Duhalde-De Narváez, un romance en la peor hora
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Sin quejas, De Narváez había aceptado con algo de resignación la imposición -se dirá «negociada»- de Atanasof como virtual ordenador estrella en la provincia. El ex funcionario de Daniel Scioli está ahí porque Duhalde lo quiso no porque el empresario lo haya ido a buscar.
Además, en el atardecer agitado del martes, De Narváez comprobó el deleite de Atanasof por los flashes. Una disputa de marquesina que incomodó, en la primera ronda compartida, al diputado que será, con o sin Duhalde, asegura, candidato en 2009.
Los celos habían sido otro motivo de discordia en los días previos cuando De Narváez notó que el show que armó en Ferro por el 17 de octubre pareció, al día siguiente, un acto de Chiche Duhalde «donde también habló él» se decía, ayer, con mordacidad.
«Duhalde va a regar todas las flores» antikirchneristas dijo, nerudiano, un operador del duhaldismo que evitó referencias a primaveras y procesos inevitables. La mención grafica con un dejo poético a la táctica del bonaerense, contada en este diario días atrás.
Duhalde, como se relató, juega a dos puntas entre De Narváez y Felipe Solá: los coqueteos del ex presidente con el ex gobernador fueron otro de los motivos de enojo de «El Colorado» que, además, se disgustó por la presencia de Sarghini -que se amigó con Solá- en La Plata.
Solá es una de las flores que regará Duhalde y para De Narváez eso fue una pésima novedad. Algo más: Solá le mezquina abrazos al ex presidente y sus muchachos, casi que los ningunea; De Narváez, en cambio, los sienta a su lado y, sin embargo, nadie le agradece la amabilidad.
Gestual, Duhalde evitó anteayer volver a elogiar a Solá (en rigor, no quiso opinar sobre ningún tema de la coyuntura, quizá impactado por el escrache en su contra).
El lomense supone que dispone de «varios candidatos» para quitarle fuerza al kirchnerismo y, en ese marco, halaga a Solá quien, de todos modos, le avisó que no se pondrá bajo su ala y, además, aceitó sus contactos con el macrismo, vía Juan José Alvarez.
Ese juego de Solá también desacomoda a De Narváez que se imagina como el candidato inevitable de Macri en la provincia. Más allá, incluso, de que su vínculo con el jefe de gobierno porteño está dañado. Bajó, igual, el tono belicoso del macrismo en su contra.
El pacto de la Doble D enfrenta dolores de parto, como parte de un circuito donde aparecen nominados además Solá y los Macri. Ese pañuelo algunas puntas pueden anudarse entre sí; otras parecen condenadas a estar enfrentadas. Macri y Duhalde, es un caso; De Narváez-Solá, es otro.




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