16 de julio 2001 - 00:00

De la Rúa negoció mutis de Alfonsín

Fernando de la Rúa intentó hasta el mediodía de ayer que Raúl Alfonsín y, con él, parte de la dirigencia de la UCR y del Frepaso se incorporaran a un acuerdo alrededor del ajuste que diagramó el Ministerio de Economía. El último intento lo realizó Chrystian Colombo durante la mañana, cuando visitó a Alfonsín en su domicilio. No fue una buena reunión, como era previsible: el ex presidente le reprochó la impermeabilidad de Economía a las sugerencias provenientes desde el partido. A su vez, el jefe de Gabinete le echó en cara que la propuesta de radicales y frepasistas fuera demasiado precisa y, al estar redactada con medidas concretas, obligara al gobierno a echarse atrás en determinaciones que habían sido ya publicadas la semana anterior. Hacía tiempo que Alfonsín no escuchaba a un funcionario tan irritado como Colombo ayer por la mañana.

El programa en discusión había sido elaborado, desde el jueves pasado, con intervención de Eduardo Felletti, Lorenzo Donoe, Mario Brodersohn, Juan Sourrouille, Mario Quatromo y Eduardo Hecker y que sintetiza políticamente las posturas de Alfonsín, Aníbal Ibarra, Juan Pablo Cafiero y Darío Alessandro. Más allá de la razonabilidad de este programa de ajuste que intenta evitar que se realicen recortes a las jubilaciones, en la casa del Presidente se convencieron de que admitir hoy una revisión del paquete hubiera significado una desautorización al gobierno capaz de llevarlo al borde de la disolución.

Formalmente, la relación con Alfonsín quedó planteada en estos términos: el gobierno dirá oficialmente que estudiará su propuesta, y el ex presidente guardará silencio sobre lo que, de hecho, fue un gesto de autoridad en su contra. Mientras tanto, Colombo formuló un desafío: si no se quieren tocar las jubilaciones, los legisladores deberían aprobar el decreto de ajuste como ley, conseguir la rebaja de salarios judiciales y legislativos (también se requiere del Congreso) y extender el impuesto al cheque a cooperativas y mutuales.

Colombo se dirigió a Olivos desde lo de Alfonsín e informó al Presidente sobre el resultado de la visita. Fue en ese momento en que De la Rúa resolvió lo que venía cavilando desde la madrugada anterior: no esperar más y avanzar hacia un acuerdo con las provincias en el que el presidente del radicalismo y la conducción del Frepaso quedarían, si no enfrente, por lo menos, al costado de la escena.

Aprobación

El desafío para el Ejecutivo fue conseguir la aprobación de los gobernadores de la Alianza, pertenecientes a un partido, la UCR, que orgánicamente criticó la propuesta. En rigor, De la Rúa tenía una tarea delicada por delante: exhibir a Alfonsín como un líder partidario aislado a un microclima de la UCR bonaerense y de un par de dirigentes del Frepaso. Anoche se fue a dormir con la sensación de haberlo logrado. Los gobernadores del oficialismo se reunieron con Colombo, Ramón Mestre y Domingo Cavallo en el Ministerio del Interior. La negociación para que aprobaran el pacto de ajuste con el Ejecutivo se había iniciado ya la semana pasada, pero ayer al mediodía tuvo algunas instancias inquietantes. El chaqueño Angel Rozas fue el más exigente a la hora de firmar, intranquilo por algunos compromisos de su provincia. En cambio, el sanjuanino Alfredo Avelín fue quien le dio electricidad al encuentro. Al toparse con Cavallo, le gritó: «Usted tiene que retirarse de aquí, tiene que irse al carajo de una vez por todas, porque se trata del gran culpable de todos los males que tiene la Argentina». El ministro de Economía estaba urgido por un almuerzo, así que se fue, como si hubiera obedecido.

Para De la Rúa, la suscripción de ese acuerdo fue clave, y por eso lo festejó en Olivos cuando, desde Interior, los gobernadores fueron a visitarlo. No sólo los jefes provinciales de su partido habían aceptado su propuesta, a pesar de la disidencia de Alfonsín. También Ibarra, que avaló el plan alternativo gestado en la casa del ex presidente estaba allí, estampando su firma. Claro, las provincias se garantizaban en el pacto la integración de $ 1.000 millones para el Fondo Fiduciario, algo que tiene más fuerza que cualquier delicadeza técnica o ideológica para administraciones acosadas por la falta de recursos a la hora de pagar sueldos y aguinaldos.

Antes de firmar, los gobernadores radicales se habían garantizado que el peronismo tendría flexibilidad ante la oferta oficial. Como si se tratara de un juego dialéctico, los peronistas ablandaron sus pretensiones cuando vieron que sus colegas de la Alianza aceptaron el acuerdo. De la propuesta de Alfonsín y el Frepaso, anoche, los funcionarios de De la Rúa no querían aceptar nada, salvo que se aprobaran aquellas tres leyes casi imposibles propuestas por Colombo. Uno y otro bando del oficialismo hacen una apuesta distinta respecto del grado de aceptación que tendrá el ajuste entre sindicalistas, empleados públicos, piqueteros y otros descontentos. El peronismo, mientras tanto, mira.

Dejá tu comentario

Te puede interesar