27 de octubre 2005 - 00:00

Duhalde en Montevideo elude ahora la rebeldía de su tropa

Entre 1989, año de acceso del peronismo a la Presidencia, hasta la elección del domingo, el PJ de Buenos Aires ha sufrido, con altibajos, una imparable pérdida de votos.
Entre 1989, año de acceso del peronismo a la Presidencia, hasta la elección del domingo, el PJ de Buenos Aires ha sufrido, con altibajos, una imparable pérdida de votos.
Eduardo Duhalde viajó ayer a Montevideo, reclamado -según él- por los afanes del subcontinente. Comienza en rigor una despedida, ya que le quedan horas nomás como secretario de representantes ante el Mercosur. Antes de viajar, eludió las forzadas sesiones de terapia a las que está entregado desde el domingo a la noche el duhaldismo. El resultado de la elección -el más pobre de los alcanzados por el PJ de su provincial- lo enfrentó desde ese día a un cúmulo de reproches y críticas al estilo con que ha arrastrado a su tropa hasta este Huaqui político.

«'Negro', la gente llama y pregunta '¿Duhalde qué dice?' ¿Les tenemos que decir que no hablás o vas a blanquear si sos o no el jefe?», fue la frase que escuchó el ex presidente de uno de los intendentes del conurbano que perdió la mayoría en el Concejo Deliberante de su municipio por mantenerse fiel al ex presidente.

• Animo

La única respuesta que se escuchó refleja el ánimo de ese debate: «El 'Flaco' nos usó dos veces. La primera para llegar, ahora para consolidarse. Pero no se engañen, la gente votó por un proceso de recuperación al que nosotros ayudamos, no por el internismo».

La cuestión del silencio del jefe la consideran central los mariscales de la derrota del domingo y la expresan en estos términos: ¿hasta dónde puede llegar un ejército cuyo jefe habla por señas y no dice las razones de por qué toma las decisiones? Cuando esas decisiones llevan al desastre, los acólitos empiezan a dudar sobre si el jefe en realidad juega a las damas con piezas de ajedrez, lo que sirve para simular sus movidas de la sabiduría de ese juego-ciencia que se precia de cultivar.

Duhalde demorará el silencio hasta su regreso a Buenos Aires este fin de semana y, como el presidente Néstor Kirchner, no hablará en público del tema hasta que haya pasado la cumbre presidencial de Mar del Plata. Es su contribución a la calma de los espíritus. Igual, en las reuniones de evaluación de daños ya se ha diseñado un pliego de cuestionamientos a Duhalde sobre los desaciertos en la conducción del sector en esta puja.

• Duro desafío

El desafío de Duhalde era durísimo: en 2003, siendo él presidente y jugando junto a Solá gobernador y la red de intendentes del PJ, apenas logró 25,72% de los votos para Néstor Kirchner en la provincia. ¿Con qué y cómo retener por lo menos ese porcentaje de adhesiones para la lista de Chiche? Sumarlos a Rico (gerente provincial de 13,83% de los votos que en aquella elección sacó Rodríguez Saá) y a Patti ( bastonero de 20,4% que sacó Menem), fue un intento para recomponer ese porcentaje que le permite achicar la diferencia con la lista de Cristina de Kirchner. Debió imaginarlo para remontar los errores que lo pueden convertir en otro caso de estudio apasionante.

Duhalde es un hombre que lo ha sido todo, de concejal a presidente, pasando por gobernador, diputado, senador y convencional constituyente, y siempre ganando elecciones. ¿Cómo ha podido en cinco años pasar al fondo del pozo? La primera vez fue en 1999, cuando se empecinó en combatir la globalización y la convertibilidad y le hizo perder al PJ la elección presidencial con un gobierno del PJ y que, visto a la luz de lo que pasó, terminaba pasablemente su mandato.

• Interrogante

La segunda vez es cuando acumula una serie de desaciertos que lo fuerza en esta elección a movimiento de principiante, como preguntarse si lo que ha ocurrido es verdad o apenas una pesadilla que va a pasar:

• Haber creído hasta último momento que era posible un acuerdo con Kirchner. Hasta el cierre mismo de las listas de la interna del 8 de setiembre el ex presidente les insistía a sus entornistas: «El 'Flaco' me dijo que no va a jugar en la provincia de Buenos Aires y yo al 'Flaco' le creo. El 'Flaco' me dijo que Cristina no va a ser candidata en Buenos Aires y yo al 'Flaco'le creo». Lo repetía aun cuando propios y ajenos avanzaban en el armado de listas separadas. ¿Qué no entendió Duhalde? Que para Kirchner acordar era capitular. «No entiende la necesidad del Presidente», dijeron los gurús de la Casa de Gobierno para explicar la ruptura. La necesidad era la capitulación.

• Que Duhalde creía en serio en un arreglo explica la mordaza que le puso a su gente para confrontar hasta el final. Nunca lo admitirán ellos, pero la demora en el arreglo fue lo que demoró a Macri -que en aquel momento tenía un entendimiento firme con Duhalde-en confirmar su candidatura en Capital Federal. En la imaginación del ex presidente si hubiera habido listas únicas con el kirchnerismo, Macri sería el cabeza de lista en Buenos Aires. La demora de Macri es además lo que perjudicó más el crecimiento de
López Murphy en Buenos Aires. Hasta que confirmaron su entente, Macri lo distrajo a López Murphy de la agenda y le impidió el crecimiento territorial en Buenos Aires. Cuando López Murphy lanzó su candidatura en ese distrito ya todos habían movido sus piezas y le fue imposible armar nada propio. Cuando quiso cerrar con los radicales rebeldes del grupo de Olavarría, que estaban listos para jugar con él, ya era tarde porque habían acordado una convivencia con el gobierno nacional que les impedía el acuerdo. Tampoco podía López Murphy ya pasar a la Capital, adonde era lógico que fuera candidato. El jefe de Recrear, uno de los derrotados claros de la elección del domingo, perdió ese tiempo precioso como un aficionado a la política porque era vicario de los entendimientos discretos entre Macri y Duhalde.

• La reacción en enero pasado de Duhalde ante la tragedia de Cromañón es la prueba de que ése era su pensamiento: negoció con Kirchner y también con Macri la designación de Juan José Alvarez como secretario de Seguridad de Ibarra, como una forma de salvar lo que entonces era el pellejo de los tres. Kirchner y Macri entendieron que un derrumbe de Ibarra los arrastraría a ellos (uno por ser el socio del jefe de Gobierno; el otro por aparecer como un chacal que se aprovechaba de una desgracia para voltearlo al jefe de Gobierno). Y en ese juego de intereses estaba comprometido Duhalde.

• Hasta el final de la negociación con Kirchner, Duhalde agregaba un tercer juicio que no hay que olvidar: «Ojo con Ibarra, miren las encuestas y pese a todo sigue teniendo un 30% de imagen positiva». Otro error clave de Duhalde fue no asumir la presidencia del PJ de Buenos Aires. La dispersión que se produjo entre sus filas por la cirugía reparadora de Kirchner-De Vido entre los intendentes se precipitó cuando sin dar explicación solvente alguna Duhalde le dejó la conducción del partido a
José María Díaz Bancalari, a estos efectos un mero «Chirolita». Les dio a Kirchner y a Solá la justificación para avanzar más. ¿Creyó Duhalde que estos dos adversarios no iban a montarse en el agravio que significaba ponerlo a Díaz Bancalari como intermediario?

Si
Kirchner termina haciéndole a Duhalde lo que éste le hizo a Menem --jugarle por fuera de la estructura del partido con fichas de adentro de esa estructura-, Duhalde comete los mismos errores de Menem. El riojano cimentó su derrota dentro del peronismo al destratar tanto al PJ nacional, sello que terminó de vaciar cuando era presidente y al que trató con desdén cuando se discutió la candidatura presidencial de 2003.

• Menem ni se hizo presente en los congresos del PJ en los que aprobaron los «neolemas» que servirían a su derrota final el 14 de abril. Con sólo estar presente hubiera abortado esas extravagancias reglamentarias que le dieron la presidencia de la Nación a quien había perdido las elecciones.

• Con todo, el porcentaje de votos del domingo surge de la pura muñeca de Duhalde. El duhaldismo ha sido un movimiento basado en tres pilares: chequera, encuesta y cariño. Duhalde perdió esta vez los dos primeros -no es gobierno y las encuestas le dieron mal a Chiche desde que arrancó-. Sólo le quedó el cariño, es decir, la relación personal con un grupo estrecho de punteros territoriales que privilegian el liderazgo del ex presidente por encima de la oportunidad de jugar con Kirchner. ¿Acaso no era más lógico que hombres como Curto, Mussi o Cacho Alvarez pasaran a militar con el kirchnerismo como Pereyra u Othacehé? En gente tan fiel a sus intereses tan inmediatos que hayan permanecido junto a Duhalde tiene una sola explicación, la relación personal, el cariño que los une.

Dejá tu comentario

Te puede interesar