Por enésima vez, por citar un número, con alegría adolescente y una esposa de testigo, Eduardo Duhalde y Felipe Solá volvieron a suscribir la paz. Hasta hubo fotos ceremoniales del gobernador con la esposa del Presidente, Chiche, envuelta en un coqueto Channel bonaerense. En rigor, se prometen una tregua dentro de la paz imposible o de la guerra inevitable. Si hasta ellos dos cuando se miran -y declaran convivencia pacíficase deben sentir como Hitler y Stalin postergando a sabiendas la fecha de un estallido que necesariamente los involucrará.
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Ya que el conflicto entre ambos, aunque se disfrace ideológica o políticamente, por opiniones diversas sobre seguridad o por favorecer a un partido o a un candidato, pasa exclusivamente por una concreta prenda bonaerense: entre quien desea preservar su territorio (Duhalde) y el que desea conquistarlo (Solá). Para ambos, la demanda sobre el control de Buenos Aires es legítima; aunque, claro, son contradictorias entre sí. La aritmética dice entonces que habrá colisión.
Ahora, después de tantos desencuentros y cicatrices sin cerrar, todas son flores. Duhalde habla de que «vamos a apoyar a Felipe, es nuestro candidato a gobernador». A su vez, Solá esconde las pretensiones «adolfistas» de su esposa, también a sus funcionarios lenguaraces contra el Presidente, halaga a Chiche (algo que no debe gustarle a la «Colorada») y hasta se compromete a múltiples diálogos con el gobierno nacional. Pero, nadie ignora que el sostén declamado por Duhalde es relativo, a la espera de que el gobernador progrese en las encuestas. Caso contrario, habrá que apelar a otro candidato. Por ahora, la que mejor brilla en los sondeos es Chiche. Curioso. Solá, a su vez, no duerme la siesta y con Federico Scarabino incitan a díscolos del duhaldismo para constituir una fuerza (hasta tienen la idea de presentar un partido propio). Los dos se preparan para la guerra, obviamente.
Tienen tiempo porque las elecciones en Buenos Aires no coincidirán con las nacionales. Dato clave para cualquier análisis, aunque la fecha -dato más clave todavía-no se ha determinado. Será Duhalde quien elija el momento, no Solá. Ese poder lo incomoda al gobernador, le quita el sueño. Y si no lo hace, debería hacerlo. Por ahora se solaza con el presunto ocaso de sus presuntos rivales, caso Juan José Alvarez; en La Plata repiten con detalles, algunos imaginativos, sobre la renuncia que presentó el ministro de Justicia y Seguridad ante Duhalde, en estado de crisis y casi histéricamente, por la llegada como asesor de León Carlos Arslanian a la Casa Rosada. Bromean hasta sobre cómo Duhalde calmó a «Juanjo». También revisan las huellas que, en su descenso, deja Carlos Ruckauf, quizás el más empecinado enemigo de Solá, a quien no le ha perdonado reemplazarlo a pesar de que él huyó de la gobernación.
De Chiche nada dicen, hasta contienen cierta tirria de la esposa del gobernador, quien justifica su propensión «adolfista» por reiterados desplantes que la primera dama le propinó. No corresponde para ella esa actitud de alguien de Lomas con alguien de Barrio Norte. También contemplan la aplanadora duhaldista sobre algunos intendentes: en ese grupo nadie perdonará al lord de La Matanza, Alberto Balestrini, el que se enferma de ictericia con sólo escuchar el nombre del Presidente. Sobre este hombre habrá lluvia ácida, se prevé.
El fuego venidero entre Solá y Duhalde se alimentará también con otro elemento: la interna justicialista. Ya se sabe que el mandatario nacional cortó con José Manuel de la Sota, inclusive antes de que éste lance su campaña por TV importada de Brasil (¿será esta semana?). A Duhalde, lo de Rodríguez Saá lo convence menos que lo de Menem, por lo tanto está sin candidato. No es lo mismo Solá, quien si no define aún está en busca de un ladero que luego le permita porfiar en el territorio. Si es posible, triunfador. Hacia eso avanza. Mientras, Duhalde, que a veces tiene insomnio, se pregunta en esas vigilias de desasosiego: ¿me voy a quedar quieto para que un día venga Felipe, me corte en pedacitos, se coma mi cuerpo y se reparta mi tierra? Habrá que convenir que no por estúpido fue gobernador y llegó a la Presidencia.
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