10 de octubre 2005 - 00:00

¿El cristinismo imita al chachismo?

El semanario «Edición i» advierte de la conformación, en el seno del gobierno, de un bloque encabezado por la senadora Cristina Fernández de Kirchner para desplazar -luego de las elecciones- a Roberto Lavagna de Economía o, en todo caso, para imponerle un plan económico. Consideran, desde ese sector, que la «etapa Lavagna» está agotada y que para potenciar la reelección del Presidente o la postulación de la primera dama en 2007, es necesario modificar el rumbo económico dando impulso a un esquema de línea más populista. Ese espacio, que define la revista como «cristinismo», buscaría recrear lo que fue el Frepaso de Chacho Alvarez. Kirchner no resulta ajeno a esos movimientos: alentaría el cisma contra Lavagna pero no lo encabeza para no confrontar personalmente con el titular de Hacienda. A continuación los párrafos salientes del informe:

Dentro del gobierno crece una fuerza que intenta definir la agenda «del día después» de los comicios y el personaje público de ese grupo de poder es la esposa del Presidente. Por eso se habla de «cristinismo».

Ella intenta recuperar la coalición de centroizquierda que lideró Carlos Alvarez en los mejores días del Frepaso, de alguna manera impedir la expansión poselectoral del ARI, de Elisa Carrió, y los socialistas que ganarán Santa Fe. El « cristinismo» es la operación más compleja que han emprendido los Kirchner. Ocurre que la ambición lleva a ese « movimiento» más allá, a intentar reescribir la agenda de la noche del domingo 23.

El «kirchnerismo no justicialista», que ingresó al gobierno durante el convite a la transversalidad, estrechó filas con Néstor Kirchner en su cuestionamiento al FMI, y ahora, detrás de Cristina de Kirchner, embiste contra Roberto Lavagna, exigiendo el «cambio del modelo».

El Presidente ha promovido el «cristinismo», como le llaman ya en la Administración, porque le permite presionar a Lavagna sin involucrarse personalmenteministro. en un choque con su Kirchner no está pensando aún en el desplazamiento de Lavagna sino en condicionar su participación en la «segunda etapa del primer gobierno». Pero el éxito del «cristinismo» será el ocaso de Lavagna, y también viceversa.

El eje financiero de la propuesta de Kirchner es la utilización de la reserva de libre disponibilidad del Banco Central para fomentar obras públicas, previo cambio de la Carta Orgánica de la autoridad monetaria.

Se reforzarán los controles de precios a nivel mayorista, ya que la tasa de inflación ascendente estimula una puja distributiva que haría riesgosa la reelección de Kirchner, o la elección de Cristina como Presidente, que son las dos especulaciones que desliza el «kirchnerismo» a la sociedad.

Desde José Nun a Dante Dovena, Carlos Kunkel, e inclusive Felisa Micelli, nueva incorporación del sector, todos lectores atentos de Horacio Verbitsky y simpatizantes de los conceptos liminares de los trabajos del Grupo Fénix (los economistas «neokeynesianos» aglutinados en la UBA), afirman que es peligrosa esta concentración de la riqueza para el proyecto de Kirchner.

El «cristinismo» se queja que Lavagna no ha logrado que la economía «derrame» su bonanza hacia los más pobres.

Los Kirchner comprenden el peligro de que una amplia coalición de intereses se consolide en su contra para el año 2007, y recurre a la «nueva» política económica en diseño como un mecanismo rupturista de la masa de críticos. También cree que le permitirá consolidar su relación positiva con el electorado.

El «cristinismo» tomó impulso ya hace varias semanas cuando Horacio Verbitsky escribió en el diario «Página/12» -el vocero de «la tendencia»-, que un informe preliminar del Banco Mundial sobre la desigualdad en la distribución del ingreso por argentino, afirmó que en 2002 fue 0,518, en 2004 fue 0,494 pero en 1974 era 0,364 (en el Gran Buenos Aires).

Se necesitarán al menos 5 años más a partir de ahora. Demasiado tiempo para Kirchner.

La causa por la cual la situación social tiene una recuperación mucho más lenta que la actividad es, según el «cristinismo», la elevada desigualdad en la distribución del ingreso.

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