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Otro dato: al «Lupín» local se lo llama tal cual se escribe, no con la fonética gala del «Lupán». Por lo tanto, no proviene el mote de esa Francia finisecular, elegante, con caballeros en el arte del delito como Rocambole, el justiciero Fantomas o la prosa de Gaston Leroux del misterio del cuarto amarillo. Sí, al extremarse los parecidos, uno podría encontrar en la ambigüedad de Arsenio Lupin -bandido que simultáneamente actúa como jefe de policía con especial talento para disfrazarse-cierta semejanza en un candidato con doble discurso que recurre e interpreta casi travestidamente y sin prejuicios a disímiles de mundos opuestos como Hugo Curto, Manuel Quindimil, Gustavo Béliz y Daniel Scioli con Nilda Garré, Rafael Bielsa, Miguel Bonasso y Eugenio Zaffaroni. Por no citar a Eduardo Duhalde. A ese espacio seguramente no concurre Arsenio Lupin, demasiado proceloso para él, se lo reserva al sureño «Lupín». El folletín, como se sabe, no se atreve a tanto de lo que se atreve la política.
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