Desde el fin del mundo, el triunfo de la candidata a gobernadora del ARI, Fabiana Ríos, terminó de dibujar anoche el peor escenario para Néstor Kirchner, quien a la par de la previsible victoria de Mauricio Macri en la Ciudad de Buenos Aires debió sumar una derrota que lo golpea de manera inesperada y pone fin al gobierno de Hugo Cóccaro, hombre fiel a la Casa Rosada.
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El «domingo negro» por partida doble ya había comenzado a tomar forma una semana atrás, en la primera vuelta electoral fueguina, con el acceso de Ríos a la instancia de ballottage, a tan sólo cuatro puntos de distancia de Cóccaro. Ese día marcó el fracaso del juego a dos puntas que puso en práctica Kirchner en la provincia apoyando tanto a Cóccaro como al intendente de Ushuaia, Jorge Garramuño, que finalmente quedóen tercer lugar. El Presidente parece haber sobrestimado el ascendente que tiene en la provincia más austral -en 2003 arrasó con 47% de los votos-, lindante con su natal Santa Cruz: le falló la estrategia de apadrinar a dos hombres para «blindar» el ballottage y así asegurarse un motivo de festejo que disminuya el efecto de la rotunda derrota de Daniel Filmus en Buenos Aires.
Lo que nunca previó Kirchner es que sus hombres -Cóccaro y Garramuño- iban a quedar envueltos en graves escándalos que desmoronaron por completo su posicionamiento ante el electorado. La guerra de denuncias de corrupción terminó minando la imagen del gobierno local y agigantando la de Ríos, que inteligentemente puso el acento en el « cambio de aire» que significaría su ascenso al poder y en el «voto castigo» hacia la actual dirigencia.
Una vez instalada en la segunda vuelta, la diputada nacional no tuvo más que dejar correr el tiempo, ante una situación política y social que se presentaba como irreversible. Como manotazo de ahogado, Cóccaro buscó refugio en Kirchner y en la nacionalización de los comicios. Pero la reacción de la Casa Rosada fue prácticamente nula. Apenas un leve apoyo del ministro del Interior, Aníbal Fernández, y del secretario de Industria, Miguel Peirano. Las señales estuvieron muy lejos del caluroso recibimiento que Kirchner había hecho a Cóccaro el lunes anterior a la primera vuelta, con anuncios de obras en la Casa Rosada y con la presencia de Garramuño.
El mandatario fueguino también probó suerte planteando que la disputa de ayer debía leerse como «Kirchner versus Elisa Carrió». Con el resultado puesto, la afirmación perjudica aun más al Presidente, que queda derrotado por la opositora líder nacional del ARI, que está lanzada como candidata a la presidencia.
Doble fuego
A la luz de lo ocurrido, la nacionalización de la elección fue un arma de doble filo en Tierra del Fuego y, de hecho, incrementa las dudas en torno a la efectividad de esa estrategia a lo largo del país. Un breve repaso del mapa de los comicios ya realizados indica que salvo en el caso de Entre Ríos, donde triunfó el peronista Sergio Urribarri, en el resto de los distritos el kirchnerismo terminó camuflando como propia victorias de fuerzas que no le son propias. Tales son los casos del radicalismo concertador de Catamarca y Río Negro.
La situación de Tierra del Fuego incluye además otro factor de peso: se trata de la primera derrota del año para un candidato perteneciente a un gobierno provincial. Hasta el momento, salvo la caída del porteño Jorge Telerman, se habían impuesto los oficialismos de Entre Ríos, Río Negro, Catamarca y Neuquén.
La derrota le tocó sufrirla al kirchnerismo nada menos que en un distrito donde, a falta de uno, presentaba dos candidatos y el rival era el ARI, una fuerza que desconocía hasta ahorala victoria en comicios para gobernador.
Pero el pequeño electorado de Tierra del Fuego -representado por apenas 92.000 ciudadanos, menos que la gran mayoría de los municipios bonaerenses- decidió convertirse en protagonista y determinó el doble debut para la historia política del país de elegir como gobernante a una mujer y al ARI.
Se abre así una nueva instancia en la provincia más austral. Como antecedente figura que Ríos ya había sacado la mayor cantidad de votos como candidata a diputada nacional en 2003. En tanto, resta conocer la relación que la nueva gobernadora tendrá con Carrió, ya que la líder nacional del ARI mantuvo distancia y no se acercó a Tierra del Fuego durante la campaña. Claro que ayer por la noche se encargó de enviar repetidas felicitaciones desde Buenos Aires y reconoció que obtuvo un fuerte impulso para sus aspiraciones nacionales.
A su vez, Ríos puso siempre el acento en el carácter local de las elecciones y nunca mostró demasiado entusiasmo en torno a su vínculo con la conducción nacional del partido. De todos modos, confirmada la victoria, ambas terciaron al coincidir en que se trató de un «triunfo de los fueguinos».
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