«La decisión ya está tomada, no puede seguir la discusión.» Así concluyó Eduardo Duhalde un debate sobre la conveniencia de que se exponga en un programa deTV destinado a difundir la acción del gobierno desde el canal oficial. A partir de esa sentencia, el Presidente comenzó un lamento sobre la ingratitud que le prodiga la dirigencia política. Casi todos los presentes conocían el lamento: en Olivos, al atardecer del viernes, estaban Eduardo Amadeo, Aníbal Fernández, Daniel Basile y Carlos Ben, además de voceros como Diego Mandelbaum (Jefatura de Gabinete), Martín Ravazzani (Ministerio del Interior), Rubén Sutelman (Vicejefatura de Gabinete) y Adrián Kochen (Secretaría General).
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Duhalde se mostró resignado a que los candidatos hagan campaña a costa de su administración, sacando partido de sus errores. «Quieren hacer campaña con mi pellejo y si yo no hago algo claro, sistemático, mi gobierno pasará como algo que careció totalmente de sentido», masculló en la mesa de sus «comunicadores». A partir de allí se elaboró, otra vez, un listado de logros que el gobierno pretende mostrar como trofeos. El primero es la pesificación: «Digan lo que digan, pesificando evitamos la híper», se ufanó Duhalde, mirando hacia el lado deAmadeo, el economista de la mesa. Otro argumento de los que se ensayó en la mesa fue el de la recuperación, leve, de la economía. Roberto Lavagna alcanzó a la Casa Rosada un informe con datos que pueden justificar esa tesis, que Duhalde repite ahora en todas sus apariciones televisivas.
Sin embargo, lo que más se analizó el viernes en la tertulia presidencial fue la exhibición del blasón más preciado del gobierno: la extensión de beneficios sociales para 2 millones de jefes de familia desocupados. Allí se programó la divulgación de los datos del INDEC sobre pobreza, actualizados mediante una simulación que determina el impacto de esas prestaciones de $ 150 por familia. Se pensó en promover esa tarea oficial a través del monopolio «Clarín» mediante un reportaje que daría Chiche de Duhalde. Se entusiasmaron tanto con esa propuesta que la tapa del diario, ayer, les cayó como un rayo: aparecían declaraciones de la primera dama sobre el fin de la indigencia, relativizadas por el mismo monopolio, que puso en cuestión las cifras y presentó todo como una maniobra oficial de manipulación de estadísticas. «En 'Clarín' son unos ingratos» se cansó de reiterar José «Pepe» Pampuro ayer, en comunicación con el resto del círculo íntimo de Duhalde. Vaya a saberse qué quería decir.
•Sin comprensión
Más allá de estos ensayos, en alguna medida frustrantes, Duhalde siguió entrenándose en algunos argumentos, como los que se le escucharon anoche en TV: «Tengo un afán patriótico que la gente no termina de comprender». La expresión le dio la posibilidad de ratificar que «el 25 de mayo me voy a mi casa porque mi renuncia fue indeclinable».
Estas experiencias le confirmaron a Duhalde, como se demostró ayer por algunos comentarios que realizó con sus colaboradores, la conveniencia de tener su propio programa de TV, prescindiendo de los espacios que le consigue Ben (antes de exponer al Presidente es el que se encarga de despejar riesgos, como aquellos cortesanos que se adelantaban a sus señores para probar la comida que les ofrecerían).
En la mesa de expertos del viernes, se comentaron las grandes líneas que tendría esta producción de la Presidencia. Por un lado, se convino en que «debería tener un contenido federal». De allí que comenzó a prepararse una consulta a cada distrito para divulgar buenas noticias provenientes del interior. Posiblemente, haya apariciones de dirigentes de las provincias y testimonios de personas que están satisfechas con el gobierno.
Por otro, se pensó en convocar a periodistas que interroguen a Duhalde «sin concesiones». Una experiencia que tiene sus precursores. Uno, Antonio Cafiero, que realizaba un programa en «Radio Provincia», siendo gobernador, en el que aparecían invitados especiales para reportearlo. Otro, Carlos Menem, quien también lanzó al aire desde la Presidencia un producto con periodistas invitados que lo interrogaban.
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