Los líderes opositores lucieron ayer apáticos ante la renuncia de Felisa Miceli al Ministerio de Economía a partir de la polémica e inexplicable aparición de un bolso con más de 60 mil dólares en su baño privado. Mauricio Macri, recién llegado de París, Roberto Lavagna, preparando un ritual aborigen en Tilcara, y Elisa Carrió recorriendo las provincias para presentar su Coalición Cívica, ignoraron el sacudón político que padeció Néstor Kirchner y su esposa, Cristina, a menos de 48 horas de la presentación oficial de la candidatura presidencial de la primera dama.
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La falta de reflejos de la oposición no es un fenómeno nuevo pero tras la renuncia de Miceli quedó evidenciado que los principales detractores del kirchnerismo sufren de una especie de autismo político en plena campaña para las elecciones presidenciales del 28 de octubre. Asesores radicales y macristas ya se habían alertado por este fenómeno el miércoles de la semana pasada cuando el Frente para la Victoria hizo caer la sesión de la Cámara de Diputados para evitar que el recinto se transformara en una tribuna de críticas contra las cuestionadas Miceli y Romina Picolotti.
Ese día, la sesión estaba convocada para comenzar a las 15, como ocurre habitualmente. Pero el Salón de los Pasos Perdidos, que está pegado al recinto de la Cámara baja, lució vacío hasta después de las 17. Se entendía la maniobra kirchnerista de no dar quórum y esconder a sus propios diputados para silenciar las denuncias y los pedidos de interpelación a sus ministros y secretarios. Pero nadie, ni siquiera las segundas líneas de la UCR y el PRO, entendían la ausencia de figuras como Fernando Chironi, jefe del bloque radical, Federico Pinedo, líder del PRO o de los lavagnistas Jorge Sarghini y Eduardo Camaño.
Pasos Perdidos es el habitual escenario de contacto entre la prensa y los diputados. Pero en la sesión de la semana pasada el salón lucía inhabitado. En vez de aprovechar ese espacio para difundir sus críticas y denuncias los diputados opositores permanecieron en sus despachos, en herméticas reuniones de bloque o en el comedor del 5º piso del edificio anexo. Ingenuamente se reservaban para vaciar su artillería antikirchnerista en una sesión que nunca llegó.
La imagen más clara de esa desidia opositora se produjo pasadas las 17 del miércoles pasado. Ricardo López Murphy apareció de imprevisto en Diputados para asistir a la jura del abogado Julián Obligio en reemplazo del renunciante Mauricio Macri. El ex ministro de Economía, que suponía que el pleno se encontraba sesionando, se acomodó en uno de los palcos para presenciar la sesión pero había apenas 40 legisladores de los 129 necesarios para llegar al quórum. Ninguno del PRO, con las honrosas excepciones de Esteban Bullrich y Hugo Martini. Ni radicales ni lavagnistas. Había más oficialistas que opositores, y eso que el Frente para la Victoria era el principal interesado en no sesionar. Ante el desolador panorama, el jefe de Recrear se levantó y se fue.
Repetición
El síntoma de parálisis opositora se volvió a repetir ahora con la escandalosa renuncia de la ministra de Economía. La candidata presidencial Elisa Carrió apenas manifestó que la de Miceli «es una caída por lisa y llana corrupción». Su diputado Adrián Pérez, quien denunció penalmente a la ex funcionaria a raíz del hallazgo de la bolsa con dinero, aseguró que «parece que todas las argumentacionesdel gobierno para tratar de tapar los hechos de corrupción con el transcurso de la investigación quedaron en el aire y se va develando la verdad».
Otro presidenciable, Lavagna, prefirió no pronunciarse en forma pública sobre la renuncia de su sucesora al frente del Palacio de Hacienda. El también ex ministro de Kirchner ultima los detalles de la presentación de su fórmula presidencial en Tilcara, Jujuy, junto al radical Gerardo Morales en una ceremonia indígena de tipo incaica, con chamán incluido. Tal vez crean que apelando a espiritismo sea la única forma de derrotar a Cristina Fernández.
En el entorno lavagnista expresaron que Lavagna «no va a hablar en este tema» porque «prefiere estar concentrado en otros asuntos». Uno de los voceros de Lavagna, el dirigente porteño Alejandro Rodríguez manifestó por su parte « preocupación porque se intente hacer aparecer a la señora (Cristina Fernández) de Kirchner como quien decide echar a la ministra cuando es de conocimiento público, más que obvio, que la renuncia se produjo por el accionar de la Justicia».
En el PRO, solamente López Murphy consideró que «a pesar» del presidente Kirchner y del jefe de Gabinete, Alberto Fernández, «la realidad y la opinión pública» se «llevaron puesta» a Miceli, quien renunció al Ministerio de Economía.
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