El Fondo y los EE.UU. cumplieron. Nuestros políticos, ¿cumplirán?
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Una propuesta así -casi imposible de pensar, casi lírica, en una Argentina con tan baja y ambiciosa clase política- permitiría que si se trata de senadores en la provincia de Buenos Aires fueran en «lista única» Raúl Alfonsín, Eduardo Duhalde y un tercero que debería ser justicialista porque el PJ ganó y gobierna esa provincia. Pero por la Capital Federal irían uno del Frepaso, otro de la UCR y un justicialista por la minoría. Así sucesivamente en los distritos.
Un puntapié directo a los políticos, sindicalistas y gobernadores que hacen declaraciones fáciles contra las medidas de austeridad y déficit cero como si ellos, al estar eventualmente en una situación similar de mando nacional, pudieran hacer otra cosa (digamos algo lógico aunque doloroso, no una payasada que los haga durar apenas 10 días en el cargo, luego huir y abandonar para que otro venga a arreglar el desaguisado).
Pero aunque muchos no lo entiendan todavía estamos en una crisis terminal que no permite, para alivio de esos demagogos que seguirán hablando y viviendo de la política, ni la pérdida de un solo día. El Fondo nos dio otra ayuda de la que los Moyano, Storani, Alfonsín, sindicalistas, etc., dirán luego que «no hay que pagar, pero sí tomar». Los elementales creen que «ya estamos salvados una vez más». Ni siquiera se dan cuenta de que George Bush, Paul O'Neill, Estados Unidos, el Fondo Monetario, los países europeos, nos demoraron tanto la concesión de esa ayuda que, en definitiva, salió como estaba planteada al principio, pero para que todo el mundo tomara conciencia de que no se le niega una nueva oportunidad de salvación a la Argentina. Se le conceden generosamente ahora u$s 5.000 millones y 3.000 millones en marzo y es muchísimo para que seamos artífices de nuestra propia recuperación a partir del déficit cero o para que nos hundamos definitivamente por años -en realidad décadas-si caemos en cesación de pagos.
Dicho en otras palabras: melonearon, hasta con exceso, con la ayuda para que se tome conciencia internacional y sobre todo la tomen los mandatarios latinoamericanos como Lagos de Chile, Pastrana de Colombia y Cardoso de Brasil -que le habían hecho un pedido expreso sobre la necesidad argentina a George Bush-de que si los argentinos se devoran este nuevo aporte, como hicieron con el blindaje o el megacanje ya no será un problema reprochable a la insensibilidad de los norteamericanos ni del Fondo Monetario Internacional sino sólo y exclusivamente de los argentinos si queremos seguir alegremente gastando desde el Estado más de lo que recauda el fisco.
asi nos van a usar como experiencia de política financiera internacional para países emergentes: se otorga triple ayuda (blindaje, megacanje de vencimientos a futuro y aporte para reservas). Si internamente los políticos no son capaces de sumar su control y austeridad el problema -o sea el default-ya no será del mundo sino de esos políticos.
No es un concepto fácil de hacérselo entender a nuestros políticos, sindicalistas y piqueteros. Aunque lo entiendan siempre queda la chance egoísta de desconocerlo para que se aplique a otros (provincias, gobernadores, sectores sociales). Después de 50 años de artilugios para ir zafando año a año tampoco es fácil hacérselo entender a la gente. Deberemos tener déficit cero desde el Estado, caiga quien caiga. ¿Lo entenderemos? Ciudadanos como los de PLUS, que no quieren elecciones carnívoras desde aquí al 14 de octubre y proponen que, por primera vez en la historia, sean sólo formales para cumplir pero constructivas vía «listas únicas», lo entendieron. Pero nuestros hombres públicos y hasta parte del periodismo no parece fácil que lo entiendan.
En la noche del martes, al conocerse el nuevo apoyo del Fondo, el propio presidente De la Rúa salió a hablar con un tono triunfalista totalmente injustificado y hasta errando el enfoque. Dio a entender que con este acuerdo el país ya salía de sus angustias y comenzaba alegremente su recuperación económica. Ni por asomo pasó por la cabeza del Presidente decir la verdad: nos han dado la última oportunidad antes de que nos hundamos -ya sin culpa de nadie desde el plano internacional-o nos encaminemos definitivamente hacia una Argentina en crecimiento.
Se trata -nada menos-de cambiar 50 años o algo más de hacer mal y demagógicamente la política. Se trata de combatir el sindicalismo enriquecido y depredador del erario por afiliaciones compulsivas. Se trata de terminar con la rigidez de un sistema legal laboral que condena al desocupado por privilegiar con estabilidades antinatura -por caso, en el sector público-al que logra un ingreso. Se trata de terminar con que los políticos, con nombramientos de personal en los sectores estatales, provinciales y municipales, hagan con ello y a costo del Estado el sustento de la continuidad de sus bancas porque hacen aumentar el déficit y desalientan la constitución de una administración pública bien formada técnicamente, responsable y reducida. Se trata de que jamás pueda volver a suceder que una gestión de gobernante, como ocurrió en la provincia de Buenos Aires, sume por demagogias un déficit sólo provincial de 1.600 millones de dólares. Se trata de que no se aplique más el robo más grande, con impunidad judicial absoluta -porque está disimulado como «fallida gestión empresaria»- por el cual se dan desde los bancos oficiales, hasta destruirlos, créditos de hasta 100 millones a insolventes que simple-mente son amigos del político con mando. Se trata de que las provincias no se esfuercen nada más que por extraer fondos de las rentas generales de la Nación. Se trata de que el gremio docente público se reduzca en número para poder cobrar con normalidad y más. Se trata de no dejar que nadie le robe y se enriquezca con el Estado. Se trata de que algún día los impuestos puedan bajar, por menor demanda general de fondos desde el Estado, para que pueda reactivarse vigorosamente el país. Se trata de no sacrificar a los trabajadores del sector privado jaqueados por los desmanes de empleados del sector público porque éste goza de estabilidad asegurada por accionar político. Se trata de que no haya privilegios laborales ni «estatutos especiales». Se trata de que políticos como Alfonsín entre los encaminados al anquilosamiento o «Juampi» Cafiero entre los jóvenes-viejos entiendan que no es sólo de ellos, aunque se llenen la boca, la preocupación por los jubilados, los hogares pobres, los niños desamparados, los ciudadanos sin trabajo, el cuidado de la salud pública. Que entiendan que es una preocupación si no de todos, porque mezquinos siempre hay, sí de la inmensa mayoría y sobre todo de quienes no malgastan su tiempo en lamentar lo obvio sino en tratar de remediarlo. La dirigencia política puede llegar por responsabilidad al acuerdo indispensable que requiere una crisis de estas dimensiones. Pero si no lo hiciera y se entregara a una competencia alocada y oportunista, se puede recurrir al instrumento del plebiscito: sería la gente, entonces, la que obligaría a los políticos a hacerse cargo de una crisis que por sí mismos no advierten.
Si el presidente de la Nación toma este nuevo apoyo monetario, le suma triunfalismo -faltarían los avisos callejeros con que festejaron el efímero megacanje hace unos meses-y no es capaz de comenzar a transmitir la idea del esfuerzo serio que viene de ahora en más para no caer por décadas en el desastre, estamos decididamente mal.
Comprender es comenzar a encarar las soluciones de fondo.




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