3 de octubre 2005 - 00:00

Duhalde, excusa en pelea Lula-Kirchner

Luiz Inácio Lula da Silva y Eduardo Duhalde
Luiz Inácio Lula da Silva y Eduardo Duhalde
Los diarios brasileños hablaron de «vaciamiento» de la cumbre presidencial sudamericana, que se realizó entre el jueves y el viernes pasado en Brasilia. El propio Lula da Silva se quejó de que «no se puede avanzar con este proyecto si comenzamos las reuniones con 12 presidentes y terminamos con 4». Sin embargo, todos exageraron. Es verdad que los presidentes fueron sólo 50% del elenco regional convocado. Pero no quedaron solamente 4. En realidad, todas estas referencias, tanto periodísticas como presidenciales, aludieron a Néstor Kirchner, a quien nadie quiso nombrar expresamente. Casi una injusticia: tampoco Tabaré Vázquez estuvo en la reunión, a pesar de que Celso Amorim, el canciller de Lula, se encargó personalmente de insistir con la invitación. En el caso argentino, tuvo más éxito al hablar con su colega Rafael Bielsa. Tampoco había asistido Alvaro Uribe, aunque el colombiano tiene desde siempre una posición restrictiva respecto de la política regional brasileña: cree que instala una contradicción con los Estados Unidos que él no está dispuesto a acompañar.

Kirchner hizo varios ademanes para que se interprete que el que vació la cumbre fue él. Llegó a Brasilia al final de la tarde del jueves, se reunió con Hugo Chávez, se refugió después en su cuarto y solamente participó de la cena, a la que llegó tarde. Al otro día, a las 8 de la mañana, ya estaba regresando a la Argentina. ¿Cuál fue el motivo de esta fugacidad, por no decir de este desaire?

• Dudas

Una interpretación afirma que lo único que le interesaba a Kirchner del viaje era el encuentro con Chávez, que le permitió hablar de inversiones de Venezuela en la Argentina. Es cierto, esas inversiones son dudosas, como el mismo Chávez admitió hablando con otros amigos argentinos presentes en la capital brasileña. «Nosotros anunciamos cosas, pero no vemos que del lado argentino después se muevan para que todo se concrete», deslizó el bolivariano. No dijo -no podía decir- que la compra de la cadena RHASA por parte de PDVSA tampoco puede ser considerada una inversión impactante: cobrarán los u$s 92 millones los Sambucetti, vaya a saber dónde. PDVSA seguirá operando las mismas destilerías y estaciones que hay ahora. Lo cierto es que el anuncio valió la pena en plena campaña, igual que la decisión de comprar tractores por parte del venezolano.

Sin embargo, hay otra lectura de esa fobia de Kirchner por permanecer poco rato en Brasilia. Tendría un sentido más profundo, ligado a la política exterior: ya Rafael Bielsa dijo públicamente que la Comunidad Sudamericana de Naciones es un proyecto más brasileño que argentino. El Palacio San Martín, aclaró, prefiere fortalecer el Mercosur, dando por entendido que un proceso compite en contra del otro. Kirchner nunca dijo eso, pero cada vez que tuvo oportunidad lo dio a entender: ¿o no pegó un faltazo también cuando se realizó la primera de esas cumbres, en el Cuzco?

En la reunión de Brasilia quedó clara nuevamente esta reticencia argentina. Fueron los funcionarios de Bielsa los que más presionaron porque en la declaración final quedara en evidencia que la Comunidad Sudamericana sería nada más que la combinación de Mercosur y la Comunidad Andina. Curiosa contradicción con Hugo Chávez, quien amenazó con no firmar ese texto por estar en contra de ese enfoque. Lo hizo sólo cuando le pidieron públicamente, en varias oportunidades, que no rompiera la cumbre. Más allá de asociaciones con Repsol, compras de destilerías y estaciones de servicio, esta disidencia en la manera de entender el proceso de unificación sudamericano esconde una distancia importante respecto de otro tema entre Buenos Aires y Caracas: las relaciones con Estados Unidos y el margen de expansión que cada gobierno quiere darle a Brasil en el subcontinente.

Esta estrategia internacional de la Cancillería argentina, si existiera, quedó oculta detrás de otros datos más llamativos e inmediatos. Son indicios que llevan a pensar que Kirchner no quería estar en Brasilia, también para no cruzarse con Duhalde. La embajada argentina, que conduce Juan Pablo Lohlé, tiene clara conciencia de este aspecto. En principio, el Presidente había reclamado que Duhalde no hiciera uso de la palabra. Pidió que se lo sacara del protocolo y, cuando se enteró de que debería alojarse en el mismo hotel que su antecesor y ex padrino, decidió mudarse. El caudillo de Lomas quedó en el «Blue Tree» y la comitiva presidencial se dirigió al «Kubitschek».

• Incógnita

Duhalde había llegado a Brasilia el jueves por la tarde, de incógnito, como publicó este diario (inclusive se consignó que «Negro» hizo decir que llegaría al otro día, engañando a los periodistas, como le sucedió a los del monopolio «Clarín»). Cuando Kirchner se marchó de Brasil, los demás presidentes se sintieron más cómodos para agasajar a Duhalde. El propio ex presidente comentó al regresar: «No creo que yo sea un líder internacional. Creo que le tienen bronca al nuestro».

El que comenzó el agasajo fue Nicanor Duarte Frutos, el presidente del Paraguay (incómodo por el acoso de la diplomacia brasileña, alertada por el establecimiento de una base militar estadounidense en la localidad de Mariscal Estigarribia). Duarte elogió a Duhalde como el inspirador de la unidad sudamericana y desencadenó una cadena de agasajos verbales. Los coronó Lula, quien dijo: «Debo admitir que en mi vida política nunca vi a alguien tan generoso como Duhalde, sobre todo en crear este espacio internacional, cediendo inclusive a sus propios intereses y conveniencias». El argentino agradeció, aunque en privado hizo una aclaración dolorosa: «Debo renunciar a que me elijan por segunda vez como secretario del Mercosur; no quiero crearles problemas a mis amigos del bloque, que me elegirían con gusto, pero deberían afrontar tal vez un desaire del gobierno de mi país».

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