4 de marzo 2003 - 00:00

Dosifica Menem actos para no arriesgar el primer puesto

Carlos Menem llegará hoy desde La Rioja y ya no descansará hasta el 27 de abril. Pero esto no significa que se lo vaya a ver o a escuchar con excesiva frecuencia. No más de dos actos por semana, es decir, lo justo para un hombre que no debe buscar que lo conozcan más, porque sería vano y que, al contrario, debe tratar de no saturar. Y de no exponerse. Menem tiene, en este sentido, la prudencia de los que llevan la punta y, ante cada maniobra, toman más riesgo que el resto. Estas consignas valen para toda la campaña, salvo para la provincia de Buenos Aires, donde Menem se comportará casi como un desconocido. Y, valga la exageración, en alguna medida lo es. Desde 1994, cuando se realizó la campaña para constituyentes que desembocó en la reelección, Eduardo Duhalde trató de impedir que el riojano paseara por su feudo. Ni una vez Menem y Duhalde volvieron a subir a un palco juntos, salvo que fuera por invitación de una empresa en la inauguración de alguna planta. En realidad, sus públicos y, sobre todo, sus discursos, ya habían tomado caminos divergentes. Por eso no debe sorprender que, ya desde este jueves, el ex presidente comience sus apariciones en el conurbano, «tierra de infieles», al menos si de dirigentes se trata.

Este jueves a las 19 estará en Quilmes, en la cancha de Argentinos, llevado de la mano de Roberto Fernández, como sucede desde 1986. Allí organizó un acto un grupo de menemistas ultras que componen, además de «Roby», Luis Daer, Jorge Molina y Obdulio Rosano. No son la mayoría del lugar, pero el duhaldismo hace en estos días lo suficiente como para que lo parezcan: Eduardo Camaño promueve a Carlos De Fazio como intendente, y Aníbal Fernández, como desde hace varias reencarnaciones, se le opone: él quiere ver ganador al «Chino» Villordo. Algo dirá Menem sobre esta atomización del peronismo bonaerense para la que se propone encontrar algún remedio si regresa al poder. Nada tan dramático como la intervención de la provincia, de la que hablan muchos. Pero, ¿y el partido?, ¿por qué no? La organización de la campaña sigue mostrando las claves del riojano. Ni un viaje a La Rioja, donde todas las opciones le suman. Ni uno a Salta, que gobierna su segundo, Juan Carlos Romero.

• Pero el próximo 14 Menem irá a Jujuy, que gobierna uno de los pocos disidentes del Noroeste, Eduardo Fellner, coordinador de la campaña de Néstor Kirchner, ahijado político y socio del secretario presidencial, Juan Carlos Mazzón. Por Jujuy se paseará Menem de la mano de uno de los integrantes de su círculo más estrecho, el ex senador Alberto Tell, un «boloquista» que se autodenomina «fundador del menemismo bioceánico» por su devoción por la esposa chilena de su jefe. A propósito de mujeres: ya no saldrá al encuentro de Menem en Jujuy doña Cristina Guzmán. Ahora sirve a la causa de Adolfo Rodríguez Saá. Cecilia Bolocco estará, por su lado, este viernes en Obras Sanitarias, donde el menemismo se propone agasajar a las mujeres en su día. Es en Núñez, con un ojo también en el conurbano.

El 20, otra vez una incursión por la provincia de Buenos Aires, donde está el problema. En el mapa de Antonio Riccilo, ese día está indicado en La Matanza. Riccilo es, desde hace más de una década, un personaje casi secreto, encargado de abrir para Menem los caminos siempre laberínticos del peronismo del interior del país. Durante años, se encargó de organizar para su jefe reuniones con intendentes peronistas en la Casa Rosada, en las que eran agasajados más calurosamente los alcaldes de provincias gobernadas por adversarios. Junto con Angel Torres, mano derecha de Romero, Riccilo se ha convertido en uno de los motores principales de la campaña territorial de Menem. En La Matanza, el acto se hará en el club Brown de Isidro Casanova. Todo un desafío, porque, si bien el lugar es sede del pierrismo, actualmente se enseñorea Alberto Balestrini, un admirador de Néstor Kirchner, a pesar de que no lo tuvieran en cuenta para la fórmula presidencial. Alumno aplicado de Raúl Baglini y su teorema, Kirchner consideró que Balestrini era -vamos a homenajear a Pierri con un giro de los suyos-«muy zurdito» para una discusión en serio por el poder.

• Si Menem se distraerá de la provincia de Buenos Aires será para atender otras regiones igualmente esquivas. El 21 de marzo estará en Paraná. Para ese día, trabajo de Romero mediante, espera tener a todas las fracciones del peronismo alineadas. De hecho, mañana el candidato a vice estará allí con Jorge Busti, quien acaso se vea obligado a aclarar que «somos prescindentes y fue un disparate dividir al peronismo en tantas fracciones, sobre todo donde no tenemos ley de lemas». Busti hace surf desde hace meses sobre el vaivén de la interna entrerriana: le debe varias velas a Duhalde, pero tampoco le gusta que Augusto Alasino, Héctor Maya o Mario Moine se alcen con una victoria fácil por el sólo hecho de aparecer junto a Menem. A la larga, el senador terminará alineado. Igual que Ramón Puerta, quien ya se reunió con Alberto Kohan más veces que las previstas para profesar también su «prescindencia», nombre que se le da en el peronismo al chaleco antibalas que usan los que tributan en Anillaco, pero temen la ira de Lomas de Zamora. Como ficción y poder son incompatibles (así predicaba Stalin), Puerta deberá definirse en algún momento: sacó fecha para el 4 de abril. Un haz en el manejo de las fechas y los compromisos este misionero, que por algo pasó los 45 y sigue soltero. «Que se apure, porque le entro de nuevo con el Rolito Dalmau», se entretiene Menem, quien enardeció a Puerta entrando «sin su permiso» en Oberá, al volante de un Ford A amarillo desde el que la Bolocco saludaba al gentío. Fue hace meses.

Antes de esa visita, el 27 de marzo -faltará un mes para la elección-, el ex presidente definirá su programa de gobierno. Se verá si consigue sintetizar a los 5 grupos que se disputan su ortodoxia y, sobre todo, si será posible advertir si le propone al electorado un nuevo sueño o simplemente una restauración. Hasta ahora, todas sus consignas tienen que ver con la emergencia: no hay gobierno, no hay moneda, no hay seguridad, no hay orden. ¿Se conocerá también ese día el equipo encargado de la gestión, la «gente nueva que trae el chárter», como suele decir Romero? Para cuando pase por Misiones, ya la campaña estará al rojo vivo. Se habrá definido públicamente Jorge Sobisch en Neuquén y ya no quedará tiempo para que Menem siga haciendo un trabajo artesanal. Ya promedia abril e irá por lo grande: un acto en Rosario, capital nacional de la «prescindencia» (Carlos Reutemann), otro en Córdoba (¿con De la Sota?, ¿con Mestre?, ¿con o sin Kammerath?) y dos saltos más sobre el cerco duhaldista: uno en Racing y otro en Platense.

• ¿Ya estará Luis Barrionuevo alineado con el riojano nuevamente para esa fecha? Porque el cierre de campaña le traerá «saudades». Menem se propone llenar de nuevo River, como no se animó nadie desde las campañas históricas (cuando Mario Montoto no administraba ningún ferrocarril, pero rompía el «chanchito» montonero para hacer su aporte de campaña, aunque no le dejaran colgar su bandera en público). Ni él mismo, Menem, se animó con ese estadio, cuando quiso la segunda reelección. Cree que, si consigue 50.000 personas en una tarde, habrá ganado la pelea.

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