Cualquier ideología, marxista, liberal, neoliberal y hasta populista no pueden menos que coincidir en que el desarrollo del capital nacional -sin ningún tipo de nacionalismo u odio al capital externo- es lo ideal para cualquier país. Lo es porque el empresariado nacional que crezca con capitalización significa asegurar mejor reinversiones en el país si logra rentabilidad. Además, tiende a promover connacionales ejecutivos y no a traerlos del exterior, o sea mejora el capital humano local. Finalmente, conviene porque empresas de capital nacional están más comprometidas con el país donde se desarrollan, tanto en cuanto a colaborar con el contorno cultural, el entretenimiento social por caso en deportes, el desarrollo de la prensa local. No es lo mismo que empresas multinacionales cumplan con su «cuota argentina» sponsoreando a la Selección nacional de fútbol que YPF cuando era argentina y financiaba la ya perdida fecha del calendario internacional de Fórmula 1, dicho esto sin que nadie sensato sueñe con aquella YPF estatal que por la burocracia y los desbandes sindicales era la única petrolera en el mundo -en un país con petróleo- que perdía dinero anualmente.
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Pero lo que alarma del gobernador de Santa Cruz no es que defienda el capital nacional, por ejemplo a la manera brasileña, que al privatizar sus teléfonos dividió el país no en 2 sino en 3 zonas y reservó exclusivamente una para capital local de Brasil, que la pudo obtener a precio bajo por el resguardo. Sí alarma que Kirchner diga capital nacional «en los servicios públicos».
¿Qué significa? En la mente estatizante y desprejuiciada sobre emisión de moneda del santacruceño, en realidad quiere decir «tarifas bajas» en empresas públicas no rentables pero que de ser así, inevitablemente, tienen que ser subsidiadas desde el Estado. No una como puede ser hoy ferrocarriles sino todas. Con este concepto, es lógico que no valorice, como dijo ayer, el control de la emisión monetaria, un hito básico en la economía de cualquier país.
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