21 de octubre 2019 - 00:12

Mano dura vs. "es más complejo", en seguridad, y pases de factura por las denuncias judiciales

Segundo y último debate con duros cruces entre los candidatos. Espert, otra vez cómodo en su rol de aguijonear a los dos principales postulantes y Del Caño, ajustado al libreto de la izquierda. Narcotráfico, en boca de todos.

Debate
Télam

El eje temático de la seguridad hizo más nítidas las diferencias entre la mitad de candidatos adscripta a la denominada “mano dura” respecto de los otros tres, que oscilaron entre apuntar a las causas sociales de la delincuencia y chicanear a sus competidores.

En el primer pelotón se destacaron los dichos de Mauricio Macri acerca de que el kirchnerismo “abandonó a las víctimas” del delito y “menospreció a las fuerzas de seguridad” y las coincidencias entre Juan José Gómez Centurión y José Luis Espert respecto de no permitir cortes de tránsito por protestas sociales. En tanto que Alberto Fernández y Roberto Lavagna buscaron hacer equilibrio (el primero apuntó a la desigualdad, el economista a la capacitación de las fuerzas de seguridad) y Nicolás del Caño focalizó en el “gatillo fácil” y la “doctrina Chocobar”de Patricia Bullrich y comparó a Miguel Pichetto con el personaje de ficción “Micky Vainilla”.

Otro eje que sirvió para los cruces fue el del narcotráfico: Macri alegó que durante la gestión de Fernández como jefe de Gabinete “la Argentina importó 20 mil kilos de efedrina” y Gómez Centurión sostuvo que esa actividad “instaló estados paralelos con leyes y códigos mafiosos a través de la violencia”, que a su criterio “generó un país productor y exportador de drogas”. Del Caño, a su turno, recordó que “el 65% de las causas (judiciales) son para perseguir a pibas o pibes por consumo” y propuso “legalización completa de la marihuana” por entender que “la ilegalidad es el negocio de los narcos”. Alberto Fernández aprovechó para chicanear a Macri (“por suerte no somos iguales, Presidente”) y dijo que en la actual gestión “el consumo de cocaína y marihuana aumentó, y el negocio ha proliferado”.

El capítulo de Federalismo, Calidad Institucional y Rol del Estado terminó por derivar hacia los casos de corrupción del kirchnerismo y el macrismo. Alberto Fernández salió a la ofensiva al recordar que “Macri dijo que iba a poner orden y calidad institucional pero nombró dos jueces de la Corte por decreto” y mencionó las causas que salpican al jefe de Estado en relación con “los parques eólicos”, el blanqueo de capitales por parte de su hermano y “qué va a pasar con el Correo”. También se refirió a la relación con la prensa: “Todos los que me reclamaban una entrevista la tuvieron. Macri les exigió protección a los dueños de los medios. La prensa corre peligro con Macri, no conmigo”.

El jefe de Estado recogió el guante: “quieren libertad de prensa pero fantasean con una Conadep para juzgar a los periodistas como si fueran terroristas de Estado. Y dicen que los que están presos son políticos. Son tantas las diferencias que tenemos que ellos no ven ni aceptan que Maduro es un dictador”. A continuación martilló sobre la intervención del Indec en el kirchnerismo. De paso, sorprendió con una referencia directa a Hezboláh como responsable del atentado contra la sede de la AMIA, en 1994.

“Macri y Alberto Fernández deberían abrazarse. Muchachos, abrácense, tan diferentes no son”, terció Espert en alusión al tópico de calidad institucional. El economista planteó la necesidad de eliminar la coparticipación y de que “cada provincia se financie con recursos propios y que gaste en función de lo que puede generar” y en todo momento se refirió a sí mismo como el candidato de las propuestas difíciles pero “realistas”.

Gómez Centurión dijo que kirchneristas y macristas “son fuerzas hilvanadas por la corrupción” y sostuvo que mientras Cristina de Kirchner “tiene ocho procesamientos” e instauró una “cleptocracia”, Pichetto, candidato a vice de Macri, “trabajó y protegió los fueros” de la exmandataria.

A su turno Del Caño volvió sobre las causas por corrupción de la actual administración y mencionó el Correo y el nombramiento del ex Shell Juan José Aranguren en Energía, y propuso “una asamblea constituyente libre y soberana”. También destacó la necesidad de la elección directa de jueces y la implementación del juicio por jurados, para cerrar con el latiguillo clásico de la izquierda que propone igualar sueldos de los funcionarios a los de un docente.

Mientras que Lavagna se refirió más en extenso al federalismo al criticar la “expansión permanente del conurbano” y marcar la necesidad de un desarrollo parejo en el interior mediante una política tributaria y crediticia”. También reclamó poner un freno al dictado de decretos de necesidad y urgencia y aumentar el control sobre el poder de los presidentes.

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