19 de marzo 2007 - 00:00

Distante, Kirchner midió peso PJ

La orden fue implacable: nadie, en nombre del gobierno, podía trajinar la elección de Entre Ríos. El conflicto de las pasteras, una encerrona de la que Néstor Kirchner no sabe cómo salir, convirtió a esa provincia (y su elección) en una mancha venenosa.

El resultado estaba cantado: el kirchnerismo no perdería sea Sergio Urribarri o Julio Solanas -incluso, Emilio Martínez Garbino-el electo como gobernador. Los dos, hasta los tres, aparecen en el amplio mapa K aunque, en rigor, las diferencias son muchas.

El cómodo triunfo de Urribarri, que es el triunfo de Jorge Busti, supone para el gobierno una enseñanza: sin que haya atentado contra el candidato del bustismo, Kirchner nunca exteriorizó -todo lo contrario-tener alguna predilección por Urribarri.

  • Responsabilidades

  • No la tiene, se sabe, por Busti, a quien le cuestiona por el desarrollo accidentado en el tema papeleras. Un clásico: la Casa Rosada responsabiliza a terceros por conflictos que le son propios o, al menos, no le son enteramente ajenos, como pretende hacer creer.

    Instalado en El Calafate, Kirchner escuchó las novedades sobre una elección que aporta, además, otro dato poderoso: implica una victoria, holgada y casi sin fisuras, del PJ ortodoxo, de la estructura partidaria, de un experto en elecciones como Jorge Busti.

    El patagónico debería tener en cuenta ese factor: revela, una vez más, que el peronismo en sí mismo, con sus símbolos, sus hábitos y sus pestes, se mantiene como una herramienta electoral poderosa y, en algunos casos, imbatible. Ayer, en Entre Ríos, Busti lo demostró.

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