5 de mayo 2003 - 00:00

Conozca el "tracking"

El "tracking" es un sistema por el cual encuestas serias periódicas, por caso por mes, introducen algún ajuste de las cifras que emitieron tras alguna comprobación y antes del siguiente informe. El domingo 27 de abril a la noche, cerrados los comicios a las 18, los encuestadores que más habían adulterado muestreos durante el proselitismo hicieron un "tracking" y concretaron, sobre la base de resultados que ya se empezaban a conocer, lo que llamaron "nuestra última medición", que repartieron esa misma noche. Lograron así engañar a por lo menos 3 medios de difusión. Además, se pusieron cifras a menos de 3 puntos (diferencia técnica aceptable) del resultado y así lo difundieron en perjuicio de otros encuestadores (Carlos Fara y Ricardo Rouvier), que habían entregado sus encuestas el día sábado previo a los comicios y cuando aún había riesgo de acertar o no. Estos dos que obraron con corrección no acertaron, y quedaron como únicos desubicados, porque los publicaron a todos juntos, frente a colegas que hicieron el "tracking" para salvar sus cálculos previos tan errados, en su mayoría intencionalmente desvirtuados para influir políticamente. Julio Aurelio, Catterberg, Hugo Haime (aunque estos dos últimos entraron en el "tracking"), Rosendo Fraga y Ambito Financiero-"América", aun con fallas posibles, fueron las únicas encuestas serias e imparciales previas a estos comicios.

El llamado «tracking» es un recurso en encuestas que puede ser legítimo o realmente tramposo. Consiste en un ajuste de último momento que un encuestador -serio, desde ya- introduce tras un informe, por caso mensual, antes de que pueda emitir el próximo. Lo hace sobre sus muestreos previos porque, efectivamente, descubre un giro de último momento del electorado. Fue famoso cuando Julio Aurelio lo aplicó en «La Nación» en 1997, señalando que un giro que notó bruscamente en el electorado le daba la probabilidad de triunfo a Graciela Fernández Meijide sobre Chiche Duhalde. Luego, el resultado confirmó que era cierto.

Pero de ese «tracking» legítimo se pasó al mentiroso: la mayoría de los encuestólogos que en los últimos meses adulteraron encuestas deliberadamente, con resultados disparatados a favor de quienes les pagaban, realizaron un «ajuste de último momento» y quedaron todos con cifras muy próximas a las reales.

• Ajuste

Pero el hecho tiene una particularidad que puede sorprender a quienes no creen posibles estas maniobras en la Argentina: el ajuste (o «tracking») fue realizado después del cierre del escrutinio y cuando ya se empezaba a conocer el resultado final. El encuestólogo Jorge Giacobbe reunió formas «ajustadas» para 8 colegas y las distribuyeron esa noche como «última encuesta» sobre 98 mesas. Alguno argumentó que así le daba el sábado pero que no pudo distribuirla antes de los comicios por respetar la «veda electoral de 48 horas».

La mayoría de los medios no entraron en esta jugada sobre comicios ya realizados, excepto tres, sin poderse medir en el resto de la prensa del interior. Entre esos tres no está ninguno de los grandes diarios, ya que sólo la reprodujeron el lunes 28 «El Cronista», en página 13; y la revista «La Primera», en página 52 de su edición del martes 29, o sea 48 horas después de los comicios. El periodista Angel Coraggio, de «El Cronista», fue el que más salvó su responsabilidad profesional frente a la maniobra. Incluyó que sólo dos encuestadores, Ricardo Rouvier y Carlos Fara, entregaron sus «tracking» el día sábado. La ironía es que precisamente Rouvier y Fara, por haber actuado con honestidad, resultaron los más perjudicados porque sus encuestas resultaron las más lejanas al verdadero resultado.

Rouvier por eso aparece dando a Carlos Menem con 16,9%, o sea menos de 7 puntos de los que obtuvo, y da a López Murphy -fue el único- con 24%, o sea 7 más de los que obtuvo. A Kirchner le dio 4 menos que lo real.

Otra víctima de haber actuado con corrección fue Fara y Asociados. Lo dio a Menem empatado con Kirchner -ahí acertó bien- pero 8 puntos menos al riojano y con 5 puntos menos al santacruceño. Además, acertó con Elisa Carrió -fue el único- encima de Rodríguez Saá.

En el conjunto de los que «ajustaron» con las cifras de los comicios ya conocidos, la más «exacta» resultó Graciela Römer, que nunca había dado cifras y que apareció acertando casi todo. ¿Para qué sirve, después de haber fraguado durante meses encuestas, sumar el invento de un ajuste final o «tracking»? Desde ya para salvar el honor de encuestólogo si hay mala memoria entre el público y si fuera posible salvarlo. Pero fundamentalmente para lograr publicar el «ajuste» en algún medio de difusión, cualquiera que sea, porque esa publicación se incluirá en folletos y así se logrará que los contrate otro aspirante electoral de la política en el futuro, con el cual volverán a operar de la misma forma: encuestas a su favor y «tracking» salvador al conocer el resultado de las urnas. Lamentable.

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