Peregrinaje hoy de Néstor Kirchner a Luján para agradecerle a la Virgen el resultado electoral que le prometen las encuestas y, de paso, inaugurar las obras en la Basílica que se realizaron con aportes del gobierno -uno de los primeros subsidios otorgados por el ministro Julio De Vido- apenas inició el Presidente su administración. Casi un desafío para quienes ubican a Kirchner lejos de la Iglesia Católica, la misma que a veces reconoce más gestos concretos que declaraciones inoportunas.
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Para ciertos sectores de su entorno, « progresistas» para encontrarles una denominación, esta fotografía del día con el obispo de Luján y Mercedes, monseñor Rubén Di Monte, no constituye la mejor de las noticias: lo incluyen al prelado en sectores conservadores, afines por ejemplo con el cuestionado oficialmente Antonio Baseotto. En general, esos revulsivos kirchneristas no aceptan a ningún cura, pero menos a los de la línea Di Monte. Por citar a uno de los críticos, al margen de los conocidos, hay que mencionar al ex intendente de Avellaneda y hoy funcionariode Cancillería (aunque opera como gestor de adhesiones bonaerenses) Oscar Laborde, quien en el pasado tuvo más de un encontronazo con el obispo cuando éste conducía la Diócesis. Ideologías diferentes, claro, aunque igual Laborde nunca demostró demasiada versación sobre el marxismo.
Para este núcleo, además, la visita y el abrazo con Di Monte -amigo, por otra parte, de otros que no son amigos de Kirchner- le resultan contradictorios con la demanda oficialista para que los actos capitalinos del mandatario (pro Rafael Bielsa) sean acompañados por representantes de organizaciones de derechos humanos. Sobre todo, desde que Hebe de Bonafini sugirió la conveniencia de que sus simpatizantes voten por la administración Kirchner y sus representantes. Pero, ¿acaso el jefe de Estado podría llevar a la Bonafini al acto de hoy en la Basílica de Luján? O, a la inversa, ¿podría el Presidente llevar a monseñor Di Monte a compartir un acto con la Bonafini? Seguro que no, pero él sí por ahora tiene la ductilidad de estar en las dos iglesias. O en todas.
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