Defensa quiere acercarse a Chile
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Dio la orden de zarpada a naves de la Armada que partieron el sábado de Ushuaia para cumplir con la tercera Patrulla Naval Antártica Combinada. Las armadas de Chile y de la Argentina compartirán nuevamente la responsabilidad de controlar los niveles de contaminación, afectaciones al medio ambiente, derrames de hidrocarburos y salvatajes en una vasta porción marítima que rodea la península antártica. En las maniobras intervendrán dos buques auxiliares: el Suboficial Castillo de la Armada argentina y el Leucotón de la armada chilena, más dos aeronaves preparadas para la búsqueda y rescate.
En efecto, la expedición científica compartida es una etapa más en la integración con Chile luego de décadas de desencuentros por diferendos limítrofes. El tema de los Hielos Continentales fue el último escollo superado en la relación bilateral, tras una prolongada negociación que protagonizaron los entonces presidentes Eduardo Frei y Carlos Menem.
Mugnolo destacó que el comando antártico del Ejército proveerá helicópteros y aviones necesarios para trasladar a los científicos de la Dirección Nacional del Antártico y darán el apoyo logístico dadas las características inhóspitas de la región.
El compromiso de cooperar en tareas de investigación fue parte de la declaración conjunta que firmaron el 20 de agosto pasado Ricardo Lagos y Fernando de la Rúa.
López Murphy es consciente de que los brasileños se afanan en atraer bajo su esfera de influencia a los uniformados argentinos. La Armada, dicen en el gabinete del ministro, parece ser la predilecta de la «seducción carioca». Una serie de proyectos bilaterales ataron la suerte y la doctrina naval al pensamiento brasileño: reparación del submarino Santa Cruz, adiestramiento de pilotos navales argentinos en el portaaviones Minas Gerais, preparación de pilotos navales brasileños como señaleros de portaaviones a cargo de argentinos, asesoramiento técnico a los brasileños para adquirir los aviones A4 kuwaitíes que hoy integran la dotación del Minas Gerais.
En cambio, esos analistas observan que el mayor proyecto de integración con los chilenos: la construcción con-junta de una fragata misilística en los astilleros ASMAR de Talcahuano que se conoce como proyecto Tridente, languidece en carpetas por cuestiones de presupuesto. La iniciativa nació como medida de incremento de la confianza mutua pero a regañadientes se reconoce que la morosidad tiene aristas políticas: fue alumbrada durante el gobierno de Menem y de Frei.
El problema del almirante Jorge Patricio Arancibia, comandante en jefe de la armada chilena, es que tiene comprometida casi la totalidad de los recursos que aporta la denominada Ley Reservada del Cobre en la compra de dos submarinos tipo Scorpene, fabricados en Francia por DCN (Directions des Constructions Navales). Y en la Argentina los marinos sufren la realidad que planteó López Murphy ante dirigentes radicales de la capital y del conurbano en una cena política: «todavía se necesita pedir más esfuerzos a la sociedad para salir de la crisis».




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