4 de octubre 2004 - 00:00

Duro Bergoglio contra las "ideologías revanchistas"

Como ocurre todos los años el primer domingo de octubre, una multitud de jóvenes colmó la basílica de Luján y su amplia explanada, en la trigésima peregrinación que culminó ayer luego de la misa que ofició el arzobispo de Buenos Aires, cardenal Jorge Bergoglio. El purpurado pidió a la Virgen «que nos defienda de quienes quieren dividirnos», porque «queremos ser familia» y, disparó sobre el gobierno al decir que, «no necesitamos de ninguna ideología revanchista que pretenda redimirnos».

Tan habituado a sus definiciones alambicadas, el primado de la Argentina produjo algunas frases, de las cuales la «ideología revanchista que pretenda redimirnos», es la que mejor se adecua a los controvertidos gestos del actual gobierno de Néstor Kirchner. La relación gobierno-Iglesia sigue tensa al no haber sido resueltos algunos temas. Por ejemplo, el insatisfecho reclamo de la Conferencia Episcopal, por los aumentos salariales al sector docente privado, en su mayor parte de dependencia religiosa, que siguen sin tener asistencia estatal. Y es un tema que provoca fricciones en el frente interno de la Iglesia y en particular a Bergoglio, que es quien hace de nexo con el gobierno.

El cardenal primado presidió la peregrinación, que este año se realizó bajo el lema «Madre ayúdanos. Queremos ser un solo pueblo». Afirmó ante la Virgen de Luján -patrona de la Argentina-, que «no queremos pelearnos entre nosotros». Precisó que «hace 30 años la juventud peregrinaba hasta aquí pidiendo por la Patria. Hoy -afirmó- nos une ese mismo sentimiento: querer ser un solo pueblo».

• Historias de vida

Decenas de miles de jóvenes participaron de la peregrinación que se inició el sábado, cuando partió del templo de San Cayetano, en el barrio de Liniers, y fue cubriendo todo el camino, unos 60 kilómetros, hasta Luján. El viernes por la noche ya había pequeños grupos que se habían puesto a marchar por la avenida Rivadavia (Ruta Nacional 7) en dirección a la basílica de la virgen milagrosa.

Durante la homilía, Bergoglio habló de las «cosas que se comparten» en ese templo, al que se refirió como «la casa de nuestra familia, la casa de nuestro pueblo» y adonde «a muchos, desde chicos, nos trajeron para recibir el bautismo» o para conocer la imagen de la Virgen. «Hay muchas historias de vidas que aquí se han reconstruido. Nuestro pueblo -indicó- hunde sus raíces en un anhelo de fraternidad y deseo de familia.»

«Hoy venimos a decirle a la madre que queremos ser un solo pueblo; que no queremos pelearnos entre nosotros; que nos defienda de los que quieren dividirnos. Que queremos ser familia y que para eso
-expuso- no necesitamos de ninguna ideología revanchista que pretenda redimirnos.»

Ese amor «es la bendición que nos llena y hace que nosotros también carguemos con tantos hermanos nuestros que -advirtió-, a la vuelta de esta visita, seguramente tendremos que levantar». «Que nada nos separe de todo esto que tanto creemos. Que nadie venga a engañarnos ni a dividirnos. Estas son las grandezas de Dios, así El las ha querido», instó el arzobispo.

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