2 de febrero 2005 - 00:00

Duhalde regresa y manda suspender el acoso a Solá

Eduardo Duhalde cerró ayer dos semanas de vacaciones en Venezuela, las islas del Caribe y Brasil entrevistándose de nuevo con Lula da Silva, el presidente brasileño que le ha cedido un despacho al bonaerense en la cancillería de su país.
Eduardo Duhalde cerró ayer dos semanas de vacaciones en Venezuela, las islas del Caribe y Brasil entrevistándose de nuevo con Lula da Silva, el presidente brasileño que le ha cedido un despacho al bonaerense en la cancillería de su país.
Fueron quince días fuera del país, en los que sus cofradesaparecieron emparentados con dos ajetreos turbulentos. Para remontar -o incrementarlas sospechas, Eduardo Duhalde vuelve está semana a meter el cuerpo en la política vernácula luego del rally, mitad placer mitad trabajo, que lo paseó por el continente.

Entre miércoles y jueves, luego de una escala en Brasil para ver ayer a Lula da Silva -vacacionó en Venezuela y en otras regiones del Caribe con Chiche, y el matrimonio Arcuri, Antonio y Brígida-, el ex presidente retomará la rutina de cumbres en su casa de Lomas de Zamora o en el San Juan Tenis Club con el generalato que dejó al mando del hostigamiento a Felipe Solá.

Por todo el alboroto que hubo en su ausencia -que lo obligó a intervenir públicamente desde Venezuela y que luego auscultó, al detalle, a través de los partes que le pasaban sus delegados-el ex presidente aterrizará portando un guión político, cuyo criterio primordial es apaciguar la trifulca con el gobernador.

El inventario de deberes para sus mandantes es conciso pero contundente: 1- Clausurar, como sea, el duelo por el Presupuesto provincial. 2- Postergar para una fecha más propicia el acto que se realizaría en La Plata el 11 de febrero, en el Club Atenas (que está alquilado) como lanzamiento de la Agrupación Lealtad. 3- Desactivar, quizá definitivamente, el plan para restituirles a los partidos (en realidad, «al» partido: el PJ) el manejo logístico, incluido y especialmente el calendario, de las internas partidarias.

Las tres acciones, con sus particulares y sentidos específicos, responden a un interés supremo de Duhalde: sacar del cotilleo público la pelea del peronismo de Buenos Aires. La TV y los diarios, es decir el debate ante y para el gentío, se convirtieron en un ring en el que Solá doblegó al duhaldismo. Incluso los duhaldistas más cerriles admiten que el round por el Presupuesto el gobernador lo ganó con comodidad. Pero esa vuelta es sólo la primera de una larga secuencia.

• Torpeza

Por eso, lo inmediato es apagar todo el murmullo de aquel forcejeo. «Sea como sea», fue la directiva que faxeó Duhalde. No es, naturalmente, lo que prefiere Solá. El gobernador usufructuó una torpeza de los duhaldistas de la Legislatura y tuvo un rédito, en algún punto, inesperado: laceró a Duhalde como nunca antes lo había hecho. En adelante, cada vez que tenga la oportunidad, y en raciones precisas para no desatar una sobredosis, insistirá con esa receta. Pero lo de Duhalde no es una retirada; es sólo una pausa para esperar el momento adecuado de volver a hostigar.

Propios y extraños destacan del ex presidente que no se entrega y que, aun estando en lo peor de las horas, es capaz de resurgir para comandar un contraataque fatal contra su adversario.Y está definido por dónde vendrá la ofensiva: en la interna partidaria, para la que
Duhalde diseña una estrategia para apabullar al felipismo como un lección de rigor para todos los que osen desafiarlo en Buenos Aires. No será un mensaje para Carlos Menem, sino para otro Carlos: Néstor Carlos Kirchner. Pero él, ahora, recomienda desactivar, recluirse. La lectura es sencilla: dilatar el debate por el Presupuesto sólo dará más argumentos a Solá para lastimar al duhaldismo y, en el mismo sentido, avanzar con un proyecto para modificar la Ley de Internas Abiertas, agregaría bulla ante un auditorio sensibilizado.

Pero cada cosa tiene su proceso:
«El toreo por el presupuesto provincial, cuyo veto debería empezar a tratar esta semana la Cámara de Diputados, se resolverá con un acuerdo. Quizá Solá acepte, incluso, mandar una nueva ley que una vez votada anula el presupuesto anterior. Con eso, libraría al duhaldismo de tener que aceptar el veto del gobernador. De todos modos, los duhaldistas ya ensayaron un argumento para admitir el veto: «¿Por qué no lo vamos a aceptar? Si Solá está anulando la ley que él mismo mandó», dirán.

• Mediador

Esta semana, José María Díaz Bancalari, como mediador en la crisis, volverá a La Plata para intentar abrochar un acuerdo en torno al tema.

Testeó el ánimo de los duhaldistas en un asado de despedida de las vacaciones que brindó el viernes pasado en su chalet de Villa Gesell
. El plan para quitarle a Solá la facultad de fijar la fecha de las internas está congelado como mínimo hasta marzo, cuando se abre el período de sesiones ordinarias de 2005. La intención duhaldista era que la mesa del PJ recupere ese dominio para disponer el cronograma que más convenga a Duhalde, por caso adelantando la fecha de la elección para que no coincida con la interna nacional y para restarle a Solá tiempo de armado.

La imposibilidad de accionar hasta marzo acorta los plazos para votar una nueva ley y hacer cumplir el calendario electoral: la interna debería hacerse entre abril y junio porque la convocatoria recién se realizaría en marzo y exige, como mínimo, que sea 45 días antes de la elección. Un segundo inconveniente lo aporta
Solá que estudia, en no más de 30 días, firmar un decreto poniendo fecha para las internas. Un problema adicional es numérico: si Solá veta la ley, el duhaldismo necesitaría 2/3 para rechazar el veto. No es inalcanzable porque la mayoría de los partidos quieren recuperar el manejo de su interna, pero la frontera entre un triunfo y un fracaso es muy delgada. Por último, el acto planeado para el 11 de febrero, en el Club Atenas de La Plata, está prácticamente desactivado. También incide en esa decisión el metraje mediático de la novela peronista. «No es oportuno», admiten los duhaldistas mientras comienzan a buscar una fecha alternativa y un reducto con más capacidad que las 4.500 del Atenas.

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