De diván: Moyano cree que es quien sostiene gobierno de los Kirchner

Política

Hugo Moyano se asume a sí mismo, aunque en sus charlas prefiere el más genérico «CGT», como el principal soporte político del gobierno de Cristina Kirchner. A tal punto que sin el respaldo de los gremios, dice, la era Kirchner entraría en una etapa terminal.

El camionero usa ese argumento como una receta para contener las quejas de sus aliados, muchos de los cuales lo escoltan desde hace años, cuando compartían el MTA. «Sin la CGT, el gobierno se cae», aplaca Moyano los arranques belicosos de sus socios.

Pero cada vez le resulta más difícil contener a los revoltosos. Es más: varios retomaron antiguos contactos con Eduardo Duhalde, incluso a pesar de la cercanía que este tiene con Luis Barrionuevo, para ensayar esquemas de acercamiento para 2009.

Moyano los deja hacer. No porque no le importe sino porque se queda sin palabras cuando sus laderos cuestionan la ventaja de seguir aliados a Néstor Kirchner. Detalle: como en ningún otro rubro, en el sindicalismo todo orbita -lo bueno y lo malo- en torno a Néstor Kirchner.

«Hugo: con Kirchner no tenemos destino», lo tanteó un dirigente sobre el que Moyano no puede poner en duda su lealtad. «Esto termina mal y si no hacemos algo pronto, nosotros nos caemos con él», especuló, en referencia al patagónico, y su comandancia desde Olivos.

El jefe de la CGT trata de contener. Pero no logra ser del todo convincente: habla de lo logrado durante la gestión de Kirchner, de la pertenencia -y la verticalidad- del peronismo, y enumera difusas coincidencias ideológicas con el ex presidente.

Se topa con dos objeciones. «Esto no es peronismo», le dijeron, al menos dos laderos. El moyanismo se asume como de un populismo centrista -o de centroderecha, como la matriz del sindicalismo argentino- mientras ven a los Kirchner como un «falso progresismo».

  • Impulso

    Adquiere un valor testigo, ante esa lectura, el impulso que tuvo desde la CGT, y particularmente de Moyano, la reapertura de la causa del crimen de José Ignacio Rucci.

    Tiene que irse a los extremos para moderar a su tropa: se ve en la obligación de advertir que el gobierno de Cristina de Kirchner depende del respaldo de los gremios y que sin ese apoyo, su gestión quedaría condenada al fracaso y a un derrumbe.

    Al lado de Moyano ese comentario, cuya certeza está en veremos, es comentario diario. Y transitan el camino de la interpretación: sostienen que Kirchner es consciente de esa dependencia pero que especula con que los gremios no harán nada en su contra porque eso sería suicida.

    En criollo, la lectura de los moyanistas es que los Kirchner deducen que en un hipotético traspié del gobierno implicaría, además, un traspié para Moyano y sus aliados. A ambos lados de la mesa, como truqueros que se conocen las cartas, piensan lo mismo.

  • Tropa

    El interrogante, sin resolver, es cómo y hasta cuándo Moyano podrá contener a su tropa enojada con Kirchner. De hecho, más allá de Gerónimo «Momo» Venegas, líder de Las 62 que jamás se despegó de Duhalde, otros moyanistas han recalado en el ex gobernador.

    Una radiografía del moyanismo, tomando como base a los que tienen butaca en el consejo directivo de la CGT, arroja un panorama complejo. Sólo Omar Viviani (Taxis) pegado a Moyano como un tatuaje y Julio Piumato ( Judiciales) pueden computarse como ultra-K.

    Horacio Ghilini (Sadop) y Juan Carlos Schmid ( Dragado) se mueven en línea con el camionero pero, en paralelo, han tenido gestos de rebeldía con el gobierno: Ghilini impulsó la creación de un índice de precios propio de la CGT; Schmid activó un paro portuario.

    La postura de Venegas, a quien Moyano preservó como secretario de Interior a pesar de la objeción de Kirchner se conoce: patalea contra el gobierno usando como argumento su falta de «gestos peronistas». Es quien más abiertamente opera al lado de Duhalde.

  • Esgrima

    Con Roberto Fernández (UTA), el vínculo de Moyano está resentido hace tiempo: no pierden oportunidad de espadearse mutuamente. Fernández, igual, tiene una terminal directa en el despacho de Julio De Vido, al igual que Omar Maturano (Fraternidad).

    El jefe de APL, Norberto Di Próspero, tiene juego propio en el Congreso -será electo como jefe de la Federación de Personal Legislativo- y suele objetar algunos modos de los Kirchner, igual que Abel Frutos (Panadero), también crítico del gobierno.

    Fuera de los que tienen cargo, hay dos actores centrales en el esquema Moyano: el abogado laboralista y diputado Héctor Recalde, cercano a Kirchner, y Juan Manuel Palacios, «El Bocha», antiguo jefe de la UTA, recluido en La Plata a quien le queda más cerca Lomas de Zamora que Olivos.

    Por ahora, Moyano surfea sobre esas disidencias que, claro, deja trascender para que Kirchner sepa que -una vez más- es el garante del acompañamiento sindical. Para eso necesita -y pide- gestos de Olivos y medidas sólidas desde la Casa Rosada que lo confirmen como jefe único.

    Es lo que los moyanistas críticos, sin poner en duda un segundo su alineamiento con el camionero, reclaman. « Antes, con Kirchner, Moyano estaba en todos los anuncios sobre temas de empleo y salario. Ahora parece que no nos quieren más tener cerca», se quejó un dirigente. Vueltas de la vida, el argumento que usa Moyano para apaciguar a los enojos sobre la «dependencia» del esquema K de la CGT, Duhalde lo aplicó cuando charló días atrás con hombres del moyanismo. «No hagan eso: si no los van a culpar de querer voltear al gobierno», les dijo. De eso, el bonaerense conoce algo.
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