad de encontrar mecanismos que permitan terminar con los secuestros, el repudio a esa injustificable práctica, y el reclamo de la inmediata liberación, sin condición alguna, de las personas retenidas por las FARC.

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