28 de febrero 2006 - 00:00

Disidentes K en una cumbre "opositora"

Ricardo López Murphy
Ricardo López Murphy
Kirchner sumó un número importante de votos a su poder parlamentario, el miércoles pasado, con motivo de la reforma del Consejo de la Magistratura. El periodismo ya se encargó, a veces con entusiasmo, de computar ese incremento en el activo presidencial. Más austero ha sido el registro de los quebrantos. Pero los hubo, aunque tal vez no tan cuantiosos. La pretensión confesa del oficialismo de controlar al Poder Judicial politizando más el Consejo que lo regula, ya produjo algunas bajas en ese sector. La de Human Rights Watch, la liga garantista que agasajaba a Cristina Kirchner en sus visitas a Nueva York, ha sido acaso la más notoria. El Cels de Horacio Verbitsky, otra. En cambio, pasó casi inadvertida la reunión que se produjo el sábado en Rosario, una cumbre de dirigentes potencialmente transversales involucrados con otros inscriptos en la oposición. La convocatoria corrió por cuenta del diputado Hermes Binner, quien estuvo escoltado por el senador nacional Rubén Giustiniani y el intendente local Miguel Lifschitz. Entre los visitantes estuvieron algunos habitués de esos encuentros, como Margarita Stolbizer.

Faltaron otros, el caso de Aníbal Ibarra. Pero hubo la sorpresa de algunos filokirchneristas como el intendente de Morón, Martín Sabbatella; el entrerriano Miguel Martínez Garbino y el intendente de Córboda, Luis Juez. El alcalde de Mar del Plata, Daniel Katz, también viajó hacia Rosario pero, al parecer por problemas personales, debió regresar al balneario a mitad de camino. En cambio, su correligionaria Margarita Stolbizer tuvo su sábado rosarino.

La excusa de la reunión fue un seminario organizado por la fundación socialista Friedrich Ebert bajo el título «Santa Fe: Participar para Cambiar». Pero el sentido implícito del encuentro no podría tener más actualidad: conformar una asociación de dirigentes no oficialistas que puedan resistir más firmemente las cacerías del gobierno en el campo opositor. Una de las notas comunes de casi todos los presentes en Santa Fe para asistir al foro es su condición de jefes municipales, es decir, políticos sujetos al recorte de recursos especiales que puede sobrevenir si, como sostiene la leyenda, Kirchner se decide a «hacer tronar el escarmiento», como prometía su antecesor Juan Perón cuando se ponía nervioso.

• Futuro inmediato

La escuadra política formada en Rosario todavía no alcanzó una configuración definitiva. Ni siquiera se puede suponer, a esta altura, un alineamiento parlamentario entre quienes ocupan bancas o controlan bloques en el Congreso. Pero sí hay que apuntar algunas evidencias que dominarán el futuro inmediato de este campo:

• En principio, se ha comenzado a integrar un grupo de dirigentes políticos que aspira a oponerse a Kirchner desde su izquierda, es decir, levantando consignas de carácter «progresista». Ideas y valores que resultarán cada vez más artificiales en el marketing del gobierno si es que el Presidente insiste en operaciones de hiperrealismo político como la reforma del Consejo de la Magistratura.

• Todavía no está claro, ni siquiera para los mismos protagonistas, cuál será el nivel de contradicción que mantendrán con el gobierno. Por ahora, lo de Santa Fe parece más un método para atravesar del modo más digno posible la que luce como la edad de oro del kirchnerismo o, por decirlo en términos de Elisa Carrió, la madurez de «El Régimen». Una pretensión estética que se vuelve más urgente si lo que se prevé es una entrega en pelotón: por lo menos que no los encuentre «descalzos y en calzoncillos», como describió el autocrítico Ricardo López Murphy a sus compañeros de ruta.

•Reclamos

Esa prudencia de los conjurados de Binner hace más llamativos y hasta simpáticos los reclamos de la mayoría de ellos: «Aquí nos encontramos para dialogar de cuestiones que tienen que ver con la administración, es decir, energía, educación, salud, etcétera». Inevitable recordar aquella aclaración de universitarios temblorosos de los tiempos militares: «Yo acá vine a estudiar». Si hasta el propio Binner ya adelanta que su destino es provincial, al menos para 2007.

• En el caso de Juez, será imposible por ahora establecer si su aparición fue un paso que lo alejó de Kirchner o si, en cambio, viajó hasta Rosario sólo para espiar. La ambigüedad se justifica en la conducta de los diputados que, habiendo rechazado, en general, la ley de la Magistratura, dieron vuelta su voto cuando se trataba de la votación particular del decisivo artículo 2.

• El comportamiento de los radicales no es más definido. Katz, que no llegó a Rosario, reunió ayer en Mar del Plata a los intendentes radicales de la quinta sección electoral para que todos juntos intentaran imponer una postura partidaria por sobre los preceptos, en general intransigentes, de los legisladores que no administran distrito alguno. Es decir, se trata de fijar un criterio suficientemente flexible que no convierta en herejía un «inevitable» acercamiento al gobierno nacional (que, en el caso de Kirchner, representa también el poder de la provincia). Es lógico que sea Katz quien más se inquiete por fijar esta lógica: se trata del radical bonaerense que más chances conserva de interpretar un papel protagónico del libreto que preparan en Olivos para 2007 en esa provincia.

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