EE.UU. quiere que Nueva York sea la más segura del mundo
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Con el escaneado de los rostros de una multitud y su comparación con los almacenados en una base de datos de criminales y terroristas, es posible alertar rápidamente a las fuerzas del orden de cualquier actividad sospechosa.
Según Colatosti, el sistema desarrollado por su sociedad es confiable en 99,78%.
Joseph Atick, dirigente de la sociedad Visionics (Nueva Jersey, nordeste), sostuvo que esta tecnología fue utilizada con éxito en el aeropuerto de Reykjavik, en Islandia, y logró una disminución drástica de la criminalidad en el barrio londinense de Newham, donde hay 300 cámaras instaladas.
Attik consideró que, además de los sistemas pasivos de reconocimiento de rostros, los aeropuertos deberían utilizar mecanismos de reconocimiento de líneas de la mano, de huellas digitales o de iris, para asegurarse que las personas no autorizadas no puedan acceder a los aviones. Eso eliminaría el problema de las identificaciones robadas o perdidas.
«Su rostro es su identificación», explicó Attick, y añadió que, media hora después de los atentados, recibió «numerosos llamados telefónicos de organizaciones especializadas en asuntos de seguridad», interesadas en sus sistemas.
Según Richard Norton, director ejecutivo de la asociación internacional de la industria biométrica, sería «irresponsable especular sobre lo que podría haberse hecho» para impedir los ataques del martes, pero estas nuevas tecnologías podrían «ciertamente ser un elemento de la ecuación para reducir las amenazas».
Unas cincuenta sociedades estadounidenses trabajan en este sector y han desarrollado sistemas «sólidos y que funcionan».
Pero los defensores de las libertades individuales advierten contra cualquier precipitación.
Expertos antiterroristas y de seguridad sugieren la instalación de al menos cien cámaras en Times Square. No serían cámaras normales, sino sofisticados mecanismos integrados a un programa de detección biométrica de los rostros de todos los peatones. Comparando los datos con las fotos de los archivos policiales se podría identificar a potenciales terroristas.
Grand Central, el eje de distribución del transporte urbano y suburbano neoyorquino, disminuirá sensiblemente el número de entradas, instalará detectores pasivos de metales y sistemas de absorción de metralla ante potenciales suicidas inmolándose con bombas. Sobre la estación se eleva el gigantesco hotel de una cadena internacional que alberga a un millar de persona.
Estados Unidos parece ahora dispuesto a todo para evitar que otro «martes negro» se repita cuando se pensaba que estaba suficientemente protegido por sus fuerzas armadas y sus servicios de inteligencia.



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