Como si fuera un hijo más de su prolífica familia, Antonio Cafiero le legó a Eduardo Duhalde el despacho del Senado que dejará el 10 de diciembre. No es un regalo sino un préstamo, a ojos de don Antonio. Cafiero se tomó tan en serio el papel de suplente del ex gobernador que piensa volver pronto a sentarse en el estratégico bufete, a más tardar en 2003, cuando Duhalde se postule a la jefatura de La Plata o a la presidencia de la Nación.
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El único drama sería que el mandato del frustrado aspirante a la Casa Rosada durara 2 períodos ordinarios y no 6 como desea el veterano legislador. Esta cuestión depende del azar y no de las maniobras cafieristas. Se resolverá mediante sorteo público los años que permanecerá cada nuevo senador en el hemiciclo.
Si bien no se trata de la oficina más cómoda, tiene una ubicación envidiable en la planta baja, a pocos pasos de las puertas de calle. Y posee vía directa al ascensor VIP que usan los legisladores para dirigirse a la presidencia de la Cámara, en el 1° piso, o el bloque PJ, en el 2°.
Lo bueno es que el inquilino puede subir a mantener reuniones con el virtual vicepresidente o el resto de los compañeros de bancada, sin ser visto. La discreción es una de las obsesiones del duhaldismo. En la misma planta, el caudillo de Lomas de Zamora será vecino de Eduardo Menem -quien mantendrá sus dependencias-, el cordobés Juan Carlos Maqueda y Cristina Fernández de Kirchner (los 2 últimos ya señaron los despachos que abandonarán Beatriz Raijer y Daniel Varizat, respectivamente).
Posicionado en la esquina de Hipólito Yrigoyen y Entre Ríos, habilitará a Duhalde una puerta de emergencia para salir del Congreso y poder atender asuntos reservados fuera del palacio.
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