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Cristina Kirchner, en el recinto del Senado. Denunció que el radicalismo aceptó aprobar el acuerdo del Estado con Ferroexpreso Pampeano por presión del Grupo Techint.
Por esos caminos transcurría la sesión del Senado cuando Capitanich tomó la palabra como miembro informante para cerrar el debate. Sin demasiada explicación, Cristina le pidió una interrupción, que nadie se atrevería a negarle:
«En realidad, todos sabemos que es la primera vez que la Comisión Bicameral en pleno aprueba una renegociación de contrato. Sugiere -mejor dicho, lo dice en forma expresa, absolutamente expresa-», dijo la senadora en relación con una nota periodística sobre el tema, «que esto se debe al poder del grupo Techint. Parece ser entonces que lo que no sucedió con ningún otro contrato sí se dio con éste... A mí también me llamó poderosamente la atención que se haya dado por primera vez la unanimidad de la comisión, fundamentalmente de quienes son los representantes de la primera minoría y que siempre, absolutamente siempre, han votado en contra de todas las renegociaciones que acá hemos considerado».
Relató después Cristina la historia de los acuerdos renegociados con empresas de servicios, cómo actuó la oposición en cada uno, y volvió a poner énfasis en el «poder de Techint» para que este acuerdo fuera aprobado también por la oposición.
Frente a esto, Morales reaccionó y, como si Capitanich no existiera, se le dio la palabra para continuar interrumpiendo su discurso. Comenzó con una frase que pocos se animarían a decir en el Senado: «Señor presidente: a veces, opinar sobre temas que no se conocen lleva no sólo a equivocaciones, sino a decir cosas que no se ajustan a la realidad», dijo respecto de las palabras de Cristina.
Explicó luego para justificar el apoyo radical al contrato de Ferroexpreso que «no es cierto que el proceso de renegociación de este contrato sea igual a las renegociaciones de otros contratos... Lo que acaba de decir la señora senadora preopinante se asienta en un desconocimiento total del asunto».
El argumento se fundamentó en que: « Estamos ante el primer caso de una renegociación definitiva; una de las observaciones centrales en los casos anteriores se vinculaba al hecho de que eran renegociaciones parciales», dijo Morales. «La segunda cuestión central es la correspondiente a las demandas ante el CIADI. En los casos anteriores que merecieron la objeción del bloque de la Unión Cívica Radical, había suspensión de las demandas ante el CIADI. Sin embargo, parece que la senadora preopinante andaba de paseo y no escuchaba las objeciones de nuestro bloque. Nunca compartimos el criterio del Poder Ejecutivo, que hoy sí se cambia, en relación con el tema de la suspensión de acciones ante el CIADI. Este es el primer caso en el que se plantea expresamente la renuncia a las acciones ante el CIADI. Esto, como tema central, es básico.»
Capitanich intentó luego retomar su discurso -de hecho, los anteriores se habían hecho interrumpiéndolo-, pero Marcelo López Arias otorgó nuevamente una interrupción, esta vez al socialista Rubén Giustiniani, quien pidió autorización para abstenerse de votar por no contar con toda la información del caso.
Ya como si se tratara de una comedia de enredos, Morales le pidió a Giustiniani volver a tomar la palabra. Técnicamente, estaba interrumpiendo a un senador que había interrumpido a otro, Capitanich, que ya nadie recordaba que estaba en uso de la palabra.
Después de discusiones, Morales volvió a intervenir, esta vez, para quejarse de la falta de presupuesto en su comisión para funcionar, al punto que no contaban con recursos ni para hacer fotocopias.
Cristina no podía perdérselo: «¿Me permite una interrupción, senador Capitanich?», arrancó, y el chaqueño no pudo negársela nuevamente. «En un cuerpo de 72 senadores, como éste -o la Cámara de Diputados, que cuenta con 257 miembros-, es imposible sacar miles de fotocopias, multiplicadas por 72 senadores o por 257 diputados. En consecuencia, el argumento de la imposibilidad de funcionamiento o de información por el tema de las fotocopias realmente lo considero una falta de respeto institucional», dijo Cristina Kirchner en sus razonamientos.
Un rato más tarde, Capitanich pudo hacer uso de la palabra y consiguió aprobar el contrato de Ferroexpreso Pampeano, un tema sobre el que todos habían estado de acuerdo desde antes del inicio de la sesión.



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