6 de agosto 2008 - 00:00

Desde que asumió Kirchner en el PJ, ya se fueron 20 dirigentes que él designó

Desde que asumió Kirchner en el PJ, ya se fueron 20 dirigentes que él designó
En dos meses como jefe formal del peronismo, Néstor Kirchner rompióun récord: se distanció ya de unos veinte integrantes del consejo del PJ. En un maratón de enemistades, contaminó su relación política con un cuarto de ese cuerpo partidario y ha puesto en emergencia la capacidad de control del partido que gobierna la Argentina.

Con algunos, como Juan Carlos Romero, renovó antiguas disidencias. Con otros, como Carlos Reutemann y Jorge Busti, entró en colisión durante el conflicto entre el gobierno y el campo. Entre un extremo y otro, hay un universo de dirigentes que ya no le responden. Ni su opositor más rabioso soñó tanta disipación de poder en tan poco tiempo.

El caso emblemático es el de Alberto Fernández. El ex jefe de Gabinete no se habla con los Kirchner. Ni con Cristina ni con Néstor. El patagónico no lo considera -aún- un traidor pero lo enfrizó. El porteño dice no hacer antikirchnerismo pero no se guarda ningún reproche.

Mano derecha de Kirchner en la última década -y hasta hace dos semanas un satélite inescindible del planeta K-Fernández es el jefe del peronismo porteño y, en mayo, fue nominado por el patagónico como secretario general del PJ nacional. Preserva esa butaca pero nadie sabe hasta cuándo.

El distanciamiento de Fernández es el reflejo más estruendoso de la crisis peronista que dinamitó la relación del ex presidente con un puñado de caciques territoriales y, como mínimo, enfrió la simpatía y relativizó el alineamiento incondicional de otros.

De los 76 cargos que tiene el Consejo Nacional del Justicialismo, unos 20 están ocupados por dirigentes que se alejaron de los Kirchner o tienen fuertes diferencias, aunque no siempre las expresen públicamente. A continuación, el detalle:

  • El ex jefe de Gabinete Alberto Fernández es el cargo más poderoso del partido detrás de la vicepresidencia que ocupa Daniel Scioli. En la práctica, salvo reproducir un power point sobre las virtudes de las medidas oficiales para el campo, el porteño no llegó a asumir operativamente ese cargo. Dice que quiere hacerlo.   

  • Otro que tomó distancia con la Casa Rosada fue Mario Das Neves, secretario de Coordinación del PJ. El chubutense coquetea con Eduardo Duhalde, de quien fue funcionario entre 2002 y 2003, y se muestra como la expresión del poskirchnerismo. Fue, apenas atrás de Juan Schiaretti, el gobernador del PJ que más firmemente cuestionó el modo en que el gobierno manejó la crisis del campo.

  • Entre los 22 secretarios del partido, otro dirigente tomó claramente distancia de Kirchner. Se trata del cordobés Carlos Caserio (Economía y Producción), que tributa en paralelo a Schiaretti y a José Manuel de la Sota. En rigor, el gobernador de Córdoba -que ocupa una vocalía- también tomó distancia del gobierno. Pagó, días atrás, el costo de esa rebeldía.   

  • En el universo de los gobernadores, otros han expresado disidencia. Oscar Jorge, de La Pampa, fue hipercrítico de la política agropecuaria instrumentada por la Casa Rosada. Una oportuna y sigilosaintervención de Florencio Randazzofrenó una manifestación pública de esas quejas. El mendocino Celso Jaque, en tanto, se despegó de la ferocidad nacional y digitó vínculos diferentes con los chacareros de su provincia.

  • El cuidado con que los gobernadores, siempre sometidos al antojo de la Casa Rosada, no se registró entre el pelotón de díscolos que ocupan vocalías en el partido. A todos ellos, Kirchner los convocó en persona a Puerto Madero para pedirles que se sumen a la normalización del partido, proceso que anticiparía -prometióuna modernización y democratización del PJ. A poco más de 60 días de aquellas charlas, el entrerriano Jorge Busti, el santafesino Carlos Reutemann, el pampeano Rubén Marín, el salteño Romero y el bonaerense Felipe Solá son considerados « traidores» por el ultrakirchnerismo. En Diputados y Senado, votaron en contra de la Resolución 125.   

  • Son, no casualmente, todos ex gobernadores, algunos de los cuales convivieron con el Kirchner que gobernaba Santa Cruz. Ostentan, además, la jefatura de los PJ de sus provincias. Ocurre con Romero en Salta y con Reutemann en Santa Fe (lo hace a través de Rubén Spinozzi). Busti, que presidía el partido en Entre Ríos, cedió ese lugar a Urribarri. Es decir: no sólo se alejaron, o rompieron las treguas selladas con Kirchner en el PJ nacional, sino que también dominan a los peronismos de sus provincias, lo que multiplica el impacto de sus disidencias con el ex presidente.

  • A ese club de cuatro ex gobernadores que Kirchner mandó a buscar para sumarlos al PJ -lo hizo con Reutemann, Romero y Marín, en particular, porque Felipe Solá nunca, más allá de matices, se había apartado del rebaño K-deben sumarse otros dirigentes de peso del peronismo. Jorge Obeid, por caso, no llegó más lejos en su distanciamiento con el gobierno sólo para no parecerse demasiado a Reutemann. Votó, incluso, a favor de ratificar, la 125 pero actuó por verticalidad partidaria y dejando, en claro, que no compartía ese proyecto. Es más: días después, presentó una ley propia.   

  • En Buenos Aires, un caso testigo fue la negativa de Graciela Camaño a acompañar el proyecto K sobre retenciones móviles. Por esa razón, sobre Camaño pesa la amenaza de desplazarla a fin de año de la Comisión de Asuntos Constitucionales de la Cámara baja. Los mismos que empujan esa cacería son los que proponen, dentro del PJ, que se desplace a los díscolos que ocupan cargos en el Consejo Nacional. Ayer, desde el PJ kirchnerista, le bajaron el tono a esa posibilidad. De hecho, formalmente todavía no se podría actuar en esa dirección: recién la semana próxima, aterrizará en la Justicia la nómina definitiva de autoridades del PJ. ¿Se caerá alguno de los rebeldes durante el trayecto de la calle Matheu al despacho de la jueza María Servini de Cubría?

  • Entre los jefes territoriales, hay otro vocal que tomó distancia del gobierno: Dalmacio Mera es el presidente del PJ de Catamarca y responde a Luis Barrionuevo. Mera llegó a solicitarle al PJ nacional un castigo «ejemplar» contra Ramón Saadi, uno de los votos que la Casa Rosada votó a favor de las retenciones móviles a horas de la votación en el Senado. Mera argumentó que el enjuiciamiento partidario de Saadi no es por el voto a favor sino por la vaporosa negociación previa que llevó adelante el senador para definir su voto a favor del proyecto oficial.   

  • Heridos de otros procesos se suman a la colección de díscolos. José Luis Lingieri, furioso con Hugo Moyano, morigeró sus estridentes apologías kirchneristas. Antonio Caló, que salió golpeado de la interna de la CGT y retrocedió más de un casillero en la UOM, también quedó debilitado.

    Víctor Santa María, escolta de Alberto Fernández, había comenzado a expresar disidencias antes de la renuncia del ex jefe de Gabinete. Entre tantas lejanías, Kirchner se anotó un poroto propio: Eduardo Camaño, que ingresó como parte del fallido acuerdo con Roberto Lavagna, ahora integra el ejército K, donde fue enrolado por mérito de Julio De Vido.
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