10 de octubre 2005 - 00:00

Cromañón logró juntar a los candidatos

Patricia Bullrich en el atrio de la Catedral, conversando con el abogado José Iglesias, padre de uno de los chicos muertos en Cromañón. En el centro, los globos antes de la suelta; y el ministro del Interior, Aníbal Fernández, confundido entre la gente que asistió a la misa.
Patricia Bullrich en el atrio de la Catedral, conversando con el abogado José Iglesias, padre de uno de los chicos muertos en Cromañón. En el centro, los globos antes de la suelta; y el ministro del Interior, Aníbal Fernández, confundido entre la gente que asistió a la misa.
Ningún dirigente ni autoridad eclesiástica pensó en usar políticamente una misa por los muertos en Cromañón. Los padres de los 194 jóvenes y adolescentes muertos en el boliche República de Cromañón fueron quienes convocaron a los candidatos a diputados nacionales y locales de la Capital Federal a la misa que se realizó en recuerdo de las víctimas ayer, al mediodía, en la Catedral. Fue una evocación que se prolongó después del oficio religioso en la Plaza de Mayo, donde monseñor Jorge Lozano, que habló en la homilía, volvió a dirigirse a quienes asistieron.

Fue notoria la ausencia del canciller y candidato Rafael Bielsa, más aún tratándose de un declarado católico que admite haber tenido visiones de la Virgen. En cambio, Aníbal Fernández, el locuaz ministro del Interior con habitación bonaerense, junto con su esposa trataron, y lo lograron, pasar no inadvertidos, pero sí en una actitud más recoleta; informales, de campera, confundíanse entre los asistentes a este dominical oficio religioso. Uno de los padres de los chicos de Cromañón fue el que convocó: el abogado José Iglesias, el mismo que pidió un careo entre cinco funcionarios de Aníbal Ibarra que se realizará mañana. Respondieron concurriendo a la Catedral Elisa Carrió y allegadosla dirigente del ARI se fue antes de terminar la misa, «para evitar el uso mediático», confesó a este diario, lo mismo que el boquense Mauricio Macri y su jefe de campaña, Horacio Rodríguez Larreta (h), que lo hicieron, tarde, acompañados por Paula Bertol, Marcos Peña y Gabriela Michetti. También asistió Jorge Enríquez, con dirigentes y amigos, al igual que María Eugenia Estenssoro, Milcíades Peña, el socialista Eduardo Polino y hasta Beatriz Baltroc y Susana Etchegaray, conocidas por sus posturas de izquierda, igual que Tomás Devoto, un diputado que llegó de la mano de Luis Zamora a la Legislatura y terminó independizándose con su propio monobloque.

Más coherente en materia confesional se comportó Patricia Bullrich -mantiene contactos diarios con los padres de estos chicos muertos-, que concurrió, pero sólo al acto de la Plaza, «porque no soy hipócrita; si no voy a misa regularmente, no veo por qué hoy debía hacerlo», admitió anoche a este diario. La misma actitud observaron los máximos dirigentes del Partido Obrero, los trotskistas y candidatos Jorge Altamira, Marcelo Ramal y Néstor Pitrola, que eligieron apostarse sobre la Plaza.

• Exhortaciones

En realidad, ningún dirigente político ni candidato hizo uso político de la misa y el acto posterior, fuera de estar presentes y, más vulnerables, los más conocidos. Tampoco monseñor Jorge Lozano, que fue quien ofició, dijo algo que pudiera considerarse tendencioso, más allá de que repitiera, una y otra vez, que «la verdad va de la mano de la justicia y de la paz». Hablaron, en cambio, dos de los padres de los 194 chicos muertos la noche trágicade Cromañón -el conocido animador Juan Alberto Badía tuvo a su cargo nombrarlos uno a uno-, y hubo exhortaciones: les pidieron a padres y dirigentes, a candidatos y legisladores, que «no respondan a presiones; voten de acuerdo con sus convicciones».

Tampoco faltaron los padres de los 16 adolescentes muertos hace ya casi doce años (se cumplen en diciembre) en la disco Khavis que se incendió en Vicente López. Fueron alrededor de 400 los asistentes, tomados por asalto al salir de la misa por los movileros que aguardaban en el atrio de la Catedral. En la Plaza hubo una suelta de globos blancos, que quedaron atascados en la copa de uno de los plátanos de la plaza antes de volar. Monseñor Lozano había concluido su segunda intervención y el clima era de una profunda emotividad. No quedó espacio para sacar réditos políticos.

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