Quetta, Pakistán (ANSA) - Osama bin Laden, sobre cuya cabeza pende una recompensa de 25 millones de dólares, viaja por Afganistán en un convoy de pick-up surcoreanas, cargadas con tres esposas y quince hijos -entre ellos una recién nacida-con baúles de vituallas, y no exactamente de incógnito.
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Decenas de custodios lo escoltan a cada paso, lo protegen y le hacen de escudo en una caravana que no es por cierto invisible, lo cual lleva a opinar que los Estados Unidos no lo quiere detener hasta estar bien establecido en el territorio de Afganistán.
«Es claro que los norteamericanos no quieren detenerlo, para tener tiempo de establecerse bien en Afganistán», dice Hamid Mir, un joven periodista paquistaní que entrevistó a Bin Laden tres veces, la última hace tres semanas, cuando el militante saudita anunció al mundo que tiene la bomba atómica y armas químicas.
El jefe del comando central norteamericano en Afganistán, general Tommy Franks, dijo ayer que la búsqueda del terrorista saudita se concentra en la región comprendida entre Kabul, Jalalabad y el paso de Kyber.
Contacto reciente
Mir, de 36 años, quien cayó varias veces en desgracia en su país, es director del diario en urdu «Ausaf», nacido en 1999 gracias al financiamiento de un misterioso empresario paquistaní y que hoy edita 90.000 ejemplares con un plantel de 150 periodistas. Su contacto con Bin Laden es relativamente reciente, pero lo suficientemente íntimo como para tener detalles que puedan ser útiles a la propaganda del hombre más temido del nuevo siglo. La beba que acompaña a Bin Laden por el desierto nació el 13 de setiembre, dos días después de los atentados que mataron a miles de personas en los Estados Unidos. Se llama Safia, según explicó el millonario saudita a Mir, como la tía del profeta Mahoma que mató a cientos de judíos.
Su primera mujer lo dejó, mejor dicho le pidió permiso de ser dejada, y vive en Arabia Saudita. Estuvo a su lado en todas las batallas de Afganistán, entonces contra los soviéticos. Soñaba con una vida calma pero los últimos hechos la impulsaron a volver a casa. El hijo mayor de Osama, Abdullah, de 22 años, trabaja en el negocio de la familia, la construcción.
Hamid Mir dice estar seguro de que los norteamericanos saben dónde se oculta el terrorista saudita. «Tienen muchísimos infiltrados en sus filas», dice Mir, quien relata cómo los Estados Unidos a principio de mes, lo siguió hasta Kabul para luego perderlo cuando se fue a entrevistar a Bin Laden.
Los espías norteamericanos saben donde está el mullah Omar y en este caso también están esperando para detenerlo.
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