30 de octubre 2002 - 00:00

¿El duhaldismo sin postulante?

Por un rato, José Manuel de la Sota recuperó ayer un rango que le cuesta cada vez más conservar: el de candidato oficial del gobierno. Lo reestrenó en un almuerzo en el Hotel Amerian, en el corazón de la City porteña, cuyo propietario es un empresario cordobés.

Igual, su condición de candidato «natural» es aún frágil. El cordobés no obtuvo respuestas sólidas a su demanda de que Eduardo Duhalde designe a su esposa Chiche como vice de la fórmula y, además, contribuya con recursos para subsidiar la campaña presidencial.

Ayer, el Presidente le acercó por lo menos adhesiones personales; asistieron al almuerzo duhaldistas eminentes como José María Díaz Bancalari, Graciela Giannettasio y Osvaldo Mércuri.

Los reclamos de De la Sota a Duhalde siguen pendientes; el Presidente no responde al pedido de poner a Chiche González en la fórmula, y el dinero para campaña, argumentan en Olivos, se gastó en los avisos de Duda Mendonça para la TV.

Duhalde
al final terminó motivado por una conveniencia mutua: ambos combaten a Carlos Menem y el Congreso de ayer fue funcional, según la óptica compartida, a esa estrategia.

En el almuerzo el cordobés juntó a cien dirigentes -que no tuvieron que pagar porque invitó el candidato-para mostrarse hacia dentro del anti-menemismo como jerarca de un puñado de congresales (unos 100) que participaron de la cumbre de la tarde.

Ocupó la mesa principal con los bonaerenses Díaz Bancalari, Giannettasio -candidata muletto a vice ante la negativa de Chiche-, Néstor Juzwa y Mércuri, el chaqueño Jorge Capitanich, y el cordobés Carlos Alessandri, el peronista disidente Jorge Yoma, la también disidente Irma Roy.

En definitiva, la nómina de soldados que juntó ayer es la misma que, por simpatía o descarte, asiste al mediterráneo en su aventura presidencial.

En medio de la picada,
De la Sota pidió la palabra y planteó su versión de la contraofensiva contra Menem. De un tirón, detalló las opciones que bosquejó para salir de la arrinconada judicial.

Actuó, como vocero oficioso del duhaldismo, porque repitió con algún retoque, las variables que, ordenados por
Jorge Landau, diseñaron los hombres del Presidente para enfrentar la tacha que interpuso la jueza María Servini de Cubría cuando anuló la convocatoria de Parque Norte. Sobraron en la mesa castigos a la magistrada y una amenaza del candidato de competir por afuera.

Sobre lo primero, planteó el cordobés seguir hasta la última instancia judicial, pero dijo que sería demasiado engorroso y, encima inútil ya que
Servini de Cubría se «mete demasiado en la inter-na» y, además, es «funcional al menemismo».

En esa sobremesa,
Alessandri bromeó en tono casi infantil: «La 'Chuchi' (por Servini) trabaja para que la 'Chechu' (por Cecilia Bolocco) no se ponga triste porque Menem tiene chucho». Risas y codazos adolescentes entre los comensales luego de la ocurrencia cordobesa.

Respecto al formato de candidato extra PJ también fracasó. Esa alternativa la propugna un sector del duhaldismo feroz a quien sus propios compañeros bautizaron de
«vehemente».

En voz alta, De la Sota la compró: «Si no hay reglas claras, yo voy por afuera», advirtió, pero lo pararon en seco. «No, Gallego. Hay que jugar. Vamos a evitar que haya encono y acompañar al que gane. Que no pase como en el '99, cuando no peleamos y Menem terminó trabajando contra Duhalde», le dijeron, sumando cada cual su retazo, Mércuri y Juzwa.

A la hora del café, apasionados de la sumatoria, los duhaldistas contaban, con datos que emitía
Hugo Curto desde la Casa de Formosa, donde estaban reunidos los gobernadores, la cantidad de congresales garantizados.

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