La ministra de Defensa, Nilda Garré, y el jefe del Estado Mayor Conjunto (EMC), brigadier general Jorge Chevalier, viajan hoy a Chile para ofrecer una disculpa a los trasandinos por la suspensión de maniobras militares. Dirán que la agenda se vincula con el avance en la formación de la fuerza binacional Cruz del Sur, un esquema de laboratorio destinado a cubrir misiones de paz. Sin embargo, la historia es otra. Desde que se inició el proceso de acercamiento y cooperación es la primera vez que se anulan ejercicios con los trasandinos por morosidad del gobierno y del Congreso en el tratamiento de las autorizaciones para la entrada de los efectivos extranjeros al país.
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El traspié renueva el malestar suscitado la semana anterior luego de la anulación del viaje de la senadora Kirchner a Santiago de Chile. La jefa castrense lleva de escudero al titular del EMC, en rigor uno y otro tienen cuota de responsabilidad en la caída de dos ejercicios combinados que son pilares en la cooperación subregional.
El primero, denominado «Integración I», iba a realizarse en el Norte (Misiones) e involucraba a representantes de los ejércitos de Chile, Bolivia, Ecuador, Uruguay, Paraguay y Venezuela. Todos se quedaron con las valijas hechas. Para la apertura se había coordinado la asistencia del ministro de Defensa chileno, José Goñi. Pero la dedicación exclusiva del gobierno y de sus legisladores a la campaña de la candidata Kirchner demoró la aprobación del proyecto de ley que autoriza la entrada de tropas extranjeras al país a pesar de que la Argentina oficiaba de anfitrión. Y se vencieron las fechas de inicio de las maniobras.
Se avisó tarde de la novedad a Goñi, quien ya tenía el plan de vuelo del avión de la FACH (Fuerza Aérea de Chile) que lo traería al país. Resultó dantesco averiguar dónde está el proyecto de ley y quién lo retuvo, y eso que la senadora Marita Perceval, titular de la Comisión de Defensa del Senado, pretende suceder a Garré al frente de los uniformados. Desde el comando de la Brigada de Monte XII, con asiento en Misiones a cargo del coronel Fernando Alonso, se informó que por razones de « fuerza mayor» se postergó para los días 9 al 16 de noviembre (tentativamente) la realización de los ejercicios Integración I previstos para los días 2 al 12 de octubre. El eufemismo para cubrir la verdadera causa del retraso se explica por cierto temor de los uniformados a hablar cuando la política está en falta.
El otro ejercicio que se cayó, llamado « Integración 2007», reunía buques de ambas Armadas en aguas del Atlántico sur. La planificación establecía el inicio en la Base Naval de Ushuaia y en la Base Tercera de Punta Arenas para el 4 de octubre. Los ejercicios consistían en práctica de maniobras de reaprovisionamiento en la mar, operación con helicópteros desde las diferentes plataformas, evoluciones tácticas, ejercicios de enlace y comunicaciones e intercambio de tripulantes entre los buques. Las fuerzas navales de ambos países actuarían -según el plan que quedó trunco- en aguas jurisdiccionales argentinas, al sur de la Isla de los Estados y cerca del límite político internacional acordado en el Tratado de Paz y Amistad de 1984, en la zona del canal de Drake. Es un corredor marítimo estratégico, de modo que esas maniobras navales se leen en el mundo como mensaje de afirmación de la presencia y vigilancia bilateral. Por ese estrecho suelen navegar los buques con desechos radiactivos, que parten desde Francia a Japón siguiendo derroteros que no se dan a conocer por anticipado. En esta oportunidad Chile había asignado las fragatas Williams, Latorre y el petrolero Araucano, mientras que los marinos argentinos operarían con al destructor La Argentina y la corbeta Gómez Roca.
Acercamiento
Las maniobras navales Integración comenzaron en 1998 como parte de un proceso de acercamiento entre dos países que a lo largo de la historia mantuvieron una visión geopolítica conflictiva de riesgo bélico. Luego se repitió en 2000 frente a las costas bonaerenes. Y más tarde se decidió ejecutarlo cada año de manera alternativa, en aguas del Pacífico y del Atlántico. Ahora tocaba el rol de anfitrión a los marinos criollos. La integración militar fue una decisión política adoptada durante los gobiernos de Carlos Menem y Eduardo Frei, el primer paso se dio en el acta firmada por los ministros de Defensa y Relaciones Exteriores de ambos países en la localidad de Zapallar en 1997.
En el sitio oficial de la marina chilena, el comandante en jefe de la Tercera Zona Naval, almirante Edmundo González, señaló que lamentablemente estos ejercicios no se van a poder realizar y que siempre es bueno operar con la Armada del país vecino, tanto a nivel flota como a nivel de buques regionales. Aquí, ni el contraalmirante Luis Manino, comandante de Operaciones Navales, dueño de los buques de guerra criollos, ni el director de Políticas y Planes de la fuerza, contraalmirante Carlos Paz, viajero frecuente a Chile que representa al titular de la Armada en cada reunión de estado mayor entre ambas marinas, dijeron nada acerca de la suspensión de las maniobras. Mucho menos, Jorge Bernetti, el vocero no parlante del Ministerio de Defensa, quien prefiere los interrogatorios inquisitivos a sus pares de uniforme cada vez que se «filtra» información negativa sobre la gestión de su jefa.
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