26 de marzo 2004 - 00:00

El después del esmazazo

El después del esmazazo
Sobre 16 gobernadores justicialistas, 15 quedaron lastimados y sólo uno a favor (obviamente, el de Santa Cruz). De los 15, cinco más que ofuscados, que representan 75% del país por sus territorios. El neuquino tampoco es partidario de estos usos selectivos de «la memoria». Uno de izquierda que se atrevió a convalidar, el capitalino Aníbal Ibarra, salió también lastimado por los silbidos en su contra. Tampoco, que se sepa, acompañan los otros 6 gobernadores radicales, no tomados en cuenta -ni para la ESMA ni para nada-. El partido radical y un Raúl Alfonsín justamente indignados por quien desconoció la más justificada y desapasionada revisión de los excesos del Estado en los '70 al juzgar a las juntas militares responsables. Centenares de familiares de asesinados por los subversivos que, ante el empinamiento de sus adversarios de antes, reabrieron sus cicatrices por el trato dispar en que sus muertos no cuentan. Tres militares de alta graduación pasando a retiro voluntario, sin haber tenido nada que ver con aquella represión de los '70. Las familias y los vinculados a las Fuerzas Armadas en territorios que ayudaron a poblar -no menos de 800.000 personas-, inevitablemente llevados en contra por esta reivindicación parcial y exagerada que hasta humilló a uniformados. La prensa adicta quedando más execrada por la incondicionalidad al gobierno en las crónicas -algunas grotescas-y, a su vez, el mayor empinamiento del poco periodismo realmente independiente ante estos actos con odios psicóticos. Hasta columnistas pro gobierno esta vez tuvieron que caer en la crítica ante tanto despropósito. Ideologizados preferidos del gobierno, como el increíble Horacio Verbitsky, amenazando a gobernadores elegidos constitucionalmente con que «lo lamentarán» por no haber concurrido a hacerse silbar o agredir en ese acto rencoroso y parcial. Población moderada del país que ve cómo las tarifas forzadamente quietas le costarán casi seguramente falta de luz y gas, mientras se la cirquea con el setentismo. Gente que cada vez presta más atención, tras las exaltaciones y el sectarismo del miércoles, a quienes hablan de un gobierno desorbitado y de adolescentes.

¿Vale para el gobierno tanto costo por hacer lo que hizo con la ex ESMA en este miércoles olvidable? ¿Imagina el Presidente que su tendencia a engendrar rencores gusta a los argentinos? Sumó 20.000 personas de izquierda y ultraizquierda en la ESMA, aun con los ómnibus de los beneficiarios de «planes Jefas y Jefes» que aceptan ser llevados a todo acto. Cincuenta mil en Plaza de Mayo, donde se sumó la otra izquierda y más gente de «planes Jefas y Jefes», para la cual ir a la ESMA le parecía excesivo. El gobierno viene de apenas 8.000 personas frente al Congreso cuando dio su discurso Néstor Kirchner y de 6.000 en Parque Norte, usando todos los aparatos y beneficiarios de planes. En Santa Cruz, con 200.000 habitantes, puede que esas cifras de gente sean una gran cosecha política. Sólo en Santa Cruz. Cambió por una Hebe de Bonafini, sin representatividad más allá de su persona y su rencor, a gobernadores y otros sectores que se distancian. Inclusive no lo acompañan ni siquiera los piqueteros maoístas agredidos por el oficialismo de la Bonafini. La puso por encima de Estela de Carlotto, de las Abuelas de Plaza de Mayo, una reclamante de justicia dentro de los códigos. Como los tiene la línea Fundadora de las Madres de Plaza de Mayo desde antes de que la Bonafini aplaudiera el terrorismo de la ETA y las 3.000 muertes de las Torres Gemelas.

Salió afectado el gobierno el miércoles, no hay duda. Aunque en la incomprensible soberbia de esta época no le interesa. Da la impresión de que nada ni nadie le importa mucho a la Casa Rosada, así sean casi todos los gobernadores del Partido Justicialista y los dos partidos más tradicionales de la Argentina.

«¿Por qué la Historia, tan llena de matices siempre, debe tener ahora un solo color, definido a golpe de intemperancia por una única verdad?», escribió ayer en «La Nación» el columnista Joaquín Morales Solá en una de las frases de reproche más resumidas y contundentes sobre lo ocurrido en la ex ESMA el miércoles.

• Representatividad escasa

También reprochó con justicia a la Armada haber tenido 20 años para resolver el tema del tétrico edificio de la ESMA sin haberlo hecho. Aun cuando no era previsible que con 25% de los votos, sin definir ideas a votar y ahogando internas partidarias, se podría, en pleno siglo XXI, llegar a presidir un país, esta alternativa debió ser meditada como posible en una Argentina tradicionalmente casquivana. En una elección donde, además, no votaron 6 millones de ciudadanos, lo que resta más representatividad para encarar estos actos reivindicatorios parciales, casi personales.

Lo que dijo el gobernador cordobés, José Manuel de la Sota, trascendió ayer con asentimiento a varias provincias: «Algunos integrantes de organismos de derechos humanos promueven el resentimiento que lleva al fascismo».

En Córdoba, De la Sota señaló: «Ninguno de nosotros tiene que rendir examen en materia de derechos humanos porque sufrimos en carne propia tanto o más que cualquier otro militante de sectores populares de la Argentina. Algunas personas no tienen derecho a abusar de la política presidencial de verdad y justicia y utilizar actos de este tipo para profundizar divisiones entre argentinos».

El mandatario cordobés aseguró además que «el odio y el resentimiento no son un buen camino para encontrar el 'nunca más'», y que «tiene que haber verdad, justicia, arrepentimiento de todos, y no reivindicación irresponsable del uso de la violencia detrás de cualquier idea». «Hemos sido discriminados injustamente como peronistas y no lo merecemos», denunció.

La relación entre el oficialismo y la UCR siguió ayer tirante, tras la polémica que desató Kirchner por haber omitido en su discurso frente a la puerta de la ESMA la acción de Alfonsín por los derechos humanos, en especial el juicio a las juntas de comandantes.

En la víspera, continuaron las repercusiones y la polémica por este hecho y por el llamado telefónico que, anteanoche, hizo el Presidente al radical para disculparse. «Sé que está enojado, doctor Alfonsín», comenzó ese diálogo Kirchner. «Estoy dolido más que enojado», replicó su interlocutor. «Nunca me olvidé del juicio a las juntas», prosiguió el santacruceño, antes de invitarlo a tomar un café. «Muy bien», lo despidió el cacique de Chascomús, sin demasiada cordialidad ni cortesía.

Ayer, Angel Rozas calificó de «buen gesto, pero insuficiente» el llamado que el Presidente le hizo al ex jefe de Estado. «Creo que es insuficiente lo del presidente Kirchner, quien debería hacer una rectificación, la cual lo dejaría muy bien parado frente a los argentinos», aseveró el responsable del comité nacional.

El dirigente radical y ex gobernador del Chaco sostuvo que «lo que le interesa a la UCR es que la opinión pública conozca la verdad respecto de lo que el radicalismo hizo durante el gobierno de Alfonsín en el tema de los derechos humanos».

En este marco recordó que durante la gestión alfonsinista «no sólo se llevó a cabo el juicio a las juntas militares y se creó la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas (Conadep), sino que la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, con sede en Washington, nombró a Alfonsín 'personalidad del año' por su defensa en esa materia en la Argentina». «Lo bueno habría sido que, cuando salía en cadena para todo el país, Kirchner hubiese reconocido esto», concluyó Rozas.

• Mandoble

Aníbal Fernández, por el lado del Poder Ejecutivo, desmintió que el discurso pronunciado por Kirchner, en el que pidió perdón «en nombre del Estado por haber callado durante 20 años de democracia tantas atrocidades», haya sido una «agresión o castigo» al radical.

«Nadie le puede negar a Alfonsín el esfuerzo por la consolidación de la democracia en el término del juicio a las juntas», afirmó el ministro del Interior. Hacia el final de sus declaraciones desandó el camino de la concordia y terminó arrojando un mandoble sobre el alfonsinismo al subrayar las consecuencias que tuvieron las leyes de Punto Final y Obediencia Debida -votadas a instancias del ex presidente Alfonsín-y los indultos, que -afirmó- «tiraron por la borda lo que la Conadep hizo, que fue un esfuerzo muy grande y pudo detectar muchas atrocidades».

Horacio Verbitsky aprovechó ayer, en su columna de «Página/12», para profundizar la brecha que se abrió entre Kirchner y los gobernadores del PJ, a los que el periodista casi insultó cuando les espetó que ninguno podía ni «salir a la calle por el repudio social».

No se puede pensar en serio en política afirmando que la única consecuencia que puede traer una ruptura del peronismo en este momento es un aislamiento de, por ejemplo, Felipe Solá, De la Sota o Jorge Obeid.

Kirchner no se conformó con mantener silencio cuando Bonafini vetó la presencia de los gobernadores. Insistió con llamar «corporación» al grupo de mandatarios, como lo hizo con los diputados y senadores en su momento, a los que se niega a recibir en la Casa Rosada.

Por medios oficiales, Miguel Bonasso llamó «fascista» a todo el que quiere «Historia sin colores». A su vez, el mismo Verbitsky, en la cúspide de la intemperancia, desafió desde su nada al gobernador de una provincia que es 40% del país y dijo de Solá que quiere ser «hiperkirchnerista», cuando lo ensalzaron como socio privilegiado en la provincia de Buenos Aires en los intentos por limitar a Eduardo Duhalde.

Peor es denunciar lo de «campos de concentración que tienen poco que envidiarle a la ESMA y promover a altas responsabilidades a notorios torturadores» en territorio bonaerense, cuando el problema allí es la inseguridad que paraliza la vida de muchos barrios.

No le hace ningún favor Verbitsky a Kirchner al acelerar una crisis entre el gobierno nacional y los gobernadores de su propio partido potenciando lo grave que el Presidente dijo de ellos en su discurso. Dicen -en otros medios- que Kirchner expresó: «Yo no vi que ninguno de los que ahora se quejan haya sacado una solicitada cuando Menem firmó los indultos o cuando se sancionaron las leyes de Obediencia Debida y Punto Final». Lo haya dicho o no, es cierto: ningún gobernador lo hizo. Pero sólo en la mente sectorizada y con pesadumbres particulares todo eso está mal. ¿Lo estará también la sociedad argentina? ¿Todos o una absoluta minoría quiere revivir los '70?

El después, el día después del olvidable acto en la ESMA, dejó desconcierto sobre el gobierno. Puede sospecharse que Néstor Kirchner necesita, como alimento espiritual, el enfrentamiento de quienes puedan ser figuras no sometidas totalmente a sus designios, sean gobernadores, políticos, periodistas, empresarios. Alarmante.

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