De la Rúa, Pascual, Colombo, Alfonsín, Terragno y Moreau
Cualquiera advierte que la premisa «el gobierno es ajeno a la disputa electoral» es un ardid de poca vida, aunque haya que seguir escuchándolo hasta el 14 de octubre y después, sobre todo si los resultados no son favorables a Olivos. Esto es así al punto de que Fernando de la Rúa acaba de constituir un comando de campaña en la clandestinidad, es cierto que mínimo, que se articula alrededor de dos voluminosas figuras de su equipo: el jefe de Gabinete, Chrystian Colombo, y el presidente de la Cámara de Diputados, Rafael Pascual.
El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
Además de estos dos dirigentes, aportan a la tarea Darío Richarte (SIDE) y Lautaro García Batallán (segundo del Ministerio del Interior y titular del club de fans de Leopoldo Moreau), encargados de monitorear el mapa nacional para detectar dónde se ofrecen las mejores posibilidades para la UCR.
La idea de hacer funcionar un comando central va en contra de la estrategia del oficialismo, que consiste en hacer creer que en los comicios del 14 de octubre se discuten solamente cuestiones locales, casi de pueblo. Esto es cierto sólo parcialmente. En la reunión con legisladores y candidatos a diputado que organizó Pascual el jueves pasado, quedó claro que hay pronunciamientos e iniciativas del gobierno que resultan perjudiciales para los candidatos que defienden los colores de la UCR.
Allí se mencionaron los anuncios de Domingo Cavallo sobre «retoques» en el pago del aguinaldo que, como dijo un diputado del interior, «los podría hacer después de las elecciones». Otro radical comentó que «si se forma el comando de campaña, que por lo menos garantice neutralidad del gobierno, ya que no podemos pedir favoritismo. Por ejemplo, que (Juan Pablo) Cafiero no se dedique a hacer actos con gobernadores del PJ para repartir asistencia social».
Cafiero está sospechado por el oficialismo: todos suponen que después de las elecciones se marchará con Eduardo Duhalde, a ocupar el lugar que dejó vacante su hermano Mario, ahora en el ARI de Elisa Carrió.
Es cierto que hay situaciones locales que la Casa Rosada quiere aprovechar en favor de los candidatos radicales, como la crisis que atraviesa el PJ formoseño (ya llegó a la Justicia con impugnaciones al sector de Vicente Joga, que quiso concurrir con la UCR a las elecciones provinciales del próximo 30) o la disidencia que se abrió en el Movimiento Popular Fueguino, capaz de potenciar a los candidatos del gobierno en el Sur. Pero la verdadera inquietud de De la Rúa y sus hombres es lo que pueda suceder en el área metropolitana. Para ponerlo en términos concretos: al gobierno se le presenta una pesadilla insoportable que es el eventual triunfo de Alfredo Bravo -con el auspicio de Elisa Carrió- en la Capital y la posibilidad de que Raúl Alfonsín se ubique tercero en la provincia de Buenos Aires.
Para evaluar esos distritos se encargó una encuesta al estudio Catterberg (que por pasión gastronómica Pascual y Colombo denominan «estudio catering») que revela que en la Ciudad la Alianza se mantiene a la cabeza y que Alfonsín está 14% debajo de Duhalde, pero con tendencia a salir segundo (a propósito de Duhalde, no todas son rosas: en San Isidro está tercero después de Luis Patti y el jefe radical).
Colombo tiene pensado reunirse con Terragno, su antecesor, para coordinar una estrategia capaz de hacer coincidir los intereses del oficialismo con la propensión del candidato a la disidencia. Ayer alguien intentó lo mismo que el jefe de Gabinete, pero con un método menos ortodoxo. Se realizó una pegatina en el centro de la Capital con carteles que mostraban a De la Rúa golpeando la mesa debajo de la leyenda «A votar a Terragno». Al pie de la lámina los afiches decían: «Es la consigna de nuestro presidente». Era evidente que esa publicidad tenía algo de «trucho». Ya nadie llama a De la Rúa «nuestro presidente»; ni Nicolás Gallo.
Dejá tu comentario