Córdova Vianello: "La transparencia electoral en la región aún está en construcción"

Política

En diálogo con ámbito.com, el titular del Instituto Federal Electoral (INE) de México sostuvo que "dinero, política y elecciones es una combinación en una tensión permanente". Los desafíos para la organización de elecciones en un contexto de violencia y la ardua tarea de fiscalizar el financiamiento político.

Las últimas elecciones en México fueron históricas, no solo por la llegada a la presidencia de Andrés Manuel López Obrador, referente de izquierda, sino también por el inusitado nivel de violencia política que se vivió previo a los comicios. En la última campaña electoral en el país azteca fueron asesinados nada menos que 28 candidatos por lo que las elecciones llevadas a cabo el pasado 1º de julio se convirtieron en una prueba de fuego para la democracia mexicana.

El organismo encargado de organizar las elecciones en México es el Instituto Federal Electoral (INE), una oficina que también se constituye como tribunal de cuentas para los partidos políticos, registrando los gastos de las campañas electorales a nivel nacional y local.

Para organizar las elecciones del 1º de julio en la que se eligieron 18.000 cargos a lo largo y a lo ancho del país, la INE dispuso de un presupuesto aproximado de u$s 400 millones. Asimismo, se distribuyeron con criterios de equidad ente todos los partidos otros u$s 400 como parte de los gastos de financiamiento para los partidos.

En el marco de una conferencia que brindó en nuestro país sobre la experiencia en la organización de los últimos comicios mexicanos, ámbito.com conversó con Lorenzo Córdova Vianello, titular de la INE. En esta entrevista el jurista mexicano abordó los desafíos a futuro en lo referido a la transparencia electoral en la región y destacó el caso mexicano como un ejemplo de referencia en la organización de elecciones en un contexto operativo adverso con la violencia como telón de fondo.

Periodista: ¿Cómo evalúa la transparencia electoral en la región?

Lorenzo Córdova Vianello: Lo considero como algo que aún está en construcción. Dinero, política y elecciones es una combinación en una tensión permanente y no es un problema de las democracias en vías de consolidación, sino que es una problemática en todos los países. En Estados Unidos la discusión por el dinero y las elecciones tiene una enorme vigencia y que polariza respecto de sus soluciones. Creo que poco a poco hemos ido avanzando, no hay una única solución, cada contexto hace la diferencia. La solución mexicana no es una solución exportable a otros lados. Lo que tenemos es que avanzar en una lógica de buenas prácticas y de experiencias compartidas.

P: ¿Cuáles son los desafíos en ese rubro?

LCV: La rendición de cuentas es el gran desafío que tienen todas las democracias en el mundo y las nuestras no son la excepción. En México, las primeras medidas de reporte de ingresos y gastos de los partidos políticos se establecieron en 1993 y con el paso del tiempo se fueron fortaleciendo los mecanismos de fiscalización y control. Pasamos de una autoridad que solamente informaba lo que los partidos le informaban sin ninguna capacidad de auditoria a hoy que tiene automatizados gran parte de los procesos de fiscalización, sino que además tiene un acceso libre y permanente a todo el sistema financiero en materia fiscal. Nosotros no tenemos que pedir una autorización judicial para solicitar a un banco información sobre una cuenta o al fisco sobre un contribuyente. Lo hacemos a través de portales muy agiles. Esto nos permitió descubrir algunos escándalos de corrupción electoral no menores.

P: ¿Qué medidas adoptaron en México respecto al financiamiento de la política?

LCV: El gran tema fue la decisión de financiar a la política con fondos públicos muy generosos. Ante esa situación, la premisa fue: si desde el Estado les vamos a dar dinero a los partidos, pues tienen que haber controles de cómo se ejercen esos recursos. Una cosa va de la mano de la otra, el financiamiento y la fiscalización. En los últimos 20 años la autoridad fiscalizadora ha pasado por etapas muy complicadas como el rechazo de los bancos a entregar información. Ahora, los partidos tienen que reportar en tiempo real sus ingresos y sus gastos. Es un sistema muy robusto e inédito en el mundo que está a disposición de todas las autoridades electorales del mundo. El principal desafío es cómo trascendemos la dimensión estrictamente contable de la auditoria, es decir, ver lo que los partidos te reporta, ver lo que hay en los bancos y ver lo que hay en el campo.

P: ¿A qué problemas se enfrentan respecto al dinero con el que se financia la política?

LCV: En México tenemos el gran problema que es la difusión del efectivo. Con el narcotráfico y la mitad de la economía en la informalidad, somos el país con el monto de efectivo en proporción la economía más alto dentro de la OCDE. Para rastrear el efectivo, ideamos un trabajo de campo fotografiando vallas publicitarias, mandamos auditores a todos los mítines políticos y levantamos actas. Si el partido no lo reporta como gasto, se lo contabilizamos como gasto no reportado. La nueva frontera que hemos identificado es lo que llamamos inteligencia financiera. En México están identificadas por las autoridades cerca de seis mil empresas fantasmas por lo que en los meses previos al arranque la campaña electoral hacemos un monitoreo de las cuentas bancarias de esas empresas. Lo que hacemos es construir un imán para encontrar una aguja en el pajar. Esa es la nueva etapa que estamos encarando en un país dominado por la corrupción. Esto es como el ladrón y el policía, siempre estamos tratando de seguir el rastro.

P: En la última campaña electoral fueron asesinados nada menos que 28 candidatos, ¿es el peor momento de la violencia política en México?

LCV: Sin dudas es el peor momento de violencia. Pero no es algo nuevo, ni que se haya desatado con las elecciones. Llevamos diez años de combate contra el narcotráfico, que ha generado una espiral de violencia colocando a 2017 como el año con el mayor número de asesinatos en la historia reciente del país. Las elecciones tuvieron que hacerse en ese contexto de violencia que hoy sigue allí. Durante el proceso electoral, que duró un año, hubo más de 130 políticos asesinados. No se trató de muertos de un solo partido, no hubo una irrupción de una criminalidad con una intencionalidad política específica. Hay Estados que tienen una crisis de seguridad muy alta y casi todos los asesinados eran candidatos locales. Eso demuestra que al crimen organizado le interesa el control territorial. Sin embargo, el día de la elección no hubo ningún reporte de violencia.

P: ¿Con la llegada de López Obrador al poder podría aventurarse una disminución de esa espiral de violencia?

LCV: Tenemos un problema endémico. El futuro Gobierno ha planteado eventuales rutas y alternativas complementarias a lo que ha sido hasta ahora. Pero ya mencionó que el regreso del ejército a los cuarteles, tal como anunció en campaña, no es algo inmediato ni factible en tanto no tengamos una Policía capacitada. Y eso sigue siendo el gran problema dese hace diez años. El diagnostico creo que todo el mundo lo comparte y ojalá pueda traducirse en acciones concretas porque es algo que lo padecemos en todos los ámbitos, incluido el electoral.

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