No es la primera vez que, en la izquierda, se generan problemas por el juego. Lo del Frepaso de hoy no es una novedad si uno recurre a la historia. En la década del '30, cuando el intendente de Mar del Plata era el socialista Teodoro Bronzini -un prócer legendario del balneario, innumerables veces reelegido-, llegó para un acto político en la estación de trenes de la ciudad (como ocurría en aquellas épocas) su compañero y jefe partidario Alfredo L. Palacios. Mar del Plata era un orgullo del socialismo, el único distrito controlado por ese partido. Apenas se acomodó la locomotora, Palacios sin bajarse al andén la emprendió en su discurso contra lo pernicioso del juego, contra los casinos, casi desaforado sobre un fenómeno presuntamente corruptor de las buenas almas. Entre el gentío, pero nítido para Palacios, Bronzini comenzó a hacer señas, la tradicional de los hospitales: como la enfermera, hacía el gesto con el índice cruzándose los labios reclamando silencio. Palacios, molesto por la advertencia -y comprendiendo que él nada administraba, mientras Bronzini mejoraba la ciudad con las ganancias del casino-, clausuró sus palabras y siguió viaje sin detenerse. Ahora, si se comparan historias, se podría decir -con el perdón necesario por los ausentes-, que la dupla Alvarez-Alessandro se parece a Palacios e Ibarra a Bronzini.
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