1 de agosto 2006 - 00:00

De Gennaro abandona la CTA; ¿otro botín para Kirchner?

Víctor De Gennaro
Víctor De Gennaro
Dejó una puerta entornada para un «plan B». Pero Víctor De Gennaro comenzó a programar su retiro de la CTA para encabezar un «movimiento político» de centroizquierda, opositor a Néstor Kirchner. La vacante detonó, en un pestañeo, una feroz disputa por su sucesión.

Antes de fin de año, la CTA debe votar en elecciones nacionales su nueva conducción. Los comicios, todavía de fecha incierta, se habían previsto para setiembre, luego se mudaron a octubre y ahora se estiman para noviembre. Un calendario flexible. Digamos: apto para negociar.

Quizá para evitar ser expulsado, De Gennaro decidió desplazarse de la cima de la CTA para retomar un proyecto que dejó trunco en 2002 cuando quiso convertirse en el «Lula argentino», émulo criollo del presidente brasileño, militante de origen gremial, como De Gennaro.

Lula lo premia aún con su estima. El líder de la CTA fue el único dirigente argentino al que nombró en la ronda de presidentes de la cumbre de Córdoba. Kirchner, que alguna vez posó con Lula y De Gennaro en el Sur, no ocultó una mueca de disgusto.

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  • Tiempo atrás, el Presidente le avisó a Edgardo Depetri -diputado nacional por Buenos Aires, que construyó su carrera gremial desde Río Turbio, en Santa Cruz, desde donde saltó a ATE y de allí a la cúpula de la CTAque debían intentar la captura de esa central.

    Fue una reacción inevitable: de potencial aliado, De Gennaro se convirtió primero en un actor neutral ante el gobierno y terminó, a veces corrido por izquierda, parado abiertamente en la oposición al patagónico. Y la CTA quedó partida en dos, entre los pro y los anti-Kirchner.

    De allí, que el Presidente le sugirió a Depetri que sea el candidato en la CTA. La postulación llegó, por otra vía, a oídos de un ministro: Julio De Vido escuchó la sugerencia de Luis D'Elía para que el gobierno se encolumne detrás de la postulación de Depetri.

    De Vido escuchó una trifecta: además de Depetri a la General, se sugirió impulsar a Tito Nenna -docente de Capital Federal- y a D'Elía para las secretarías adjuntas. Eso implicaría un avance del kirchnerismo y empujaría a una disputa electoral en la CTA.

    Hay, sin embargo, otras alternativas. En las últimas semanas amaneció la opción de una conducción compartida. El formato sería el siguiente: Hugo Yasky de CTA en lugar de De Gennaro, flanqueado por Pablo Micheli de ATE y Milagros Sala, piquetera de la Tupac Amaru.

    Es útil radiografiar esta fórmula porque, a un mes del eventual cierre de listas -si no hay otra demora deberían ser en setiembre-, se perfila como una salida negociada, sin elecciones ni sangre, para que antis y pros compartan el mando de la CTA.

    Pueden surgir variaciones en los nombres, pero sirve la perspectiva integral. Yasky mutó de ultraopositor a moderado y ahora sintoniza con Daniel Filmus. Para el kirchnerismo es un crítico contenido; para los críticos, un kirchnerista en conversión.

    Micheli domina una porción de ATE, el gremio estatal, y tiene una disputa allí con Depetri. Encarna la postura opositora al gobierno pero no es un extremo como la izquierda del PO o el PC presente en la CTA. Como adjunto, representaría el ala De Gennaro.

  • Autonomía

    Milagros Sala requiere una presentación. Es jujeña, jefa de la agrupación Tupac Amaru, con más de 25 mil afiliados, y un armado político que los fines de semana se instala en las tribunas de Gimnasia y Esgrima de Jujuy, donde sus leales integran la barra Los Marginales.

    Tiene un enlace con Depetri, pero es autónoma y, además de su enfrentamiento cruento con el gobernador Eduardo Fellner, no se considera una kirchnerista incondicional.

    Ese esquema supondría, entonces, la conformación de una CTA con tendencia centrista, en una balanza donde los extremosson Depetri y D'Elía como ultrakirchneristas y del otro se ubican Claudio Lozano, el PS de los Basteiro y el PC, como opositores férreos.

    Supone, quizá, el plan perfecto para De Gennaro que, con aires proféticos, advierte que «en el progresismo» se irá acrecentando la decepción con Kirchner. El mismo, siquiera aislado, es una prueba: vitoreó al patagónico y ahora lo repudia.
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