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13 de diciembre 2006 - 00:00

Edecán que fue de Perón mereció apenas un cantero

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Un cantero de la Ciudad de Buenos Aires lleva desde ayer el nombre de Bernardo Alberte, quien, siendo mayor del Ejército, acompañó al general Juan José Valle en el alzamiento del 9 de junio de 1956 y fue delegado de Juan D. Perón en la segunda mitad de la década del 60, y murió el 24 de marzo de 1976, víctima de un procedimiento desarrollado en su domicilio por un grupo de tareas castrense que intentaba detenerlo.

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Curioso destino el de este militar muerto, cuando otras glorias del oficialismo reciben reconocimientos más relevantes en el escalafón de la memoria.

Alberte será, además, ascendido post mortem a coronel, de acuerdo con un pedido dirigido al Senado de la Nación, firmado el pasado lunes por Néstor Kirchner.

Había sido edecán de Perón cuando éste era presidente de la República y fue de los primeros en sumarse al movimiento encabezado por el general Valle contra la llamada Revolución Libertadora, en 1956. Sofocada esa intentona y consumados los fusilamientos de muchos de sus protagonistas, entre ellos el jefe, Alberte se refugió en la Embajada de Haití junto con otros complotados, entre los que se encontraba el general Raúl Tanco, segundo de Valle.

En ese lugar fue uno de los protagonistas de un intento de secuestro llevado a cabo por militares y «comandos civiles» que estuvieron a punto de terminar con la vida de los asilados, a quienes salvó la esposa del embajador y el paso providencial de un colectivo cuyos pasajeros hubieran resultado testigos demasiado comprometedores.

Lo paradójico del caso, recordaban otros sobrevivientes del hecho, es que Alberte, uno de los oficiales más jóvenes refugiados en la embajada, solía apelar al humor negro, alertando falsamente: «Vienen los comandos», mientras alguno de sus camaradas mataba las horas jugando a las cartas. Alerta que no alcanzó a impartir, el día en que se produjo el asalto a la embajada.

Producido el golpe de Estado que llevó a la presidencia a Juan Carlos Onganía, Perón lo hizo su delegado personal, posiblemente considerando que por tratarse de un ex militar, de orientación católico-nacionalista, podría ser un buen interlocutor de los jefes de la «Revolución Argentina».

Tal vez Perón no tuvo en cuenta los cambios ideológicos de su delegado, que tras rodearse de antiguos militantes de la Alianza Libertadora Nacionalista, se fue alejando de éstos para acercarse a los grupos guerrilleros del peronismo, especialmente a Montoneros.

Así fue que Perón lo reemplazó por Jorge Daniel Paladino, a quien, a su vez, sucedió Héctor Cámpora. Cuando accedió por tercera vez a la presidencia, Perón reincorporó a Alberte a las filas del Ejército y lo ascendió a teniente coronel.

El cantero está ubicado en la esquina de las avenidas Rabanal y Lafuente, en el barrio de Villa Soldati. La ceremonia de imposición del nombre de Alberte a ese cantero se realizó de acuerdo con lo dispuesto por la Ley 1.114, dictada por la Legislatura de la Ciudad.

A ese acto asistieron, entre otros, el jefe del Ejército, general Roberto Bendini; el secretario de Derechos Humanos, Eduardo Luis Duhalde; el dirigente Dante Gullo; el militar retirado Jaime Cesio, y militantes políticos.

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