Duhalde "paga" a gremios pero igual le hacen paro
Los sindicalistas de la CGT oficial que visitaron ayer al ministro Lavagna tuvieron que hacer pocos esfuerzos para que les acepten su propuesta; a saber, que se comience a discutir un aumento de sueldos en una «gran paritaria nacional». Duhalde dijo que «si no baja la cotización del dólar antes de julio habrá que recomponer los salarios de la gente». El Presidente le teme a un frente sindical-piquetero de protesta como a ninguna otra cosa. Y está dispuesto a hacer lo que sea por evitarlo: inclusive, adelantarse a lo que le piden. Es un método inconducente, porque hay dos CGT -la de Moyano y la de De Gennaro-que ya le declararon paros nacionales para el 14 y el 29 de este mes. Falta que Daer y los «gordos» se distancien, para que el conflicto sea generalizado. Mientras tanto, el gobierno sigue tributando ante los gremialistas. Una resolución firmada por Atanasof cuando era ministro de Trabajo, publicada ayer, los exime de presentar declaraciones juradas de bienes delante de esa cartera. Y en otra norma se suspende la discusión de los convenios de 1975, vigentes por la cláusula de ultraactividad que anuló la última reforma laboral.
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Atanasof tiene seguramente varias coartadas para hacer creer que sus medidas fueron dos tecnicismos y no concesiones a su grupo. En el caso de la suspensión de los dos años para discutir convenios, puede decir que sólo hizo detener el reloj según el cual, agotados los dos años de plazo para negociar amigablemente, empleadores y empleados deben someterse a un arbitraje. Especialmente si ni siquiera se constituyó la unidad de negociación. Es cierto que en el contexto de la emergencia actual, han de ser pocos los sindicalistas o los empresarios que estén dispuestos a discutir el régimen laboral de sus actividades. Pero Atanasof dejó al ministro del área la facultad de hacer funcionar de nuevo ese reloj, lo que vuelve discrecional algo que, como el proceso de caída de la ultraactividad, era medianamente automático.
En el caso de las declaraciones juradas, el actual jefe de Gabinete dirá, sin duda, que no se eliminó el reclamo pero que la Justicia estaba desautorizando al ministerio una y otra vez porque no es competencia de la Dirección de Asociaciones Profesionales controlar el enriquecimiento de los dirigentes sindicales: «Eso es un problema de la AFIP», se cansó de contestar el radical José Gabriel Dumón, ministro de Trabajo que sucedió a la Bullrich en la gestión de Fernando de la Rúa. Como en el caso anterior, el titular de la cartera laboral -para el caso de este gobierno, el sindicalismo- tendrá la facultad de disponer cuándo se restablece aquella disposición.
Las resoluciones de Atanasof están pensadas, en parte, para su reivindicación personal. Pero también aspiran a que el sindicalismo afloje su presión sobre Duhalde. Mal método: Hugo Moyano ya lanzó una huelga, Víctor De Gennaro otra, y los «gordos» están irritados con él porque la noche del 30 de abril, en una comida que se realizó en Sanidad, no les informó el acuerdo con Barrionuevo que, para esa noche, ya se había sellado y del cual él mismo era uno de los beneficiarios.




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