Desafió el gobierno a buitres del campo

Política

«¿Quieren volver al paro?... que vuelvan. Al gobierno no le van a manejar los tiempos.» En una Casa Rosada vacía, efecto colateral de la visita de Cristina de Kirchner a París, la amenaza suena más estruendosa: la pronunció, anoche, un ministro.

Fue una respuesta a la ola de quejas de dirigentes y productores rurales por la demora, que imputan al gobierno, en retomar el diálogo. El dato es preciso: a casi una semana de la suspensión del paro no hubo contactos formales entre el campo y la Casa Rosada.

En cinco días, desde Balcarce 50 se mandaron tres mensajes ficticios: en todos se avisó que era inminente la convocatoria para montar la mesa de negociación. Nunca se concretó.
Anoche circuló una versión sobre una cita el miércoles con Martín Lousteau.

El punto, de todos modos, ya no pasa por una cuestión temporal sobre cuándo se producirán los contactos. «No esperen una reunión imponente: se los va a recibir para hablar de las medidas que están en marcha. Nada más», advirtió el ministro citado más arriba.

Es decir: la charla con los ruralistas será a «libro cerrado». No hay voluntad en el gobierno de establecer una discusión sobre las medidas más allá de debatir la implementación de las que fueron anunciadas por Alberto Fernández primero y por Lousteau después.

Tampoco, por tanto, intención del gobierno de reabrir la discusión sobre las retenciones. Apenas gestual, ayer se informó sobre la creación de la Subsecretaría de Desarrollo Rural, una vieja promesa que Javier de Urquiza les hizo a los ruralistas en octubre pasado.

¿Se prepara Felipe Solá para ocupar el lugar de De Urquiza y mientras tanto mantiene contactos oficiosos con dirigentes rurales? Desde el gobierno, insisten que el ex gobernador no será funcionario pero de allí partió, en su momento, la versión que ahora niegan.

Ese clima es el que manda en Casa Rosada y responde a una táctica, hasta ahora frustrada, de quitarle volumen al conflicto con el campo. La teoría abrazada por los Kirchner de que el gobierno salió airoso de la crisis y ahora lleva las de ganar.

  • Buitres

    Por eso, sin rubor, torean con tono desafiante a que, si quieren, que «vuelvan con el paro». A su modo, salvando las distancias, los chacareros podrían ser comparados con los «holdouts» que no entraron al canje de deuda y pulsean contra el gobierno. Los tienta la idea de comparar a los productores que reclaman una mayor rentabilidad con los «fondos buitre» que no aceptaron una quita de la deuda. Y, por eso, los desafían a volver a los piquetes.

    La hipótesis oficial se basa en el supuesto de que el desabastecimiento se sintió en sectores medios y que eso generó un giro en la simpatía por la protesta del campo. Los que al principio saludaban la rebeldía luego se impacientaron cuando comenzaron a ver góndolas desiertas y precios en alza, interpretan en Casa Rosada.

    Los sondeos de las encuestadoras revelan lo contrario: que la imagen del gobierno de Cristina de Kirchner perforó el piso de 40% que jamás siquiera rozó durante los cuatro años y medio de mandato de Néstor Kirchner.

    El menú de reintegros y subsidios con que el jefe de Gabinete tratará de calmar a los ruralistas choca, además, con una complicación burocrática: hace al menos un año que Guillermo Moreno dice que rige un sistema de compensación que por algún motivo no llega a los chacareros. ¿Por qué, esta vez, será diferente y el sistema funcionará sin burocracia?, podrán preguntarle las entidades al ministro que ya tiene ensayada una respuesta: es culpa de Moreno, dirá aprovechando la crisis para dinamitar a uno de sus enemigos en el elenco K.

    Con Alfredo de Angeli convertido en una especie de Juan Carlos Blumberg rural -en Casa Rosada admiten que el entrerriano es un «caso serio», inmanejable- de ronda por las provincias incentivando levantamientos es cada día más profuso el coro de chacareros enojados.

    La apuesta al desgaste, que dio resultado con los piquetes, podría esta vez volverse no funcional. La tregua de 30 días, de la que ya se consumió una semana, no hay hecho otra cosa que permitirles a los productores reorganizarse y prepararse para el segundo round.

    Esta semana, luego de su viaje a París, y con la excusa de la visita de Tom Shannon, la Presidente buscará sacar de la agenda diaria el enojoso asunto del campo. Ella evitará referirse al tema y se zambullirá en otras cuestiones. Como si el silencio propio pudiera apagar el grito ajeno.
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