Los conjueces designados por la Corte Suprema de Justicia podrían decidir hoy si el tercer senador porteño será Gustavo Béliz o el socialista Alfredo Bravo.
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Aunque la intención de la Corte es definir el tema esta semana, es posible que vuelva a demorarse una resolución, sobre todo después de que Bravo recursara al ministro Juan Carlos Maqueda para votar a quien le corresponde la banca.
Los conjueces convocados para decidir sobre la cuestión son Guillermo Galli, Eduardo Vocos Conesa, Juan Carlos Poclava Lafuente, Ana María Cappolupo de Dura-ñona y Vedia, Antonio Pacilio, Mirta Tyden de Scanata, Ricardo Planes y Enrique García Vitor y Santiago Kiernan. Pero sucede que el camarista Kiernan se jubiló, por lo que deberá también ser reemplazado.
La disputa Béliz-Bravo es una vieja pelea judicial. En las elecciones de noviembre de 2001 el socialista obtuvo más votos que Béliz, pero como lo consiguió encabezando dos listas la Cámara Nacional Electoral le otorgó la banca al ex ministro del Interior.
La Cámara revocó así una resolución de primera instancia de la Junta Electoral que había ungido al socialista como senador por la minoría de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.
Al entender que los votos de ambas listas que llevaban a Bravo no debían sumarse, la Cámara explicó que si se diera esa hipótesis, «aquellos que votaron que la banca senatorial debería corresponder al Partido Nuevo Milenio vieron sus votos corridos de partido».
Los jueces recordaron que el artículo 54 de la Constitución establece que la tercera banca corresponde «al partido político» que obtenga el segundo lugar en número de votos. «No se niega a los partidos políticos la posibilidad de oficializar candidaturas comunes, pero sí se pretende que la sumatoria de los votos obtenidos por cada uno debe cumplirse con la reglamentación correspondiente a la configuración de alianzas transitorias», agregaron.
Bravo, que ya había asumido la banca, denunció una «burla a la voluntad popular». Y hace poco, el procurador de la Nación, Nicolás Becerra, le dio la razón al sostener en un durísimo dictamen dirigido contra la Cámara que la banca correspondía a Bravo.
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