27 de octubre 2003 - 00:00

Corte: impulsa el gobierno la otra vacante pero por renuncia

El oficialismo de Diputados apurará esta semana la acusación por supuesto mal desempeño contra Adolfo Vázquez, aunque será -por ahoraun movimiento escenográfico destinado a permitirle al juez de la Corte una salida menos dolorosa y sin necesidad de pasar por delante del pelotón de fusilamiento.

La Comisión de Juicio Político iniciará este jueves el sumario contra Vázquez, el cual estará en condiciones de llegar al recinto de la Cámara baja en 30 o 40 días. Es decir, antes de que concluya el período legislativo, el 10 de diciembre.

Sin embargo, este último trámite -imprescindible para pasar a la etapa de sentencia en el Senado-esperará turno a que se resuelva la anunciada destitución de Eduardo Moliné O'Connor, quien resiste la embestida parlamentaria en el tramo final.

La explicación parece sencilla. Con esta administración de los plazos, los diputados pretenden que, tarde o temprano, Vázquez siga el ejemplo de Guillermo López, renuncia mediante. Si hay demora, en todo caso, habría que darle tiempo hasta la caída de Moliné.

El cálculo resulta muy simple. A Vázquez -salvo un matiz en el caso Meller-se lo juzgará por las mismas pesquisas que al ex vice del máximo tribunal, además de la mencionada, Macri y Magariños. De manera tal que, si se cumple la previsible defenestración de Moliné con 2/3 de adhesiones en sesión senatorial y Vázquez todavía sigue en la Corte, estará más que sellada su suerte y no tendría sentido asumir una causa perdida. Con semejante confirmación, el magistrado en vísperas de ser enjuiciado perdería cualquier expectativa de sobrevivir a la carga del Congreso. A eso apuestan, aunque no lo digan, las espadas de Néstor Kirchner en la Cámara baja.

Sea como fuere, a fines de la semana pasada, Ricardo Falú -mandamás de la Comisión de Juicio Político-recibió la venia de José María Díaz Bancalari para cumplir con la formalidad de archivar los reproches al fugado López y abrir la investigación a Vázquez, quien debería cerrar el capítulo anti-Corte del gobierno, tal cual adelantó este diario (Falú también sostiene que, aún cuando se revisen las denuncias contra otros ministros, convendría darle estabilidad al máximo tribunal y permitir que retome su actividad institucional con normalidad y sin amenazas).

La ronda del peronista tucumano continuó con el radical Juan Jesús Mínguez (San Juan); la arista de Elisa Carrió, María América González; el socialista Héctor Polino; la frepasista Nilda Garré y otros colegas de comisión. Todos acordaron no perder tiempo y avanzar sobre el último vestigio de la denominada «mayoría automática», identificada con el menemismo.

•Aval

Lo más importante, obviamente, fue conseguir el aval de Díaz Bancalari. El jefe de bloque PJ recibe las instrucciones de Kirchner, cada vez que el Ejecutivo está interesado en que salgan leyes importantes o se cumplan con directivas clave del gobierno. La renovación de la Corte, equivalente al descabezamiento de la llamada «mayoría automática», fue lanzada por el propio Presidente, gracias a la cadena nacional de radio y televisión.

Con la oposición, la relación será diferente desde diciembre, cuando se renueve la mitad de Diputados. Para esa fecha, el oficialismo contará con quórum propio holgado, y ya no necesitará del radicalismo o de bancadas minoritarias (excepto temas que puedan dividir al mismo peronismo) para sesionar o votar iniciativas, incluidos los enjuiciamientos.

•Más vacantes

Sin embargo, habría un pacto tácito entre las escuderías mayoritarias de resolver cualquier proceso a jueces de la Corte antes de que concluya 2003. Es decir, con la actual composición del cuerpo, salvo que aparezcan en el futuro nuevas denuncias contra los magistrados sobrevivientes o los recién estrenados (aunque estos últimos -se supone-tendrán salvoconducto por haber sido promovidos por Kirchner).

Bajo estas condiciones,
el justicialismo -al menos, algunas parcelas domésticas-intentarían forzar más vacantes a las ya existentes (Guillermo López) o en curso (Eduardo Moliné O'Connor y Adolfo Vázquez). Esos sectores suponen que la guillotina no sólo debería usarse contra jueces surgidos del mismo PJ, aún cuando fuesen de extracción menemista, y, por lo tanto, sugieren agregar al cadalso a Augusto César Belluscio.

Si se tiene en cuenta que
la Casa Rosada -tal cual reflejaron declaraciones recientes de Falú- piensa que lo mejor sería cerrar con Vázquez el recambio en la cabeza del Poder Judicial, la presunta intención de apuntar a Belluscio (también se menciona a Antonio Boggiano, ahora devenido en ex integrante de la «mayoría automática») podría servir de excusa para evitar que la UCR reclamara sillas en la nueva Corte.

Si los peronistas le perdonan la vida a Belluscio, de extracción radical, no habría motivos para pedir otras plazas en ese órgano colegiado que controla la constitucionalidad de los actos de gobierno.

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